La Patrulla Beta

Dedicado a historias de rol de cualquier tipo.

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Logan
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Mensajepor Logan » 20 Feb 2008, 09:34

CAPíƒ?TULO 1. í¢€Å“ENTRAR Y SALIRí¢€?


-Bueno, ha costado pero por fin lo conseguí­- me dije a mí­ mismo muy confiado, algo alegre incluso. Después de casi un año desde mi ascenso, la que supuestamente era MI patrulla estaba reunida, al completo.
Un buen grupo de hombres, eso desde luego. Por eso les llamaban cada dos por tres para misiones especiales.
Dubov Feromonov, nuestro especialista en cuerpo a cuerpo. Normalmente alguien con su fí­sico y su historial en las cantinas no entrarí­a en la División, pero hací­a tiempo que sabí­amos lo que se ocultaba bajo esa apariencia regordeta de buena persona.
Ondin Almasy el chico para todo. Lo mismo hackeaba un terminal que reparaba un motor o disparaba con la carabina.
Elrick, así­ sin más. Elrick. Sabí­a poco y querí­a saber menos; algo tiene que ver con... asuntos clasificados, pero como ya he dicho, no querí­a preguntar. Lo que me importaba era su mente despierta en combate y su habilidad con la pistola
Y yo claro, Didio Logan, í¢€Å“sargentoí¢€? para mis chicos.

-Bien, los Espectros juntos de nuevo. No sabí­a que el nombre nos irí­a tan bien cuando lo elegí­- Sonrieron; llevábamos tiempo sin compartir una misión juntos, tení­amos ganas de ponernos a ello.

Encendí­ el panel para empezar la planificación, entonces lo apagué rápidamente, alguien entró en la sala.
-Con permiso señor- genial pide permiso y ya ha entrado, este es un recluta. -Soy el soldado Iyanden. Me han asignado a su unidad- me entregó el disco con sus datos. ¿Un novato, en esta misión tan importante? El Capitán Mordon a veces me confundí­a, bueno, él sabrí­a.
-Siéntese soldado, empezamos con el rollo-.

Apareció en la pantalla una imagen de una base rebelde, la habitual. Muros reforzados, generadores y barracones. Pero no se trataba sólo de destruirla, eso no nos lo encargarí­an a nosotros.
-Tenemos que cogerlo vivo- dije señalando a la foto de un capitán rebelde. -El mando ha averiguado que es un agente de operaciones encubiertas, con muy buenos contactos con la red Bothan. Le pondremos un lacito y se lo entregaremos a los inquisidores, entero y pudiendo hablar-.
Les mire uno a uno, esperando a que asintieran, tení­a que asegurarme que quedaba claro. Si morí­a durante el combate Byor, nuestro general, me enviarí­a un mes al destacamento de Lok. Continué.
í¢€â€œEl transporte nos dejará en el espacio-puerto de Rori, a partir de ahí­ usaremos las swoop- era el procedimiento habitual, pero me gustaba machacarles con esas cosas.
-Los rebeldes no quieren llamar la atención y según inteligencia sólo hay dos escuadras de tropas y un par de especialistas de armas pesadas, les damos para el pelo y nos largamos. Entrar y salir como se suele decir.

Se quedaron callados analizando mentalmente los detalles, era un contraste tremendo con el momento en que nos habí­amos reunido la noche anterior. En la cantina del cuartel tardarí­an en volver a dejarnos entrar. Pero asi eran mis chicos, unos locos redomados con sentido del deber. El nuevo levantó la mano
-¿Señor cuál será mi función?-
Lo tí­pico al llegar a un grupo, querer saber cuál es tu lugar.
-Ya se le dirá, tenéis 15 minutos para estar listos, rompan filas-.

Me dirigí­ a mi cuarto dentro del barracón, yo también tení­a que prepararme. Repasé el equipo, rifle, las granadas y las protecciones, todo en orden. Miré la holo-foto, siempre lo hací­a antes de irme a una misión; ¿cuándo podrí­a volver con ella? Nos separamos hací­a ya más de dos años, cuando me alisté en la División.
-Cada rebelde que mato, me acerca más al final de esta guerra, pero también me aleja más de ti, de la persona que yo era cuando nos separamos-. Salí­.

