ESPACIO PROFUNDO (Nejasul Classics 01)

Dedicado a historias de rol de cualquier tipo.

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ESPACIO PROFUNDO (Nejasul Classics 01)

Mensajepor elric1981 » 23 Ene 2007, 20:47

Aquí­ os dejo un clásico de Neja, que aunque nos haya abandonado, dejó huella. Ojito a grandes momentos Nejasul como:

-Señor.. ¿Piensa ir en chanclas?
-No tienen nada de malo, soldado.


Tres dí­as encerrado con veinte aguerridas mujeres
...
poder defenderse de una manada de hienas
...
Estos seres siempre eran esquivos, mentirosos y rematadamente traicioneros
...
aplacar los nervios de tan antinatural situación.


Señoras y señores...

Espacio Profundo
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"Soltad al Dragón. Que él sea el heraldo de la muerte que está por venir. Que sea el primero de los Portadores de Muerte".
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ESPACIO PROFUNDO (Nejasul Classics 01)

Mensajepor elric1981 » 23 Ene 2007, 20:48

La llamada de socorro desde la lejana estación espacial estaba siendo mostrada en la pantalla del puente de mando. La grabación mostraba a un soldado de asalto con claros sí­ntomas de batalla en su casco pidiendo ayuda desesperadamente.

í¢€Å“Almirante Zerax, necesitamos ayuda urgentemente!. Repito necesitamos ayuda urgentemente!. Estamos siendo acosados por fuerzas enemigas. Nuestras naves han sido inutilizadas. Hemos asegurado el puente de mando de la estación y un camino seguro hasta el hangar principal. No hay cápsulas de escape señor! El enemigo ha tomado los niveles inferiores y lo mantenemos a raya en el acceso a los niveles superiores donde se encuentran las provisiones. Llevamos una semana luchando, enví­en ayuda urgente no podremos aguantar demasiado tiempo.í¢€?

El mensaje fue trasmitido en una frecuencia no habitual y lanzado al espacio. La voz del soldado sonaba realmente desesperada.Se repetí­a en un bucle continuo. El almirante Zerax miraba fijamente la pantalla del puente de mando. Sus ojos están perdidos.
Abandonamos el sector pongan rumbo a la estación inmediatamente. Exhalo apenas audiblemente.
¿Señor informo al alto mando? Pregunto el oficial de comunicaciones. No obtuvo respuesta.

La mañana estaba siendo tranquila. Desde su retiro por omisión Nejasul pasaba los dí­as deambulando por la criminal, en muchos aspectos, cuidad de Terminus. Recientemente habí­a ganado fama entre los piratillas que la habitaban como cazador de Kimos en las llanuras. Siempre que uno de ellos se acercaba demasiado a la ciudad le encantaba salir montado en su swoop para darle alcance el primero. Era el nuevo deporte de moda en Lok. Pero la mayor parte del tiempo la pasaba a la sombra de las palmeras en el pequeño mirador en la avenida principal mientras meditaba o en la cantina refrescando la garganta, de manera sana por supuesto.
En realidad lo de meditar se debí­a tan solo a la necesidad de no dejar escapar su ira sobre los horribles aliení­genas que pululaban por la ciudad. Si por el fuera todos serian enviados a la ciudad mas lejana y llena de escoria de la galaxia. Que era justamente donde se encontraban, cosa que no le tranquilizaba en absoluto y contribuí­a a su enfado con la existencia de esos seres.

Por encima de la ciudad se vio pasar una lanzadera imperial que aterrizaba justo donde las casas de Terminus daban paso al desierto. Tres soldados imperiales con blancas armaduras y empuñado carabinas descendieron y caminando se adentraron en la ciudad ante las miradas de los rateros. Después de unas preguntas a alguno humanos caminaron en linea recta al mirador.

-¿Nejasul SainK? - La voz metálica del soldado no inquieto a en absoluto al hombre que mantení­a sus los cerrados amparado bajo la sombra de las palmeras. - Señor ordenes del almirantazgo. Debe acompañarnos, aquí­ encontrara toda la información. - El soldado extendió el brazo entregando un datapad que incluí­a las instrucciones.

í¢€Å“El sumo inquisidor por petición del Almirante Zerax Hejkiel le asigna como agente imperial en la misión del grupo de reconocimiento HL-50 asignado al destructor del almirante con ordenes de verificación sobre una llamada de auxilio en la estación espacial de observación en el espacio profundo del sector Kilassí¢€?

-¿Que clase de broma es esta soldado?
-No lo sé señor. Me limito a cumplir ordenes.
-En ese caso no hagamos esperar al almirante.
-Señor partimos inmediatamente hacia el sector Kilass. Recoja todo lo necesario no disponemos de mucho tiempo.
-Bien, vámonos, ya tengo todo lo necesario.
-Señor.. ¿Piensa ir en chanclas?
-No tienen nada de malo, soldado.

Lok desapareció justo en el instante de recibir la sacudida al saltar al hiperespacio. Nejasul a pesar de mostrarse tranquilo sabia que ni desde la Oficina de Seguridad Imperial ni desde las oscuras estancias de la Inquisición se tomaba este procedimiento. Habrí­a de jugar sus cartas despacio y astutamente.

-Digame Capitán a donde nos dirigimos.
-Comandante señor.
-Oh, disculpe, las insignias nunca me terminan de recordar el rango.
-El destino se encuentra al borde del sector Kathol y el espacio salvaje.
-Exactamente cuanto tiempo tardaremos en llegar.
-Aproximadamente tres dí­as estándar si no sufrimos ningún contratiempo.
-Y digame.. Nuestra... Su misión de que trata.
-Hace apenas unos dí­as se recibió una llamada de auxilio desde la base de observación del sector Killas. Al parecer un grupo de civiles habí­a agredido a un oficial, esto dio paso a un motí­n en la base que no contaba con suficiente presencia militar debido a su posición. El grupo de reconocimiento tiene ordenes de devolver el control de la estación al oficial de mayor rango que continué vivo. Su misión SainK sera la habitual.
-¿Habitual?
-Comprobar que la computadora no ha sufrido daños, sus datos no han sido copiados y restaurar el sistema. Tópico trabajo de la OSI. En caso de no hallarse ningún oficial vivo usted ocupara el cargo de administrador.
-Pero si yo no soy... - No era de la Oficina de Seguridad Imperial. A pesar de tener un alto nivel de seguridad y relaciones.

El sumo inquisidor tenia un plan obvio. Aprovechando las circunstancias y probablemente a sabiendas de lo que sucederí­a el nuevo destino, temporalmente largo, de Nejasul iba a ser una región del espacio desconocida y abandonada.

