El favor

Dedicado a historias de rol de cualquier tipo.

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Mensajepor Byor » 22 Feb 2008, 19:04

Hace un año


Ylaien Alekor era algo pasota para ser un tipo normal. Nunca le gustó destacar, así­ que dedicó su vida simplemente a hacer lo que cualquier tipo normal como él harí­a. Trabajo, una mujer, y los hijos como pudiera permitirse con su sueldo. En resumen, lo normal para un habitante como otro cualquiera de Eriadu.

O al menos ese era su plan, hasta que llegó aquel tipo que cambió su vida. Una palabra de aquel tipo bastó para cambiar su mentalidad. Su mente se abrió de repente, y vio el mundo desde otro punto de vista. Con una percepción distinta. Y ahí­ es cuando falló todo. No todos están preparados para aquello. Ylaien no lo asimiló, y por ello, cambió. Sus acciones y la magnitud de estas también cambiaron. Lo suficiente como para llamar la atención de uno de los ejecutores personales de Palpatine.


Corrió como nunca lo habí­a hecho en su vida. Era la primera vez que se encontró con alguien que podí­a plantarle cara desde que "despertó". A aquel albino pálido no le afectó ninguno de sus recursos. Pasar a la acción tampoco dio resultado. Así­ que lo único que quedaba era huir. Salió corriendo de la cantina y saltando de fachada en fachada, llegó a la azotea de un edificio. Una vez allí­ pensó que se habí­a librado de su perseguidor, pero a los pocos segundos de percató de que no estaba solo. Su perseguidor habí­a llegado allí­ antes que él.

- Has estado jugando con cosas que se te quedan muy grandes - dijo el albino, clavando sus inexpresivos ojos en su presa - Ahora asumirás las consecuencias.

Ylaien estaba aterrado. La constricción de una fuerza invisible le estaba destrozando los huesos del torax y con ello, los órganos que estos cubrí­an. Al principio logró combatir los efectos, pero no tardó en ceder ante el dominio superior de su atacante. Entonces, cuando su vida pendí­a de un hilo, y el albino iba a acabar con su sufrimiento, este se estremeció por unos momentos, y detuvo la tortura. En ese momento, la mirada inexpresiva desapareció, dando paso a otra llena de furia.

- Has tenido suerte - dijo, defraudado - Mi maestro cree que ahora que has sentido el verdadero miedo, se te puede dar una utilidad.
- Entonces... ¿soy libre?

La carcajada del albino le sirvió como respuesta. Cuando este dejó de reí­rse, volvió a hablar.

- De eso nada. Te pudrirás en Dathomir hasta que te reclamemos. De todas formas ¡No pienses que vas a irte solo con un par de huesos rotos!

La oscuridad de la noche se vio iluminada por los rayos que brotaban de las manos del albino. La misma noche de Eriadu que Ylaien jamás volverí­a a ver...
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 22 Feb 2008, 19:05

Atrás quedaron los tiempos en los que Elrick era uno de los ejecutores del Emperador Palpatine. Ahora que su instrucción estaba completa, su papel como Pashik de la Compnor era distinto. Aunque él sabí­a de sobra que la Fuerza requerí­a una instrucción permanente, pues siempre habí­an nuevos aspectos que aprender, y además siempre habrí­a alguien con mas poder por encima de él. Esa idea no le agradaba lo mas mí­nimo. Pero tener esa idea en mente siempre le incitaba a mejorar más, y a saber más. Así­, algún dí­a él serí­a aquel con el poder suficiente como para estar por encima de todo.

Tras comprobar de manera indirecta los auténticos intereses de los demás Pashiks en una aburrida reunión de emergencia en la que habí­an sido convocados todos ellos, fue directo a sus aposentos. Una vez allí­, conectó su datapad al terminal que habí­a en aquella sala, e inició la máquina. Tení­a mensajes. Los tí­picos que leerí­a con poca atención, y uno que harí­a que el albino despertase cierto interés.

Lo leyó, y si alguien hubiera estado en aquella sala, en aquel momento, podrí­a haber visto algo en la cara de Elrick que podrí­a parecerse a una sonrisa. Ylaien habí­a escapado de la carcel de Dathomir, y por ello, se habí­a ordenado su ejecución.