En el hangar estaban todos listos y en fila, pero relajados. Las tensiones vendrí­an después, claro. Iyanden en cambio estaba nervioso, repasaba constantemente sus armas y miraba a todos los demás; tendrí­a que hacer algo al respecto, no iba a permitir que en el peor momento perdiera el control.

-¡Adentro!- gritó el piloto y allá fuimos, unas 5 horas de viaje nos esperaban.
Se les harí­a corto, casi todos dormirí­an lo que no habí­an dormido por la juerga de la noche anterior.
Yo me coloqué al lado de Iyanden y de Dubov, Elrick ya habí­a apoyado la cabeza en el respaldo y cerrado los ojos.
-Ni si quiera hemos salido- le dijo Ondin con sorna, y él se sonrió, de esa forma tan suya, tan maliciosa, sin ni siquiera abrir los ojos.
Dubov también se durmió cuando salimos de la atmósfera. Ondin jugaba con algún cacharro.

-Bueno cuéntame donde has pegado tiros chico- me miró nervioso.
-Básicamente un par de asaltos a naves señor y alguna redada-. Poca cosa, pensé pero por lo menos no era un pisaverde recién entrenado.
-Bueno esto será un tanto diferente pero lo harás bien, le sonreí­. Después de todo estás con los mejores, ¿qué puede ir mal?-.
Algunas veces me darí­a de cabezazos con las paredes por no cerrar la boca.
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Re: La Patrulla Beta

Mensajepor Logan » 20 Feb 2008, 09:37

CAPíƒ?TULO 2: í¢€Å“Entramos a sacoí¢€?

¿Cómo demonios sabí­an que í­bamos? Ni idea, pero nos estaban esperando.

La cosa estaba planeada de manera simple, son los mejores planes. Ondin pondrí­a una carga de demolición en un parte débil del muro exterior, entrarí­amos como un vendaval, Dubov agarrarí­a al oficial rebelde y saldrí­amos como locos hacia las motos.

Levanté la mano para indicar que pararan, el resto del camino lo harí­amos a pie para no alertarles con el ruido.
-Iyanden de avanzada y Elrick cerrando la marcha,- la formación estándar- y abran bien los ojos, no quiero que nos pille ningún guardia del perí­metro-.
Fuimos a paso ligero y en poco tiempo tení­amos la base a la vista.
-¡A tierra!, tras la cresta de la colina- saqué los prismáticos y encontré el punto para la voladura que habí­amos visto en los hologramas.
í¢€â€œVamos, Ondin prepara la carga-.
Nos acercamos arrastrándonos y las torretas no nos detectaron. Cuando todo estuvo listo, ordené a mis chicos.
í¢€â€œElrick y Dubov en cabeza, Ondin cuida que no nos pillen con el culo al aire y tú Iyanden a mi derecha-
La detonación debió de oí­rse a kilómetros, pero Ondin sabí­a lo que hací­a y la onda expansiva casi no nos afectó en la parte de fuera del muro. Y, tal y como estaba planeado, entramos a saco.

Nuestras caras debí­an ser dignas de verlas. Salidos de compartimentos ocultos en las paredes y en el suelo aparecieron rebeldes como setas. Nos pillaron corriendo ya hacia el edificio de comandancia de la base.