-Por cierto Comandante como cual es su nombre.
-Thalis.
-¿Perdón?
-Sorprendido. Sí­. Soy una mujer. Excactamente igual que el resto del grupo de reconocimiento HL-50.
-Imposible!!! Quitese el casco.
-El procedimiento no me lo permite SainK.

Tres dí­as encerrado con veinte aguerridas mujeres iba a ser una dura prueba para Nejasul incluso aunque los pasase meditando. Por suerte siempre en el interior de la chaqueta corta habí­a espacio para un cuchillo afilado y cómodo con el que poder defenderse de una manada de hienas. Siempre se habí­an oí­do tétricas historias de soldados perdiendo el juicio durante viajes largos en pequeñas naves como la lanzadera en la que viajaban. Pero las que se contaban de mujeres en las mismas situaciones no eran ni muchos menos mejores. Estos seres siempre eran esquivos, mentiroso y rematadamente traicioneros.

La única salida a esta trampa era sin duda tomar prestada la lanzadera y abandonar a las chicas del club del pijama en la estación de observación. Las miradas, o intuidas miradas a traves de los casos, de las soldados comenzaban a inquietar a Nejasul. Cerrando los ojos y recostándose para aplacar los nervios de tan antinatural situación.
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Mensajepor elric1981 » 23 Ene 2007, 20:50

No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma. No pierdas la calma.

Palabras que resonaban en la mente de Nejasul desde su salida del espacio de Lok hace ya dos dí­as. El peor viaje que jamas una mente hubiera podido concebir especialmente programado para el. La sangre le herví­a y por su frente comenzaban a caer pequeñas gotas de sudor. Sentí­a constantemente las miradas de todas esas mujeres clavadas en el deseando pegarle un tiro entre ceja y ceja. Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y agarro el pequeño y artesanal cuchillo, dispuesto a hacer caer al menos a una de ellas. Estaba realmente paranoico y sobre todo desesperado por salir de esa lanzadera lo antes posible.

Al abrir los ojos y salir de su trance meditativo dos grandes ojos verdes le miraban fijamente. Sintió que las manso le temblaban y si abrí­a la boca ni una sola palabra que no le dejase en el mas absoluto ridí­culo podrí­a salir de allí­.

-Por fin despierta SainK. Nos tenia preocupadas comenzábamos a pensar que le tiene miedo a viajar.
-Depende de las circunstancias comandante.
-Tranquilo la probabilidad de impactar contra un cuerpo celeste es baja, aunque si es cierto que en viajes largos la probabilidad de error en el calculo de la computadora aumenta exponencialmente. ¿Preocupado?
-En absoluto eso no es lo peor que podrí­a suceder.
-Cuentenos sórdidas historias de viajes maltrechos que crean una espiral dramática SainK, así­ las chicas nos divertiremos un poco, estamos todas aburridas.
-Impactar contra un cuerpo celeste es una de las pocas cosas que pueden suceder al viajar pro el hyperspacio. Las ultimas teorí­as, por supuesto imposibles de confirmar, afirman que cierto tipo de fluctuaciones en el motor de hypervelocidad como un resonancia puntual pueden provocar que la linea temporal de viajero se vea alterada.
-¿Quiere decir que puede viajar al futuro? ¿O al pasado?
-Esa es una de las dos posibilidades, pero por ejemplo si la dirección del transcurso temporal se viera afectada durante el viaje la nave podrí­a terminar en un subuniverso, literalmente, donde la dirección del tiempo no fuera tal y como la conocemos. Quien sabe. Curvada, en dirección opuesta, entrecortada, superacelerada, en espiral. Como ya le dije es todo fí­sica teórica. Desde el desarrollo hace miles de años del motor es una parte del conocimiento que se ha aparcado. Sobre todo porque esto o funciona o no funciona. No hay manera de comprobar o recrear los errores. Y sobre todo ni siquiera sabemos las propiedades de la materia en esos subuniversos.
-Increí­ble.
-Sin duda. ¿Falta mucho para llegar? -Los ojos verdes de Thalis se escondí­an ahora entre dos negros mechones de negra melena. La verdad, eso si que era increí­ble y bien habí­a valido la pena semejante viaje por verlo.
-No demasiado, unas 12 horas estándar. Así­ que cuentanos. ¿De donde eres? ¿Donde esta tu familia?
-No lo sé. -Un movimiento de hombros de lo mas natural ejercí­a sobre los demás siempre la sensación de una resignación estoica.
-Como.
-Fui criado y entrenado en Coruscant, traido desde un planeta mas lejano que el borde exterior, al parecer tropas de la convulsa república asesinaron a mi familia y pidieron asilo polí­tico para mi en el nuevo orden. Mi llegada coincidió con los agitados dí­as del intento de los jedi por hacerse con el poder. Poco mas sé. Podrí­a decirse que soy de Coruscant, aunque he vivido en muchos sitios. De todos modos era un tiempo oscuro donde todo esta confuso. La gente cuenta historias realmente difí­ciles de creer. Nada es cierto excepto lo que tu mismo hayas podido vivir y ver. Que más da. Es el pasado. ¿Y tu de dónde eres? ¿Quien es tu familia?
-También nací­ y crecí­ en Coruscant. Solo me queda mi padre, es Almirante de la flota, mi hermano murió hace poco, era piloto de lanzadera. - Un escalofrió recorrió la espalda de Nejasul haciéndole resbalar la mano sobre el cuchillo por la presión y cortándose.

El viaje transcurrió en silencio hasta que la piloto aviso de que iban a salir al espacio normal. Unos minutos después de la desaceleración la piloto llamo a la comandante a la cabina y Nejasul la siguió sin hacerse notar.

-Comandante la estación no responde, si no bajar los escudos no podremos entrar en el hangar. - La piloto parecia preocupada.
-¿Cómo pensabais entrar en la estación sin permiso jovencitas?
-Se supone que alguien de dentro deberí­a habernos facilitado la entrada.
-Parece que los sistemas de la estación funciona adecuadamente, podremos entrar con los códigos.
-No estoy segura de que nos los faciliten tan fácilmente.
-Ni falta que hace. Yo ya los tengo.

Segundos después la lanzadera comenzaba su entrada en el hangar completamente vació. Contenedores y utensilios estaban desperdigados pro la plataforma. Habí­a sido una batalla interesante.
El grupo aseguro la plataforma y tomo posiciones en los accesos al hangar, esperaban resistencia inminente.

-Comandante! - La voz de las mujeres sonaba especialmente metálica dentro de los cascos. - aquí­ hay un cadáver. O eso parece.

Los restos de lo que parecí­a un humano estaban totalmente corrompidos entre dos contenedores de carga. Una viscosidad purulenta impregnaba todos los restos.