A pesar de que al fin podrí­a acabar con lo que tuvo que dejar a medias hace un año por un capricho (que el propio Elrick juzgó de innecesario) de su maestro, el Pashik no sintió ninguna satisfacción ante la posibilidad de hacerlo. Sabí­a que él estaba ya muy por encima de aquel desgraciado, y por ello, no tardó en descartar la posibilidad de ocuparse personalmente. Por otra parte, de una manera u otra el fugado tení­a que morir, y el simple hecho de haber tenido algo que ver en su muerte le complacerí­a.

Su ejecutora personal, Milenna, estaba ocupada con una misión que le habí­a encargado recientemente. El resto de sirvientes e influencias estaban trabajando en asuntos mas triviales, y seguramente no darí­an la talla. Pero aun le quedaba alguien a quien recurrir.



El despacho de Byor se iluminó con la luz del holoproyector que se encendí­a. En un mal momento, por que le pilló en medio de un largo e irreprimible bostezo. La figura del albino se materializó en la máquina, y sin dejarle tiempo a acabar de bostezar, comenzó a hablar.

- Arian, necesito que me hagas un favor.
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 24 Feb 2008, 23:08

Dathomir, horas después

Tras un arduo intercambio de permisos, ordenes e insultos con la pequeña flota que mantení­a el bloqueo en Dathomir, Byor logró aterrizar en la prisión imperial que por suerte o por desgracia ya conocí­a muy bien por haberla visitado muchas veces de distintas maneras. Como visitante y como preso.

En cuanto se abrió la compuerta del Desolador, una bocanada de aire caliente y seco le dio de pleno. Era el recibimiento tí­pico que daba Dathomir, como indicando que tal vez serí­a mejor idea darse la vuelta y largarse de allí­. Sin mas carga que sus pistolas, salió de la nave al encuentro del oficial que le recibirí­a.

- Saludos general Arian - dijo el oficial, saludando al mismo tiempo al estilo militar - Soy el capitan Bacer. Es un placer tenerle aquí­ como visitante y no como preso.
- Lo mismo digo capitán
- respondió Arian, tras recibir la primera herida en el orgullo nada mas pisar el planeta - Vayamos al grano, quiero volver a casa cuanto antes.
- Por supuesto.


El capitán dirigió al general hasta el bloque en el que tení­an encerrado a Ylaien. Byor esperaba encontrarse un plan inteligente de escape para poder hincharlo y fardar ante el teniente Karan, pero aquello distaba mucho de ser inteligente. Medio bloque estaba destruido. Lo que hubiera dentro habí­a salido por la fuerza.

- Vaya, esto no es para nada lo que me esperaba ¿Bombas? - preguntó, señalando el estropicio que habí­a.
- ¿Bombas? Que va general... fue con su propia fuerza.

El general, desconcertado y arqueando una ceja, puso un tono extraño para continuar hablando.

- ¿Entonces? ¿"Alzó la mano y devastó medio planeta"?
- Creo que necesita actualizar su información con respecto a Ylaien, general...


Tras aquel comentario, el capitán Bacer le llevó al edificio central. Allí­ le enseñó al general varios ví­deos del preso. La cara del general cambió de la desgana al asombro en cuestión de segundos al ver al actual Ylaien. Este se habí­a convertido en una criatura enfurecida y musculosa que no conservaba atisbo alguno de humanidad. Al ver cómo destrozaba la pared del bloque con una simple embestida, Arian se giró al capitán.

- Recuérdeme que le agradezca todo esto al Pashik Elrick ¡Si vuelvo con vida! - concluyó el general, haciéndose a la idea de lo que tení­a por delante.
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 09 Ene 2011, 18:27

- Es perfecto - comenzó el general, mientras examinaba los mapas que tenían en la prisión, en un panel horizontal de la sala de control - Todos estos colores, formas, líneas, anotaciones por todas partes... - continuó, mientras señalaba lo que iba enumerando - Por si no se ha dado cuenta, Bacer, trataba de ser sarcástico. No me entero de nada ¿Quién ha hecho esta obra maestra de la cartografía?

El capitán Bacer, cansado ya de las constantes quejas, suspiraba resignado. Por si no fuese suficiente disfrutar de uno de los destinos más lamentables de la galaxia, ahora tenía que aguantar a un tipo que seguramente tenía cosas mucho mejores que hacer. Casi que prefería tenerle como preso, antes que suelto por el lugar y el planeta.