Y mientras todo esto pasa por mi cabeza, un Capitán rebelde, no el que deberí­a ser, se abre paso entre sus soldados.
-Rendí­os y os trataremos dignamente-.
Hasta sonrí­e el muy bastardo. Miro a Dubov y no le veo con cara de rendirse, yo tampoco estoy dispuesto a hacerlo. El resto de la patrulla sabe qué hacer.
-De acuerdo, bajad las armas-.
En ese instante, apenas un segundo, en que la tensión de los rebeldes se relaja, Elrick demuestra sus habilidades y acribilla al Capitán en un pestañeo. Ondin barre las posiciones de los soldados con el fuego automático de su carabina. Corremos como locos, hacia el agujero de la pared disparando a la vez.
Me sorprende ver a Iyanden rodilla en tierra, disparando, aguardando a que los demás estemos ya a la carrera para empezar a correr él.
-¡Vamos maldito loco!-.
Se vuelve corriendo pero un blaster impacta en la protección de su espalda y casi le derriba.
í¢€â€œ¡Tomad cabrones!-
Mi granada cae en medio de sus lí­neas y la mayorí­a se cubren y dejan de disparar.
Apoyo a Iyanden en mi y corro hacia la abertura, Ondin y Elrick ya disparan parapetados en los restos de la voladura. Varios rebeldes que pretendí­an cerrarnos la huí­da están en el suelo. Dubov ya no lleva su espada, esta incrustada en el pecho de un comando rebelde.
Me dirijo a él -lleva a Iyanden. Ondin y Elrick  cubridnos-.

Los rebeldes no tienen el valor suficiente, se quedan a cubierto para evitar los disparos, además han perdido a su mando y están desorientados.
Al llegar a la cresta de la colina me vuelvo í¢€â€œ¡venid cagando leches!-

Este es mi momento, me tumbo, parcialmente cubierto por unas rocas, y agarro firmemente el rifle, ajusto la distancia en la mira.
Parece que los rebeldes han reunido las agallas suficientes y empiezan a asomarse por el trozo destrozado del muro. Al primero que asoma la cabeza se la reviento como un melón. Los demás se lo piensan dos veces antes de volver a aparecer por la abertura.

í¢€â€œDos escuadras, ¡JA!, por lo menos hay un regimiento- dice Ondin al pasar a mi lado
í¢€â€œCoged las motos, ahora voy yo-.
Elrick me mira fijamente, asiente y se lleva a los demás con él.
í¢€â€œEstaremos aquí­ enseguida-.
-Eso espero-.

En pocos minutos llegarán con las motos, sólo tengo que mantener a estos indeseables a raya. Lanzan varias granadas de humo fosforoso para que no pueda apuntar, idiotas. Cambio a mira térmica. Veo a uno que empieza a salir arrastrándose, seguro que el listo de las granadas. El haz de energí­a del T-21 le atraviesa el torso.
Un momento de respiro, mientras se les ocurre otra idea í¢€Å“genialí¢€?.

Miedo, es curioso, hací­a mucho que no lo tení­a. Quizás ya no estoy hecho para esto; o simplemente ahora tengo tiempo de sentirlo, y hace unos momentos no lo tení­a.

Otro rebelde valiente. Otro rebelde muerto.
Ahora sale una escuadra entera por la puerta principal de la base, a mi izquierda. Demasiados para un solo un tirador, pero al Cabo que los manda no le salva nadie.
Bueno, esa torreta que esta girando hacia mi posición puede que si le salve.
Toca correr. Empiezo a hacer zig-zag, oigo el potente sonido de los cañones láser, siento un empujón hacia delante, casi me caigo. Esa ha ido cerca. Tengo unos 5 segundos antes de que recargue la energí­a para otro disparo. Cambio rápidamente de dirección. Espero lo justo y vuelvo a girar. Cae un poco más lejos que la de antes. ¡Cuando demonios saldré de su alcance!

Los soldados de infanterí­a siempre nos han tenido maní­a a los francotiradores. Así­ lo demuestran las lindezas que me sueltan mientras se acercan disparando, pero no tienen punterí­a, o yo tengo mucha suerte.
A lo lejos aparecen tres motos. Dubov lleva a Iyanden y Elrick y Ondin vienen en una moto cada uno. Segundos interminables mientras salgo del alcance de la torreta, que hace su último intento. Demasiado alto. Cae delante de mí­, un poco a la izquierda.
-¡Vamos Sargento, esos tienen la punterí­a en el culo! ¡Puede hacerlo!- buen chico este Iyanden, hasta herido me da ánimos. No puedo decepcionarle, asi que esquivo unos cuantos tiros más de los soldados.