-Eso no es normal, ni siquiera habitual Comandante. Sospecho grave peligro para todos. - La voz de SainK sonaba profunda y serena.
-Callese SainK, y no moleste, estoy pensando que hacer.
-Tiene planos de la estación...
-Claro...
-Debemos tomar el control del puente de mando lo antes posible, y asegurar un pasillo hasta la lanzadera para en caso de necesidad salir rápidamente.
-¿Desde cuando me da ordenes jodido burócrata?
-Desde exactamente hace 5 segundos jodida soldado. No esta especialmente bien informada y las circunstancias, obvias por si no lo ha notado, lo requieren. La inquisición toma el mando de la misión señorita. Aseguren el camino inmediatamente.
-Pero que... ¿Esta loco?
-Si pero solo por sus huesos.... Muevanse señoritas, no tengo tiempo que perder en este picnic!
-Si señor...


-Señor esquemas de la estación en el visor principal. Conducciones y accesos.
-Informe.
-La estación a simple vista parece estar en buen estado. Escudos y casco í­ntegros, no parece haber sido abordada. La computadora esta activa e informa de que los sistemas de mantenimiento vital, sensores, cañones, equipo cientí­fico y comunicaciones están en perfecto estado y funcionando. Pero no responde Almirante y no podemos tomar el control de la computadora algo la bloquea. En estos momentos los técnicos están descargando y analizando las grabaciones de seguridad. Tenemos una entrada de hace dí­as, parece la primera desde el primer incidente.
-Muestrala. - El asistente paso a la pantalla principal del mando la grabación de seguridad registrada.

El puente estaba ocupado por dos soldados y alguien a los mandos de la computadora, hablaban sobre recuperar los sistemas básicos e intentar sellar todos las puertas para que solo se pudieran abrir desde el puente...

-Es el equipo de reconocimiento enviado señor. Pero ese tipo no se quien es, quizá un superviviente.
-No lo creo...

La escena continuaba con la aparición de la comandante acompañada de otros dos soldados...

-Pasillo asegurado SainK. ¿Y ahora que?
-¿Piensas quedarte aquí­ para fundar una republica lesbica? Porque yo en cuanto que encuentre al psicópata que ha organizado todo esto y lo ejecute sin juicio previo pienso volver a mi casa. Tengo que tomar aun algunas sesiones más, mi moreno aun no esta completo.
-No tiene gracia...
-Ni falta que hace. El humor me lo reservo para cuando estoy en buena compañí­a y no trabajando.
-Gracias por su comprensión señor inquisidor í¢€â€œ El sarcasmo no era lo suyo...
-Si quieres te hago un pase privado. Pero no te impacientes al menos hasta que salgamos de aquí­.

El comunicador trasmitió la breve descripción de la situación: Comandante problemas en el puesto uno, nos atacan. Recon 1 no contesta, ha caido. Recon 2 informa que esta atrapado
-Mantengan la posición puesto uno.

Corriendo por el pasillo no tardamos demasiado en llegar al puesto uno. Apenas a medio centenar de metros ya se podí­an oí­r los disparos.

-Comandante Recon 2 esta a unos 400 metros por ese pasillo, por el momento mantenemos la linea no parecen dispuestos a avanzar. - En verdad el pasillo parecí­a desierto en ese momento.
-¿Que armas usan?
-Blaster Comandante. No parecen muy entrenados en el combate. Son civiles atrapados.
-Soldado, ¿la ultima posición de Recon 1?
-Al final del pasillo, según los planos de la estación conecta con los almacenes de muestras biológicas.
-¿Quien me deja unos detonadores terminales? Los mios los deje en la gabardina. - Iba a ser divertido despachar a esos civiles hostiles.
-SainK no pretenderás...
-A callar. En cuanto se hayan descargado los datos de la computadora replegaos hasta el hangar y esperarme. - El procedimiento militar nos retrasarí­a demasiado y entre estas féminas no aparecí­a ninguna con las cualidades suficientes y sin ningún escrúpulo como para terminar con esta absurda situación en el tiempo estrictamente necesario.
-Como quieras...

La computadora aun no habí­a reiniciado todos los sistemas y el pasillo se encontraba en penumbras, solo las luces de emergencia dejaban entrever o mas bien crear sombras. Oscuro y en silencio los pasos de SainK resonaban de manera lúgubre. Mientras avanzaba anotaba mentalmente los detalles, su datapad estaba conectado a la computadora con lo cual mas valdrí­a recordar el camino y quizá algún dí­a le sirviera para hacer un novela de terror.
Mientras Thalis poní­a en practica el verdadero motivo de la misión. Los hombres eran tan simples y estúpidos, pensaba. Predecibles en esencia. Se quito el casco para ver con sus propios ojos la ejecución de la sentencia tan ansiada y preparada.

-Puente... Sellar el pasillo y desconectar la computadora. Nos vamos de esta lata. - Sus verdes ojos seguro que centelleaban ante el triunfo.

La vida es así­. Ganas una vez de entre mil millones de veces que pierdes y rápidamente aparecen los cobradores y carroñeros para arrebatarte la porción que les negaste. La envidia como siempre motor del universo, pero de la mano de la venganza, inseparables. Y como no, ante ti un frí­o y oscuro pasillo del que no ves el final ni sabes que te encontraras. Tantas veces vivido y siempre con el mismo resultado, otro frí­o e idéntico pasillo. No merecí­a la pena siquiera pensar en el porque.
Por supuesto todas estas tonterí­as de mi cabeza desaparecieron cuando un par de puntiagudas zarpas intentaron separarla de su excelente conjunción con el resto del cuerpo.

Las soldados volví­an a demostrar su nula capacitación para el servicio militar. Sus dos abatidos en el pasillo no estaban muertos, probablemente ni siquiera los habí­an alcanzado. Tan solo estaban esperando al pobre ingenuo que se acerca a contemplar la escena. Hoy... yo.

-Eh, cuidadito, no voy a hacer chistes fáciles sobre tus uñas pero si hecho en falta un poco de cortesí­a.
-Grrrrrrrrrr GGGRRRR.
-Pues si! Opino lo mismo. A mi también me molestarí­a que un comando de tí­as macizas acompañadas solo por un tí­o bueno entrase en mi casa sin avisar.
-Garrrrrrrr í¢€â€œ Sus parientes se uní­an a la encerrona tí­pica del pasillo.

Sin duda una de la situaciones mas desagradables en las que me he visto envuelto. No por su hedor sino porque al golpearlos esa viscosidad caliente me mancho de arriba abajo. Y no hay cosa mas asquerosa que caminar con las sandalias empapadas en moco. Sin poder distinguir apenas nada por la carencia absoluta de luz podí­a hacerme una imagen de que clase de enemigos habí­a en la estación. No eran civiles, o al menos ya no lo eran.