- Verá general, cuando se llegó a este planeta se hizo la cartografía, como es habitual. Pero solo se examinó una zona muy cercana a la prisión. Al fin y al cabo, el Imperio no tiene ningún interés en expandirse aquí. El mapa que ve es la superposición de los mapas que hicimos nosotros, y los mapas que nos cedieron las nativas de este lugar, antes del cese de relaciones y del bloqueo. Y como ve, la parte de las nativas está sin traducir.
- Y encima, el cabrón de Ylaien se ha ido a la zona que más anotaciones tiene - añadió el general, mirando fíjamente hacia la zona citada - Capitán, del uno al diez ¿Cuál es el grado de locura que le daría a ir a esa zona tras Ylaien?
- Un trece. Sin duda alguna - respondió convencido el capitán.
- Vaya, dos puntos por encima de mi grado de locura habitual. Todo un desafio. O un suicidio...

Mientras Arian volvía a quejarse, Bacer consultaba algo en su terminal. Encontró algo que le sonaba, y que ayudaría considerablemente.

- General, quizá esto le sirva. Hace mucho teníamos a un explorador por aquí que conocía bien el terreno, y que además conoce el idioma de esos mapas. Con una llamada podríamos tenerle aquí en unas seis horas.
- ¿Conoce el idioma?
- Es nativo de aquí. El primer ciudadano imperial de Dathomir, de antes del cese de relaciones y bloqueo.
- Interesante. Si me entero de qué pone aquí, será un poco menos suicidio ¿Cómo se llama?
- Feinar.
- ¿Feinar qué más?
- Pues Feinar.
- ¿Feinar Feinar? Qué desconcertante...
- respondió extrañado el general.
- Feinar... a secas - respondió desesperado el capitán - Cursaré la solicitud...

El capitán comenzó a redactar la solicitud, mientras que el general todavía continuaba extrañado.

- Feinar Feinar, ya me jodería... - musitó, con la mirada perdida en los mapas.
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 16 Ene 2011, 23:59

- Eh, Feinar Feinar ¡No tan rápido!
Aunque el general era especialmente molesto, la paciencia del joven explorador parecía infinita. Como también parecía infinita aquella llanura, únicamente perturbada por algún intento de arbusto, tratando de resistir en aquel lugar tan hostil.

- General, es Feinar a secas. Pero teniendo en cuenta que esta es la cuarta vez que se lo digo, seguramente no dejará de hacerlo nunca - respondió resignado el explorador.
- En algún momento dejaré de hacerlo - continuó el general - Total, lo decía porque me hizo gracia cuando lo dijo Bacer. Pero ya va siendo hora de buscar nuevas coñas.

El explorador suspiró resignado, mientras se dedicaba a hacer lo que le habían en cargado. Seguir el rastro de un preso atípico, evitando encuentros innecesarios. Ya lo había hecho otras veces, pero esta era particularmente extraña.

- General, tal vez no tenga que saberlo, pero... - comenzó Feinar, tratando de sacar más información - Se supone que el preso que buscamos es humano. Pero viendo su rastro, ese tal Alekor dista mucho de serlo. Me sería de ayuda saber qué buscamos exactamente.
- No has tenido ningún inconveniente hasta ahora, así que deduzco que es pura curiosidad
- respondió el general, sonriendo - Pero por aguantar tan estoicamente lo de "Feinar Feinar" me parece justo que sepas más. Me recuerdas bastante a Logan, aguantando en silencio. En fin... - continuó, poniéndose más serio - Al parecer, antes de meter al sujeto en la prisión, se le interrogó. Pero se utilizó un compuesto nuevo, que reaccionó de una manera imprevista. El cuerpo de Alekor se hinchó, incrementando su tamaño, músculos y todas esas cosas. Es una especie de mole humana deforme. Y eso no es todo, también puede desarrollar "poderes imprevistos".
- Poderes imprevistos, entiendo
- respondió el explorador, satisfecho - No tiene que explicar más. Estoy familiarizado con esos imprevistos poderes. Como ya sabrá, yo me he cri...