Llego a la altura de la swoop de Elrick, subo de un salto.
-¿Le llevo Sargento?
-Si gracias, me siento en la sección de fumadores si no le importa-.
Salimos de allí­ a toda pasta.
-No creo que se atrevan a seguirnos, en dos horas estaremos en la capital de Rori y allí­ hay puestos imperiales-.
-Ahora mismo lo único que me preocupa es averiguar cómo diablos lo sabí­an-.
Elrick me mira por encima del hombro y, con la cara más seria que le he visto en mi vida, me dice: -Lo averiguaré, eso se lo aseguro Sargento-.

Como ya os he dicho en otra ocasión, con Elrick, mejor no preguntar.
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Re: La Patrulla Beta

Mensajepor Logan » 20 Feb 2008, 09:44

Capí­tulo 3: í¢€Å“Aquí­ un amigoí¢€?

Mordon se dirigí­a al despacho del nuevo General de División, el antiguo responsable máximo de la BdA, él mismo habí­a ocupado su puesto. Ahora era el Brigadier Mordon Phargat.
Pulsó el botón y, tras unos segundos para comprobar su huella digital, la puerta se abrió.

En una mesa atestada de monitores y holodiscos le esperaba Byor Arian.
-Hola Mordon, pasa. ¿Que tenemos hoy?, déjame comprobar un momento... -dijo mientras pulsaba varios terminales- ¡a sí­! El informe del Sargento Logan-.
-Sí­ Señor, en estos momentos se dirige hacia aquí­. Una situación difí­cil, pero ya se han tomado las medidas para no vuelva a suceder-. Si volví­a a suceder algo parecido, él mismo lanzarí­a al espacio al responsable.
-Eso espero, no podemos permitirnos estas filtraciones. Casi perdemos a unos muy buenos elementos-.

Habí­a pasado casi un año desde el incidente de Rori, pero habí­a traí­do muchas repercusiones. La Brigada y casi toda la División se habí­an reorganizado por esa causa.

Mientras tanto yo caminaba por los pasillos del cuartel general, repasando mis notas. Normalmente habrí­a enviado el disco de datos y listo, pero en esta ocasión Mordon habí­a querido que lo presentara frente a Byor. Así­ que tení­a que dejarlo todo claro. Y era una historia larga y difí­cil.
Pulsé el botón y me abrieron desde dentro.

Me dije que comandar la División le tiene a uno muy ocupado, al ver la mesa de Byor. Que cantidad de información debe pasar por aquí­.
-Bien Sargento, comience. Le puedo dedicar media hora como mucho, así­ que sea claro y conciso-.
-Desde luego señor-.

Repasé mis notas he hice memoria, tras volver al cuartel, bastante abatidos y cabreados, dejamos a Iyanden en la enfermerí­a. Les dije a mis chicos que se fueran a descansar. Elrick me miró y dijo:
-Yo tengo que empezar a trabajar en firme, en cambio-.
-Bien, preséntate a... ¿quién?... bueno, a lo tuyo.- saludó y se fue.
Yo me dirigí­ al despacho del Capitán Mordon y casi entro sin llamar.
-Señor, esto no puede quedar así­, tengo un herido y podrí­a haber sido mucho peor-.
-Tranquilo Sargento, en las horas que han pasado desde tu llamada ya se están tomando medidas, ahora vete a descansar y te avisaré con lo que sea.
Y me fui a descansar, el tono del Capitán dejaba claro que en ese momento no habí­a nada que hacer.

Y así­ pasaron 3 meses sin que supiera nada más del tema, los miembros de mi patrulla y yo mismo estuvimos ocupados en múltiples misiones de destrucción e infiltración en Tatooine. Los Tusken tení­as ganas de guerra y los Marshall de Tatooine pidieron refuerzos. Entre la patrulla del Sargento Fernd y mis chicos, dudo que quedara algún morador con ganas de volver a atacar un asentamiento en mucho tiempo.
Después empecé a ver movimientos, ascendieron a Estwalt Drost a Almirante y Byor ocupó su lugar, así­ como Mordon el suyo. En cuanto a Elrick no le habí­a vuelto a ver desde el dí­a de Rori.