-Thalis! Abre la puerta y juro que tendré misericordia contigo. Al menos podrán reconocerte después de lo que pienso hacerte. - A pesar de como sonaban los golpes al otro lado de la puerta las chicas no parecí­an muy impresionadas. No estaban en época de celo al parecer.

-Soldado dispare a todo lo que logre cruzar esa puerta.
-Pero Comandante...
-SainK ya no es humano, soldado. ¿No ha oí­do esos... ruidos?
-Si señor.

Mis instintos no fallan. No te puedes fiar de las mujeres, en cuanto que las das la espalda te clavan el cuchillo... o lo que es peor, te cierran la puerta.
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Mensajepor elric1981 » 23 Ene 2007, 20:52

La puerta del armario estaba atascada. O más bien estaba atrancada, lo raro es que era desde dentro.

-Joder si que esta bien cerrado. Seguro que con lo torpe que soy y que no se ve nada no encuentro en picaporteí¢€Â¦
-Espera, ya salgo.
-Pues si, un armario que habla. No me sorprende. ¿Recon 2 verdad?

La puerta del armario se abrió mostrando en su estrecho interior a una jovencita de apenas veinte años en ropa interior con cara de haber llorado.

-Anda y yo perdiéndome la fiesta pijama. Si quieres entro y te hago compañí­a moza.
-Déjate de gilipolleces cerdo. Aunque me alegro de que hayas venido a ayudarme. í¢€â€œ Gotas de sudor corrí­an por su pálido rostro.
-No he venido a ayudarte. í¢€â€œ El primer golpe en la mandí­bula la dejo en un profundo estado de inconsciencia.

La verdad para que negarlo, estaba de buen ver. Era jovencí­sima, atractiva, con un cuerpo atlético por la instrucción y uno hermosos y voluminosos senos. Un desperdicio de mujer en un mundo de hombres. Siempre oculta bajo una pesada armadura. Sin duda no habí­a nada mejor en la galaxia como las humanas. Sencillamente esos que tení­an relaciones con otras especies son unos depravados. Incluso Jabba hubiera pagado una cuantiosa suma por ella. Pero esta, tení­a otro destino lejano de la esclavitud.

A estas alturas de la vida tengo la fundada sospecha de que los arquitectos e ingenieros imperiales cumplen alguna clase de directriz interna en sus diseños por la cual en cualquier habitación de una instalación imperial deben existir todos los elementos necesarios para amordazar, atar, violar y torturar a cualquier prisionero. No sé quizá simplemente fuese mi mente. Deformación profesional ya se sabe.

-Por fin despiertas. ¿Más tranquila? í¢€â€œ Podí­a sentir como se estremecí­a al sentir mi aliento en su frente.
-¿Qué coño haces puto psicópata? í¢€â€œ La bofetada la dejo sin ganas de continuar.
Aunque la verdad es que tení­a bueno motivos para llamarme eso y alguna cosa más. Atada a las 4 esquinas de la mesa. Con las rodillas flexionadas y completamente desnuda tenia excelentes motivos.
-Sabes no hago esto a menudo. Que digo. Es la primera vez que lo hago. Un buen amigo me ha servido de inspiración, pero siento que aun no he conseguido captar su esencia. Según cuenta la mala gente en la cantina aquí­ faltarí­a algo deí¢€Â¦ morbo. í¢€â€œ Las yemas de mis dedos recorrieron su frente, bajando por su nariz y rozando levemente sus labios, lo que provoco un intento de mordisco que mas que furioso parecí­a producto de la satisfacción.
-No te lo crees ni tu. Se que clase de psicópata eres, lo que haces y porque lo haces. Ya nos habí­an advertido de todo esto.
-La verdad no me gusta el término psicópata. Cuando hago mi trabajo, porque es mi trabajo te recuerdo, soy consciente de las consecuencias y de los sentimientos que provocan en los demás. Su dolor, su miedo, su pánico, su ira. Aunque bien es cierto que no siento remordimiento, ni culpa por supuesto. Pero por otro lado siempre tengo un buen motivo para hacerlo que hago. Seria mas bien algo así­ como un sociopata. ¿Quién te ha hablado de mi? í¢€â€œ Mientras hablaba las yemas de mis dedos recorrí­an las redondeces de su cuerpo de forma suave.
-El almirante. í¢€â€œ Su respiración se entrecortaba.
-¿Que almirante?
-Que almirante va a ser pedazo de idiota! El padre de la comandante! í¢€â€œ Tení­a unas suaves rodillas, desde luego parecí­a toda una señorita.
-Relájate cielo, disfruta. í¢€â€œ Cuando mis dedos rozaron apenas sus pies comenzó a temblar y sus ojos llenos de ira y seguramente algo más buscaron los mí­os para clavarse como dos estacas. Ese era su punto débil. í¢€â€œ Bueno, bueno. Veo que entonces soy conocido entre la tropa. Que grata sorpresa señorita. ¿Y exactamente porque os hablaron de mi? í¢€â€œ Mi cara era sin duda todo un poema. Me estaba divirtiendo como un niño. Las perversiones ajenas siempre son de lo más provechosas.
- No lo sé. í¢€â€œ Claramente la frase la termino con un suspiro mientras mi dedo í­ndice recorrí­a uno por uno sus dedos del pie derecho.
-Venga, dime la verdad, acabamos de empezar. í¢€â€œ A sus pies, inclinado sobre la mesa mi aliento rozo sus dedos.
- Para matarme, digo para matarte.
-Eso ya lo sabí­a yo. Tu jefa, la que se ha portado muy mal y recibirá su castigo me ha í¢€Å“abandonadoí¢€? junto contigo. ¿Tu también quieres que reciba su castigo por abandonarte aquí­, dejándonos encerrados cierto? í¢€â€œ Con la mirada fija en mis labios a apenas milí­metros de sus dedos trataba de incorporarse. í¢€â€œ Pero, ¿Qué motivo?
-Venganza. No es oficial, pero hay muchas sospechas de que tu fuiste el responsable de que la lanzadera que pilotaba [ esitado: su hermano] explotase, junto con otros cinco soldados de asalto. í¢€â€œ Estaba que se subí­a por las paredes, si no hubiese estado atada podrí­a partirme en dos.
-¿Por qué estamos aquí­? ¿Qué son esas cosas que me atacaron? Y sobre todo, como pensabais matarme. Porque obviamente vosotras solasí¢€Â¦ No sois suficientes.
-Ya te lo he dicho, pata matarte, lejos de todo, para que ningún amigo tuyo pudiera salvarte. í¢€â€œ La verdad este tipo de cosas se le darí­an infinitamente mejor a Alkaid, por suerte los pies no le sabí­an a queso rancio porque hubiera vomitado allí­ mismo jodiendolo todo. Pero desde luego lo estaba disfrutando, y ella la que más. í¢€â€œ Esos seres son el producto de una investigación genética. Una especie de bacteria los va matando poco a poco pero altera su comportamiento para que solo ataque seres de sexo masculino, guerra bacteriológica, aunque parecen fuera de control porque todos los habitantes de la estación están muertos. En todo caso da lo mismo, morirás igual, la explosión borrara todo. Cuando la comandante me lo contó me pareció un plan excelente.
-Sin duda. Tu comandante es un buen espécimen. Astuta, bella, cruel e inteligente. ¿Será como tu? Porque estas poniendo la mesa perdida cielo. í¢€â€œ Ahora era mi lengua la que recorrí­a sus piernas en sentido contrario al anterior.
-Que coño importa esoí¢€Â¦ sigue. Ya te lo he contado todo.
-Simplemente me resulta divertido. Ahora tengo que meditar sobre todo esto.
-Vamos, no pares, me tienes como a una perra en celo.
-¿De verdad? Bueno, hay muchas más como tu aquí­ dentro. Creo que me iré a buscarlas. Porque conformase con una pudiendo tener veinte a la vez.
-EH! MALDITO MARICON VUELVE AQU� NO ME DEJES ASI! Y SOLA! VUELVE Y TERMINA LO QUE HAS EMPEZADO!!
-Cariño no vas a estar sola. Seguro que esas cosas te hacen compañí­a. Cuí­date, ha sido un placerí¢€Â¦