Feinar paró en seco e hizo un gesto al general con el brazo derecho. Este por inercia desenfundó su arma, y se quedó en su posición, apuntando hacia adelante. Más adelante, a unos cien metros, había un rancor tumbado en el suelo. Pero no se movía.

- Está muerto - anunció Feinar, corriendo hacia la bestia, rodeándola por la derecha. El general le siguió, y cuando llegaron pudieron ver una tremenda herida, que había abierto el pecho del animal.

- Es reciente - continuó el explorador - Si ha sido nuestro hombre, debe de estar cerca.
- Sigamos entonces. Arma en mano Feinar, si le ha hecho esto a un rancor con sus manos desnudas, será mejor que no le demos oportunidad de acercarse...
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 06 Mar 2011, 23:20

Tal y como previno Feinar más tarde, el olor del rancor atraería a más bestias y sería conveniente abandonar el lugar. Sin más, el general y el explorador continuaron con su camino. No les dio tiempo para aburrirse...

- Nos siguen - anunció Feinar susurrando, por su comunicador - Pero se mantienen a cierta distancia. Solo nos están persiguiendo, quieren ver hacia donde vamos.
- Lo sé - respondió con tranquilidad el general - Son tres. A ver qué quieren...

Con un veloz movimiento que el explorador no se esperó, Arian se giró desenfundando la pistola, y disparó varias veces contra los perseguidores. No quería darles, solo quería que se movieran, comprometiendo su escondite. Feinar se recompuso y apuntó con su rifle, pero el general se lo levantó con la mano libre, antes de que este pudiese disparar.

- ¡Vosotros, salid de ahí! - gritó con energía el general - ¡Salid y tirad vuestras armas o lo que le ha pasado al rancor de antes os parecerá poco!

La amenaza no resultó. De la vegetación salieron tres virotes hacia el general. El primero lo esquivó con facilidad, el segundo lo desvió con un golpe de la pistola, y el tercero se le clavó en el hombro. Lejos de quejarse, rodó por el suelo aprovechando el movimiento de la esquiva, disparando una vez en la maniobra, terminándola tras un árbol. Feinar mientras tanto, libre de amenazas, disparó contra uno de los objetivos. Su disparo y el de Arian habían abatido a dos de los tres objetivos. Quedaba uno, que huia del lugar. El general se disponía a seguirle, pero el explorador le paró los pies.

- Déjelo general, está herido - dijo de nuevo a través del comunicador - No irá muy lejos con eso.
- ¿Esto? - respondió, señalando al virote que sobresalía del hombro con un gesto de cabeza - No es nada, luego me lo quito.
- Luego morirá si no se lo quito de inmediato. Y si se lo quito ahora quizá también muera... como poco pasará un mal rato - continuó a continuación el explorador, para que desistiera de una vez - De una manera u otra, tenemos que refugiarnos en algún sitio. Va a anochecer, y aquí las cosas se ponen extrañas cuando anochece.
- ¿Y qué pasa con estos? Los que han caido van a hablar poco, pero el que escapa podría hablar.
- No hablará general. No tienen boca. Y si usted quiere seguir hablando, más vale que nos movamos...
- ¿No tienen boca? - preguntó estupefacto.
- No... y si me permite el comentario, desearía que usted tampoco la tuviese.
- ¡Qué suceptible! - exclamó el general. Justo antes de desmayarse...
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 22 Feb 2016, 19:48

Al fin, el general abrió los ojos. Echó un vistazo, y se vio a sí mismo tirado boca arriba, en una cueva poco profunda. Feinar le había arrastrado hasta ahí. En el exterior llovía, y el explorador montaba guardia en la boca de la cueva, vigilando al exterior. En cuanto el herido se movió, Feinar se dio cuenta de que ya estaba consciente.

- No recuerdo nada de lo que pasó anoche, cariño - bromeó el general - Dime que al menos me invitaste a cenar y a una copa.

El explorador, curado de espanto por las continuas tonterías del general, negó con la cabeza resignado. Arian no tardó en percatarse de que, donde había sido herido, ahora tenía un pegote de hierbas.

- Son curativas, de la zona - dijo, cuando el general empezó a poner caras - desinfectarán, y mejorarán la cicatrización. También son un poco narcóticas.
- Eso explica lo del rancor bailando - dijo, poniéndose el vendaje algo mejor. Feinar había hecho lo que buenamente había podido - ¿Va a estar lloviendo así mucho tiempo? No es que me importe mojarme, pero es incómodo.