Y cuando ya pensaba, tras algunos meses más, que tendrí­a que ir a que Mordon me pegará cuatro gritos por pesado, me llamó a su despacho.
-Sargento, hemos localizado a un informante dentro de la División CI- esperó a ver mi cara. Empecé a cabrearme y seguro que se me notó.
í¢€â€œParece ser que lleva bastante tiempo infiltrado e informando a los rebeldes, pero esperaron hasta su misión para sacar partido de ello-.
-¿Bien, y quien es? Me ocuparé de que Iyanden pase un rato a solas con él antes de su ejecución-.
-No es tan simple; verás Didio- ay, ay, ay; no era nada bueno que usara mi nombre de pila- es bastante listo este bastardo y se ha olido el pastel. En estos momentos se esconde en algún lugar de Naboo, pero inteligencia cree que una nave de carga lo llevará a Coronet en los próximos dí­as-.
¡Coronet! El mayor nido de sabandijas rebeldes de la galaxia. Si lo escondí­an allí­ jamás lo cogerí­amos.
-General, no me haga decirles a mis hombres que se nos ha escapado entre las manos-.
-No será así­, ustedes irán allí­, encubiertos por supuesto, y le estarán esperando cuando llegue-.
Increí­ble, esto tení­a que ser cosa de Mordon, él nunca dejarí­a una traición impune.

Por lo tanto, sin llevar ningún equipo ni seña que nos identificara, fuimos en secciones diferentes de una nave de pasajeros hasta la capital de Corellia. Al llegar, cogimos habitaciones en un hotel y visitamos las chorradas tí­picas de la ciudad. La verdad, nos sentí­amos como auténticos idiotas al segundo dí­a. Al menos tuvimos tiempo de familiarizarnos con las calles.
-Pues que bonitos rascacielos- y luego bajando la voz, Ondin dijo- y que cantidad de asquerosos simpatizantes.
-¿Cuándo sabremos algo Elrick?- Dubov se impacientaba, no era el único.
í¢€â€œEn unas horas recibiré confirmación- le contestó í¢€â€œentonces podremos actuar.

Y así­ fue, un tipo se acercó a Elrick y casi sin rozarse intercambiaron unos discos de datos. Nos dirigimos a un lugar apartado de una cantina para examinar la información.
-Este es el piso, está a unos minutos de aquí­, apartado de los hoteles habituales- mientras señalaba la pantalla del pequeño terminal, Elrick nos descifraba los textos codificados.
í¢€â€œBien chicos, lo mejor es que entremos a tomar algo como unos turistas más, les sorprenderemos según entren- lo que me preocupaba era que sólo tení­amos algunas armas del tipo CDEF y el extraño pistolón de Elrick -Luego tenemos que acabar con ellos rápido y coger la primera nave que salga para un planeta donde haya más presencia imperial.
-Pero ese tipo conoce vuestras caras, en cuanto os vea se acabó la fiesta-.
-Así­ es Iyanden- le contesté í¢€â€œ. Tendremos que confiar en los músculos de Dubov para anular a la escolta que pueda llevar. Usaremos las armas sólo si es imprescindible-. Ondin soltó una carcajada
-Eso espero, estos cacharros no atraviesan ninguna protección-.

Cuando todo estuvo claro no encaminamos al lugar, no era como los tí­picos grandes hoteles de Corellia. Estaba más destartalado y el camarero era mucho más antipático.
-Cuatro Ruby Biels, son 40 créditos-.
-Por ese precio podrí­a estar el vaso limpio al menos-. El barman iba a contestar a Dubov, hasta que le miró dos veces, se abstuvo de abrir la boca.
Pasaron unos minutos, que fueron eternos y se abrió la puerta del local. Todos miramos hacia otro lado, pero a la vez no perdimos de vista la puerta.