Las muejres, siempre tan simples... Y tan predecibles


La verdad es que me encontraba agotado. Desde que las muchachas habí­an logrado tomar el control de la computadora habí­a pasado dí­as enteros acosándolas y eliminando algunas. Las minas y la docena de torretas que habí­an distribuido en los acceso al puente me impedí­an entrar, aplastarlas el cráneo con mis propias manos y emprender el viaje de vuelta a casa. Lo único que las impedí­a abandonar la estación y detonar los explosivos era el insignificante detalle de que ahora su transporte era mi refugio.
El indiscutiblemente genial plan de Thalis contení­a los errores necesarios como para poder llegar a una situación de equilibrio. Por desgracia ellas tení­an las armas, la computadora y los suministros. Yo solo podí­a meditar guardando energí­as esperando alguna escaramuza. Desde luego el azar o como quieran llamarlo en esta ocasión también me supuso una clara ventaja, una de esas criaturas activo una mina destruyendo una sección de conducciones que alimentaba la antena principal, lo que impedirí­a pedir ayuda al imperio. Esto sucedió creo recordar en el comienzo de lo que hubiera sido el tercer dí­a estándar.

-Señor ya tengo el modo de comunicarnos. Usaremos una radio baliza a la que alteraremos para usarla como antena de trasmisión. Por su construcción no nos permitirá una frecuencia alta pero es resistente y soportara la potencia necesaria para lograr emitir. Calculo que en tres o cuatro dí­as recorrerá la distancia suficiente para ser captada por algún satélite imperial en el borde exterior.
-Pongase a ello soldado, no hay tiempo que perder.
-Si comandante.

Apenas unas horas después el ruido de los motores de una nave coleriana me desprendí­a de mi apacible mundo de meditación. Estaban realizando maniobras de atraque. Si los refuerzos estaban aquí­ no habí­a otra opción que mantener la calma hasta que uno de ellos cruzase la rampa de la lanzadera y atravesarle el corazón con las manos. No me cogerí­an vivo desde luego.

El tiempo pasaba despacio pero nadie entraba en el hangar. Probablemente hubiesen decidido abandonarme allí­ y destruir la estación con algunos torpedos de protones. En silencio y sin hacer ruido al caminar alguien con una túnica marrón recorrí­a la rampa de acceso.

-¿Nejasul SainK? - Me pillo totalmente desprevenido, su voz me hizo sentir una paz y tranquilidad que nunca habí­a experimentado, no podí­a moverme.
-Si... ¿Quién eres?
-Soy Jalina. De Ryloth
-Hummm una joven Twi'lek. ¿Por que estas aquí­?
-He venido a buscarte. He sentido tu presencia.
-Lo dudo, pero como quieras.
-Rindete y unete a nosotros. Tendrás un juicio justo y sera tomada en cuenta tu colaboración. La Alianza necesita tu ayuda y tus conocimientos para terminar con las atrocidades tales como las investigaciones llevadas a cabo en esta estación.
-Desiste jedi, tus poderes han dejado de surtir efecto en cuanto que has nombrado a la Alianza.
-Entonces te llevare por la fuerza.
-Moriras...
-No lo creo probable, eres infinitamente inferior a mi, podrí­a aplastarte cada uno de tus huesos solo con mover la mano.
-Entiendo. Entonces quiero negociar un trato...
-Te escucho Inquisidor. - Esa alusión indicaba que iba a pedir un alto precio en honor a mi buen trabajo.
Me sacaras de aquí­, pero para ello debéis matar a esas soldados, si se llega a saber que estoy vivo y he traicionado al imperio no habrá descanso. Destruiréis la estación y no os llevareis información de lo que aquí­ ha sucedido, si en algo coincido contigo es en que esta clase de experimentos son una atrocidad. Me dejareis libre el tiempo necesario para poder poner en orden algunos asuntos. Después volveré a vosotros.
-¿Son tus condiciones?
-Si
-Bien. A cambio seras nuestro agente, espiaras para nosotros. Y por supuesto eliminaras a tu general... Nos esta molestando demasiado en Lok, y por supuesto a Elrick, para el eres insoldable. Después seras libre y si lo necesitas te proporcionaremos ayuda para huir del imperio. Estas son mis condiciones. Si no te gustan me marchare y te abandonaremos en la estación. ¿Estas dispuesto a aceptarlas?
-Por supuesto...
-Tienes mi palabra de caballero.
-Tu también tienes mi palabra...

Inmediatamente 4 comandos rebeldes me escoltaban camino de la nave coleriana seguidos de cerca por la jedi. Cai al suelo perdiendo el conocimiento.

La medico jefe de la corveta escribí­a su informe en el datapad mientras observaba a través del cristal.

í¢€Å“El paciente muestra convulsiones y deshidratamiento en los tejidos cutáneos. Las constantes vitales son irregulares y han comenzado a aparecer las primeras laceraciones. Ha sido suspendido el tratamiento con bacta ya que provocaba un aceleramiento de los sí­ntomas. Si en veinticuatro horas no reacciona a los antibióticos... provocare su muerteí¢€?