El general se acercó junto a Feinar, echando un ojo al exterior. La lluvia era potente y densa, apenas permitía la visibilidad a más de veinte metros.

- Aquí, cuando la lluvia es fuerte, no dura mucho. En cualquier momento dejará de llover.
- Muy bien, pues échate y en cualquier momento te despertaré
- le respondió, poniéndose cómodo - Y no quiero que repliques. Tienes pinta de llevar días sin dormir.
- ¿Y si pasa algo? - preguntó el explorador - Aun está herido.
- Te aseguro que he estado en peleas más difíciles, y en peores circunstancias - respondió sonriendo el general, con la vista fija en la lluvia - Además, el rancor bailón me hará compañía y nos defenderá. No nos puede ir mal.

Poco convencido, el sueño de Feinar y el rango de Arian hicieron que siguiera la orden. Al fin y al cabo, donde estaban y con la lluvia que estaba cayendo estarían seguros.

O no...
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 30 Dic 2016, 01:51

Una patada en el costado sacó a Feinar de inmediato del sueño en que se encontraba inmerso, haciendo que fuese a buscar su arma de inmediato. El entrenamiento de supervivencia era algo que no podía fallar en una situación como esa, y dio gracias por ello. Para cuando estuvo dispuesto, el general ya estaba en guardia, con el arma desenfundada, apuntando a algo que el explorador no podía ver.

- Oye Feinar, ahí hay algo. Algo quieto, que nos está vigilando, pero no hace nada - arrancó el general, apuntando con su fiable e inseparable pistola a algo que probablemente solo estaba en su imaginación.
- ¿Qué algo? ¿Cómo es?
- Grande - respondió Arian, conciso pero preciso.
- Eso no me ayuda demasiado.
- Vale ¿Muy grande? ¿Cuánto puede llegar a crecer un rancor?

Ese algo cargó contra la cueva, estampándose contra la entrada de la misma. Una masa de músculos y furia, que ni de broma cabía en el lugar. Tanto Feinar como el general saltaron hacia atrás por inercia y reflejos, saliendo del alcance de sus brazos hipermusculados.

- ¡¡¿Qué coño es eso?!! - gritó Feinar, frenético, sin dejar de disparar ráfagas de blaster contra la criatura que les había acorralado.
- Es lo que hemos venido a buscar - respondió Arian, más tranquilo, analizando lo que estaba sucediendo y haciendo un único disparo, en el ojo izquierdo de la criatura. Los tiros de Feinar hacían heridas superficiales, pero ese disparo hizo que la mole de músculos gritase y se alejara - ¡Ahora!

El general salió del escondrijo, todavía aquejado por la herida del virote, disparando hacia el otro ojo del objetivo. Pero ahora se movía, ya no era tan fácil. Y vaya, si un tipo sobrevivía a un tiro en un ojo, nada bueno iba a pasar a continuación. Feinar lanzó una granada a los pies de la mole de músculos, que provocó más heridas superficiales y quemaduras. Se lanzó contra él, mientras el general siguió disparando, con articulaciones como objetivo. Machacó un tobillo de lo que parecía ser Ylaien, hasta que este empezó a huir, consiguiéndolo con un salto tremendo que le sacó de inmediato del tiroteo.

- Ya sabemos qué buscamos, Feinar - dijo Arian, cambiando el cargador de su pistola - Lo cual no nos ayuda en absoluto, para variar.
- No quiero ser pesimista, pero quizá la situación sea un poco peor - añadió el explorador - Se dirige hacia territorio de las Hermanas de la Noche. Quizá deberíamos volver a por armamento más pesado, y tender una trampa al objetivo, con nuestras condiciones y mejor estado.4
- Ni hablar - respondió el general, enfundando su arma y mirando al horizonte, en dirección hacia donde había ido Ylaien - Ya has visto cómo es, cuanto más tiempo pasa más duro se vuelve, y más peligroso será. Ahora tenemos un rastro fresco, y le hemos herido un poco. Será más fácil de rastrear, y no vamos a tener mejores posibilidades que estas. Vamos a por él.