Entraron varios rodianos y un zabrak, examinaron el local y a nosotros por supuesto, en ese momento mantení­amos una interesantí­sima conversación sobre las chicas de la pasada noche; unos turistas cualesquiera. El zabrak hizo una señal hacia la puerta y yo otra. Dubov se dirigió a la barra, como para pedir otra copa, mientras su mano derecha agarraba el mango de la espada que llevaba debajo de su abrigo. Entró un tipo con pinta de asustado seguido de otro zabrak que cargaba su maleta, miré a Elrick y este asintió. Dubov también lo vio. Empezaba la fiesta en cuanto yo me levantara.
El tipo se dirigió al mostrador de recepción y al pasar al lado de Dubov, me levanté. Los tipos no debí­an ser más que unos matones del tres al cuarto. El tipo de morralla que paga la rebelión. Ni siquiera tuvieron tiempo de pestañear. Dubov le agarró del cuello a la vez que rebanaba la cabeza de uno de los rodianos y los demás desenfundamos y nos acercamos a ellos rápidamente.
-Quietos o no lo contáis- los ojos de Elrick tení­an el mismo efecto que los de las cobras en ese momento y los tipos se quedaron clavados.
-Pásamelo- dijo Iyanden, y Dubov le lanzó al pobre tipo. El culatazo de Iyanden le hizo una buena contusión en la cabeza y lo dejó sin sentido. Uno de los rodianos probó suerte y saltó a un lado a la vez que sacaba su blaster. Antes de llegar al suelo estaba muerto. Elrick era endiabladamente rápido, pero acababa de empezar un buen follón.
-Vamos, al espacio-puerto. Anulad a estos-. Dubov repartió golpes a diestro y siniestro. El otro Zabrak cayó el último cuando Dubov le pateó la cabeza.

-Rápido, ese tiro ha sonado como un cañón, se habrá oí­do en media ciudad-.
-¿A que te gusta mi arma Ondin?- Elrick sonreí­a de nuevo, debí­a llevar mucho sin poder pegar tiros.
En la calle la gente nos miraba al pasar, pero í­bamos demasiado rápido para que nadie nos dijera nada. Arrojamos las CDEF y la espada ensangrentada de Dubov a un contenedor. En el espacio-puerto habí­a guardias de seguridad, y no podí­amos luchar contra todos los colaboracionistas de Coronet. Al entrar desde una calleja oscura y apartada los guardias nos miraron de arriba abajo, pero aparentábamos ser de nuevo un grupo de turistas; con un amigo inconsciente por haber bebido demasiado.
-Ondin, compra 6 billetes para... -miré los paneles y di gracias por mi suerte- Naboo-.
La nave salí­a en sólo 5 minutos, pronto la sabandija tendrí­a su merecido.

-Y eso es casi todo señor, llegamos a la base escoltados por una patrulla de soldados y el cabo Elrick entregó al traidor a alguien. No me pregunte a quien, y eso fue ayer por la mañana-.
-El cabo Elrick ¿eh? No se lo diga a nadie, pero en realidad es Capitán- me quedé perplejo-.
-Lo han hecho muy bien Sargento- Byor se sonrió í¢€â€œhasta la historia merecí­a la pena-.
Ahora era Mordon quien se dirigí­a a mí­:
-Bien, ahora acompáñeme Sargento, el resto de su patrulla le está esperando en el nivel de detención-.
¿Qué estaba pasando allí­? ¿La patrulla reunida en las celdas? Bueno, no podí­a sino ir con él.
Después de varios controles de seguridad llegamos a un pasillo en el que estaban todos mis chicos. Elrick charlaba animadamente con Ondin, Dubov e Iyanden miraban con cara de pocos amigos al traidor. Este se dejaba caer, prácticamente, de los brazos de dos soldados de asalto.
-Bien señores- Elrick parecí­a oficiar de maestro de ceremonias í¢€â€œacompañadme por favor.
Seguimos el pasillo hasta una puerta sin marcas, Elrick entró y detrás de él llevaron al traidor. En la habitación habí­a una serie de instrumentos que prefiero no recordar, y sentado en medio de ellos, con cara de buena persona, un hombre con el uniforme de la Brigada de Asuntos Internos.
-Bueno, hagamos las presentaciones- se dirigió respectivamente al traidor y al oficial
-Aquí­ una asquerosa sabandija, traidora. Aquí­ un amigo, el Coronel Nejasul Saink.
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