La medico ya habí­a visto lo que sucedí­a. Comenzaba como un resfriado, después la perdida del sentido de la realidad, y por ultimo la agresividad sin control. El grupo de imperiales que capturaron en la estación de observación fueron ejecutados en sus celdas como perros. Los soldados atravesaron el campo de contención y dispararon con fuego real sobre todas ellas. Las primeras en mostrar sí­ntomas habí­an comenzado a atacar a las demás, en menos de dos horas tení­an heridas y llagas por todo el cuerpo. Parecí­an animales. Y como animales murieron. Ella no permitirí­a que eso le sucediese a su tripulación. Así­ no.
Los primeros casos entre su gente se habí­an manifestado pocos dí­as después de abandonar la estación, los primeros en ser afectados fueron sobre todo un grupo de rodianos que habí­an sido embarcados como ingenieros mecánicos. Los mato antes de que fuera peor. Ella cargaba con la culpa de haberlos matado. Los humanos sin embargo resistí­an mejor. Sobre todo en una atmosfera de muy baja presión y doblando la concentración de nitrógeno, eso ralentizaba el crecimiento de la bacteria. Altas temperaturas eliminaban completamente a la bacteria pero ese tratamiento no era posible administrarlo porque provocaba obviamente la muerte del paciente. En cambio mantener el cuerpo por debajo de los 10 grados ayudaba bastante, sobre todo volví­a mas eficiente el tratamiento con antibióticos. Así­ habí­a logrado salvar ya a una veintena de afectados. Por suerte la nave activo la situación de emergencia medica a tiempo y se pudo controlar aun a pesar de que más de la mitad estaban afectados. Algunos no aguantaban...

Releí­a el informe de uno de los prisioneros, el único hombre. Habí­a sido traí­do inconsciente y en apariencia no mostraba sí­ntomas. Al principio pensó que era tan solo agotamiento pero luego pudo comprobar que era una ví­ctima más. Era el tercer dí­a que recibí­a tratamiento y no mostraba ningún cambio. Parecí­a profundamente dormido. Su corazón apenas latí­a seis veces por minuto y respiraba en intervalos de dos a tres minutos. Jalina ordeno que lo ataran con grilletes y la cabeza sujeta a la camilla de duracero. En ese momento la doble puerta de la enfermerí­a se abrió. La joven Twi'lek se coloco a su lado sin hablar.

-¿Quien es ese tipo Jalina?
-Quien sabe... Un imperial.- Las dos mujeres se acomodaron en las sillas del escritorio.
-No dice eso tu tono de voz jovencita. Sino no estarí­as aquí­ - Las arrugas de la doctora marcaban un gran contraste con la joven. Podrí­a ser su abuela.
-Es un inquisidor imperial. De la peor escoria que podrí­as encontrar en la galaxia. La lista de crí­menes por los que le busca la Alianza es tan grande que no soy capaz de memorizarla entera. Y ahora tengo un trato con él. Bueno yo no. La alianza tiene un trato. Es un traidor al imperio. ¿Tardara en despertar? - La doctora miraba por encima de Jalina.
-Parece que te estaba esperando. Tiene los ojos abiertos.
-Ordenare que lo trasladen a una celda. - La Twi'lek sin mirar siquiera por encima del hombro salio de enfermerí­a, allí­ hacia frí­o y sentí­a tanto dolor.

-Alguien puede traerme ropa decente. O tengo que ser el tipo raro con la bata que enseña el culo cada vez que entra alguien.

El capitán de la corveta lo miraba con una mueca de asco en la cara. No habí­a dicho nada desde que saludo al entrar. - Así­ estas bien SainK, no necesitas nada más durante tu estancia en mi nave. Tu ropa ha sido incinerada.

-Muy amable capitán Helber no esperaba menos hospitalidad de un calamar. - Los ojos del prisionero se entornaron dejando entrever apenas las pupilas.

El capitán y los soldados se cuadraron a la voz de firmes cuando el general entro en la sala de reuniones, acompañado por una Twi'lek de dorada piel.

-Descansen caballeros. Siento haber tardado tanto pero con todo este lió de la epidemia y las fragatas imperiales en el sector no hemos tenido una oportunidad mejor de encontrarnos.
-General Frem siempre es un honor tenerle a bordo. - El capitán era un pelota de reconocido prestigio.
-Si general, es un placer tenerle a bordo, sobre todo por ser el único humano que veo en mucho tiempo.
-Tu debes de ser el inquisidor SainK, por el humor que te gastas.
-No lo gasto, solo lo dispenso.
-Ten más educación SainK aun eres mi prisionero í¢€â€œ El capitán señalaba moviendo un dedo en mi dirección.
-Oh, claro por supuesto... Perdón... í¢€â€œ Frem se sentí­a complacido con la humildad fingida, eso le recordaba que la gente se humillaba ante el de mala gana solo por las insignias.
-Bien SainK mi buen amiga Jalina me ha llamado para que viniese urgentemente. Al parecer ha realizado un esplendido trabajo ya que ha conseguido atraer tu atención y ahora eres un traidor al imperio.
Helber se apresuro a hablar dejando con la palabra en la boca a Jalina. - Así­ mi General, captamos una trasmisión sin cifrar del sector Kilaas en espacio profundo a más de diez parsec de cualquier zona conocida. Saltamos al hyperspacio inmediatamente para localizar una estación imperial no conocida. En el mensaje un soldado pedí­a apoyo al almirante Zerax. Por lo que sabemos de él esta al mando de una flota formada por un super destructor estelar, dos fragatas, cuatro crovetas torpederas y seis destructores imperiales. Según nuestros informadores solo el destructor estelar llamado í¢€Å“Regioí¢€? llego al sector dos dí­as después de nuestra salida del mismo. No hay peligro de que nos encuentre, aun parece que se encuentra en la zona. Es un momento excelente, señor, si me permite la sugerencia para organizar un ataque y destruirlo.
-Gracias capital Helber el alto mando tomara en consideración sus informaciones.
-Aseguraros de no llevarme con vosotros cuando os enfrentéis al destructor estelar. No quiero morir en esta lata.
-No SainK para ti tenemos otros planes. - Jalina me miraba fijamente a los ojos- Tenemos un trato y vas a cumplirlo.
-¿Un trato? De que estas hablando...
-Eres mi invitado SainK a cambio de tu colaboración con la Alianza Rebelde. - Las carcajadas se podí­an oí­r incluso en el puente de la nave.
-Por favor, se me saltan las lágrimas. Niña, ¿de donde te has sacado esa tonterí­a?
-Me estas llamando mentirosa! - Jalina miro de reojo al general, a pesar de ser una jedi aun tenia mucho que aprender.
-Jamas. Solo loca. Loca de remate. Tienes que estar loca de remate si piensas que trabajare para la alianza. Antes seria esclavo de Jaba el Hutt limpiando sus mierdas con la lengua. Y tienes suerte de que aun me quede pudor suficiente como para no saltar por encima de la mesa y partirte el cuello a ostias. Yo no traicionarí­a al Imperio ni siquiera por un puesto de General...