Feinar no estaba acostumbrado a que ignorasen sus sugerencias, pero el general tenía razón en todo lo que había dicho. Solo faltaba ver cómo iban a enfrentarse de nuevo a aquel pobre desgraciado, que ya era algo lejos, muy lejos, de ser un humano más...
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Re: El favor

Mensajepor Byor » 10 Feb 2017, 09:19

No hacía falta un experto en rastreo para seguir a la mole de músculos que ahora era Ylaien. Su tremendo volumen, heridas y enorme falta de sutileza hacía que ahí por donde había ido, hubiesen árboles caídos, surcos en la tierra y en general, cosas aplastadas. Aun así el general siguió los pasos del explorador, que con rapidez y naturalidad avanzaba de la manera más eficaz entre aquel desastre, haciendo de la ruta algo más llevadero. Se notaba que llevaba años haciendo eso, así que no aprovecharlo era de necios.

- Ya estamos en territorio de las Hermanas de la Noche - informó el explorador - Mantenga su arma a mano, no sabemos cuándo vamos a ser atacados.
- Como si la hubiese soltado... - respondió Byor, que efectivamente, aun tenía la pistola en la mano.

No tardaron en encontrar algo. A lo lejos, se divisaba un campamento rudimentario, rodeado de una empalizada. Podía verse con claridad por donde había entrado Ylaien en la empalizada. A través de ella, simplemente había derribado la sección por donde entró. Gritos y tremendos golpes se escuchaban, y cuando los perseguidores llegaron a la empalizada, se situaron cada uno a un lado del vacío que había creado la presa. Desde su posición defensiva y en principio, sin haber sido detectados, echaron un vistazo dentro. Había un pequeño poblado, que estaba prácticamente arruinado por las embestidas de la criatura. Un rancor yacía en el suelo, con la mandíbula reventada, mientras volaban flechas que rebotaban en la piel de Ylaien, o se clavaban sin que a este le importase. En el campamento por alguna razón solo habían mujeres guerreras, y ya quedaban muy pocas defendiendo.

- Parece que...
- ¡Silencio! - interrumpió Feinar, con un grito bajo.

El campamento estaba prácticamente condenado, y cuando la última de las mujeres apareció, Ylaien se calmó. La última, con diferencia la más anciana, andaba con lentitud, riendo. Ylaien cargó contra la anciana, pero esta alzó los brazos, preludio de lo que empezaría a ser mucho más raro a partir de ahora. Unos zarcillos de energía verde surgieron de la tierra, apresando a Ylaien, y convirtiéndose en lianas. Ylaien se las arreglaba para ir rompiendo las plantas, pero nuevos zarzillos aparecían, mientras la anciana se carcajeaba. La masa de músculos, inmovilizada, no podía hacer nada más que gritar y amenazar, mientras que la anciana se relamía, acercándose a su nuevo juguete.

El general no se lo pensó dos veces, e ignorando de nuevo la advertencia de Feinar, salió de la cobertura, dando varios pasos hacia la anciana, y disparando sin parar. Pero la energía de la pistola se disipaba antes de llegar a impactar, a pesar de la legendaria potencia de la misma.

- ¿Por qué tienen que pasarme siempre cosas así? - suspiró resignado el general, disparando al otro ojo del inmovilizado. Ahora sí que consiguió su objetivo, e Ylaien no tardó en dejar de luchar contra la prisión vegetal que le constreñía. La anciana, agitó un brazo en dirección al general, y una lluvia de escombros, ramas, tierra y cuerpos fue directa hacia el general, que por reflejo fue directo a la empalizada de nuevo, donde esperaba Feinar. Por supuesto la empalizada se llevó la peor parte del golpe, pero no resistió lo suficiente.

Poco a poco, Feinar salió a la superficie, tras abrirse camino a través de los restos de empalizada y poblado. Al poco tiempo salió Byor, aturdido por lo que acababa de pasar. Para cuando lograron salir del todo, la anciana estaba montada sobre Ylaien, que sin vida, estaba animado por la energía verde que surgía de la tierra, invocada por la anciana.

- Si tienes alguna idea, estoy completamente abierto a escuchar sugerencias - dijo el general, quitándose ramas y tierra de encima, mientras Feinar echaba a correr - ¿Ves? Eso es una buena idea.

Sin más, le siguió uniéndose a la retirada. No tardaría demasiado la anciana en perseguirles...
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