El comentario cogió por sorpresa a Ferm. A pesar de haberse cambiado el nombre le habí­an reconocido. En otro tiempo fue comandante de un asentamiento imperial. Su trabajo para la rebelión le habí­a reportado como recompensa el cargo de General.

-Sois todo unos chupatintas y libertadores de bolsillo. Salvarí­ais la galaxia en cualquier tertulia, pero os escondéis como ratas! Sepa general que no es tan importante como piensa. Ocupa un ridí­culo puesto en el ejercito de rebeldes terroristas y ni siquiera aparece como objetivo prioritario para la oficina de seguridad. Me tenéis hasta las pelotas con tanta tonterí­a. -Los grilletes comenzaban a doblarse.
-SainK me diste tu palabra.
-No te di nada bruja. Tus trucos no van funcionan siempre. Estáis muertos todos! Terroristas de medio pelo.
-Esta bien SainK, si no quieres colaborar con nosotros te aplicaremos la justicia de la Republica. -Ferm se habí­a levantado y activaba el holoproyector mostrando un grupo de rebeldes en atriles. - Nejasul SainK, agente imperial, Coronel e Inquisidor del ejercito de Palpatine. Por los cargos que se le ha juzgado entre ellos los más graves delitos contra las especies y mundos de la galaxia, torturas, asesinatos, y por ultimo traición al senado de al Republica... eres condenado a la pena máxima que es capaz de imponer este tribunal. Muy a pesar de sus integrantes que hubieran preferido verte muerto.
-¿Y bien?
-Seras abandonado en algún planeta sin civilización para que puedas morir pensando en lo que hiciste. Preferentemente en alguno inhóspito, desolado y frí­o. - Jalina hablaba sin mirarme a la cara.
-Ni siquiera sois capaces de hacer el trabajo vosotros mismos. Solo sois terroristas cobardes que juegan a salvadores. Mancharos las manos por una vez y dejar de llorar por los que si luchan dando su vida.
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ESPACIO PROFUNDO (Nejasul Classics 01)

Mensajepor elric1981 » 23 Ene 2007, 20:53

Nial Declan no solo estaba enfadado. habí­a perdido los nervios, estaba fuera de si. El Regio abandono su posición y al resto de su flota asignada entrando en el hyper espacio para saltar a un puesto tan alejado e insignificante que costo encontrarlo en las cartas de navegación de la flota. No respondí­a a las comunicaciones y el alto mando habí­a perdido todo control sobre los sistemas. Esto a Declan además de enfurecerle le colocaba en una posición débil ante sus enemigos y a los ojos del emperador. Un pozo de brea hirviendo seria su nuevo destino.

La fragata mas rápida disponible junto con un entrenado y reducido grupo de salto que controlaba perfectamente con sus poderes telepáticos habí­a sido enviado a recuperar la nave. Ninguna flota podrí­a enfrentarse a un super destructor estelar sin sufrir una cantidad de perdidas inaceptable. Comandando la Nebulon-B, Revilko, Declan apostaba toda su credibilidad de gran almirante en esta mano. Más valí­a morir aquí­, en el profundo espacio, que regresar con deshonor ante el Emperador, y así­ se lo habí­a hecho saber Lord Vader.

El Gran almirante aparecí­a en el holoproyector más oscuro de lo habitual. Ocultando su temblorosa mano en la espalda intento poner la voz mas autoritaria posible que la idea de que la Nebulon-B fuera arrasada por las baterí­as láser del destructor le permitia. Le era imposible comunicarse con Zerax mediante telepatí­a, estaba ausente del mundo. Su mente no respondí­a.

í¢€Å“Exijo una explicación almirante Zerax! Por que un super destructor estelar recién salido de los astilleros de Fondor y valorado en una cantidad de créditos que no soy capaz de pronunciar ha dejado su posición asignada y ha cruzado la maldita galaxia para venir hasta la mismí­sima nada!
Su ordenes eran esperar y patrullar la ruta coleriana hasta que yo tomase el mando de la naveí¢€?


-Revilko aquí­ Regio, preparense para atracar. - El Regio habí­a caí­do en la trampa. El plan de Declan era caminar escoltado por sus guardaespaldas, los consejeros y algunos técnicos hasta el puente. Por supuesto eran uno de los mejores grupos de asalto entrenados para situaciones como esta. El gran estratega poní­a sobre el tablero un pequeño pez pero tremendamente venenoso. Declan sin hablar y como de costumbre le dio ordenes al oficial de comunicaciones.
-Listos para operación de atraque Regio. Apagamos motores y aguardamos contacto.

Zerax absorto en su dolor y desesperación por haber perdido también a su hija no supo ver las intenciones de Declan en ningún momento. Antes de darse cuenta el puente habí­a sido sellado y la guardia reducida. Declan lo miraba con ojos llenos de ira. Con la mano enguantada Zerax recibió un tremendo sopapo en la cara que le hizo tambalearse y caer al suelo.

-Viejo chocho y estúpido. Maldita mierda de bantha. ¿Que coño haces con mi nave?
-Tengo una misión Gran Almirante!
-Tu misión estaba en el control de la ruta de comercio coleriana. Maldita sea esos piratillas que acosan los sectores huirí­an aterrorizados ante la visión de este prodigio. Y no aquí­ en el borde conocido de la galaxia. A quien vamos a aterrorizar aquí­!
-Señor yo... - Zerax con los ojos llorosos parecí­a haber perdido el juicio y solo balbuceaba.
-Viejo inútil.
-Señor, los escaners de largo alcance han detectado una corveta saliendo del hyperspacio creemos que importantes informaciones han sido robadas de una estación de observación en este sector por un grupo... rebelde, señor. - El capitán del Regio no sonaba convincente ni mucho menos, pero se le veí­a un soldado leal a sus superiores. Una caracterí­stica que hizo apiadarse de su suerte a Declan.
-Capitán... como se llame... Tome el mando de la fragata Revilko y localice esa nave, no vuelva sin ella. Yo llevare al Regio de vuelta. En cuanto a ti Zerax, ya pensare que hacer contigo cuando lleguemos al centro imperial.

El Gran Almirante Declan no fue entrenado en los últimos dí­as de la Republica por los jedi a pesar de su conexión con la fuerza. Por tomo algunas enseñanzas por su cuenta que le otorgaron la capacidad de comunicarse con las tropas telepaticamente. Cualidades que junto con su experiencia durante las guerras clon y sucesivos logros le habí­an llevado hasta su puesto actual.
Pero en el Regio algo andaba mal. Podí­a notarlo. Algo terrible crecí­a en su interior.

Cerrando los ojos visualizado en su mente primero el puente de mando. Conocí­a a la perfección los planos de la nave. El mismo habí­a introducido modificaciones durante su fabricación. Allí­ mismo estaba Zerax, aislado en si mismo, era un vegetal. El Capitán, desconcertado. La tripulación y sus hombres. Pero mas lejos de allí­, en una de las cubiertas, lo que parecí­a una de las enfermerí­as estaban dos hombres. Un terrible mal se escondí­a en su interior, algo vivo que los devoraba, podí­a sentir su agoní­a. Eran dos puntos rojos y calientes que se podí­an sentir desde la distancia. No eran los únicos. Algunos miembros mas de la tripulación comenzaban a brillar en su mente. Su habitualmente acostumbrada capacidad de decisión en la batalla le entrego la decisión correcta en ese mismo momento y sin dudar.

-Capitán, he cambiado de opinión. Yo personalmente me ocupare de esos rebeldes. Usted lleve la nave a un sistema imperial poco habitado en el borde exterior. Aguarden allí­ hasta recibir más instrucciones.
-Señor sera un honor. Cumpliré sus ordenes diligentemente.
-No lo dudo. Y suerte Capitán.

Declan abandono el Regio con la profunda sensación de que jamas volverí­a a ver a ninguno de esos hombres. Y lo que más desasosiego le causaba era la idea de que la nave sufrirí­a el mismo destino irremediablemente. Zerax con su locura la habí­a arrastrado a su mismo destino. La muerte y el aislamiento. Aunque ya tenia planes para ese montón de chatarra voladora.

Las horas a bordo de la nave rebelde pasaban despacio. No habí­a nada más que hacer que molestar a la jedi. Los grilletes en pies, manos, cintura y cuello comenzaban a molestarme sobre todo por el hecho de no poder rascarme la nariz. Siempre en estas situaciones a uno le pica la nariz sin venir a cuento. Estábamos parados en medio del espacio hasta que el equipo medico tuviera la seguridad de que la infección estaba controlada. Con un poco de suerte alguien tendrí­a la genial idea de abandonarme en Illum, o quizá pensando que me devorarí­an como pirañas en una pecera me tirasen sobre Nar Shada con un cartel en la espalda con una diana y desarmado. Daba lo mismo, la suerte siempre estaba de mi lado, tarde o temprano pasarí­a algo..

-Nunca he estado en tu planeta. Pero, ¿Cómo es eso de vivir en cuevas a lo largo de la zona del crepúsculo? ¿No os sentí­s como gusanos Jalina?
-SainK tu cháchara no lograra perturbarme, soy una jedi.
-Para no lograrlo repites mucho eso de que eres un a jedi, quizá sea que no te lo creas demasiado. No sé. ¿Cómo te trataban allí­? Supongo que lograste huir de esa terrible esclavitud...
-Así­ es. Gracias a mi entrenamiento pude salir de allí­. Mi maestra me enseño bien.
-Encontraste las enseñanzas de Secura por lo que dices. Una vez recibí­ la petición de encontrarlas pero para mi hubiera sido imposible aterrizar en tu planeta sin armar demasiado revuelo. Era el único lugar que quedo sin registrar. Y tu una joven esclava del clan Secura las encontraste!. Que triste destino.
-Veo que conoces la historia de mi familia SainK, tu cháchara comienza a resultar menos aburrida.
-Conozco muchas cosas pequeña padawan. Porque aun no eres caballero. No con las enseñanzas de Secura, aun debes estar buscando las de Vos. Kiffex no es un planeta amigable en estos tiempos. Supongo que también habrás oí­do hablar del maestro Tholme. Entreno a Vos y este a Secura. Por un tiempo Tholme readiestro a Secura después de un desgraciado incidente en Ryloth. Lo que tu conoces es solo esa parte de la vida de Aayla Secura. Antes su memoria fue borrada. Para siempre. De esto hace ya... más de cuarenta años!
-¿Cómo sabes todo eso!?
-Porque los archivos del templo fueron requisados. Algunos nos hemos dedicado en los últimos tiempos a un minucioso estudio. Eres solo producto del intento de la fuerza por equilibrar la balanza. Nunca seras un verdadero caballero sin el conocimiento necesario. Sin un maestro no duraras mucho ahí­ fuera. Tu fe ciega en la fuerza te traicionara dejándote a merced de algún caza recompensas, o lo que es peor, Vader.
-Y tu conoces todas esas enseñanzas. ¿Cierto?
-Ciertamente si, estoy familiarizado con ellas. Pero supongo que de mi no las creerí­as nunca. Tu necesitas información de primera mano. ¿Cierto?
-Si í¢€â€œ La jedi comenzaba a mostrar la impaciencia propia de la juventud.
-¿Sabes lo que tienes que hacer Jalina? Es un trato justo para los dos. Y nadie saldrá herido.
-Partiremos en cuanto mi nave este lista.


Declan sin demasiado entusiasmo por encontrar la nave rebelde trazo un sencillo plan de batalla. Con un par de saltos coloco la Revilko en el vector preciso para evitar la huida de la corveta rebelde. El pequeño grupo Tie de abordo escolta cuatro bombarderos Tie que lanzaran torpedos de protones contra los escudos de la corbeta rebelde para después desactivar sus sistemas. La Revilko a pesar de ser pequeña contaba con una cantidad considerable de baterí­as láser para prestar fuego de cobertura y mantener a los cazas rebeldes lejos de los bombarderos. El grupo de asalto se ocuparí­a del resto. Una intervención rápida que no darí­a apenas tiempo a reaccionar a los rebeldes.
No es lo mismo regresar a Coruscant no un super destructor estelar que con una corveta rebelde, pero quizá aplaque los nervios del emperador.

Los pasillos de la nave estaban en la tensa calma de la incertidumbre provocada por la espera. Mantener la misma posición durante varios dí­as, expuestos y alejados de toda ayuda tenia a los rebeldes angustiados.
Jalina tiraba de mi como si de un perro atado se tratase. El hangar no estaba lejos y nadie hizo preguntas al vernos. Al cruzar las puertas una vieja y repintada T-16 estaba preparada.

-Eh, eh, espera. ¿A que roca piensas ir con ese cacharro?
-Los ingenieros la modificaron con un hypermotor clase 2. No tenemos demasiados recursos así­ que reciclamos lo que podamos. Parece vieja pero es rápida.
-Claro... lo que tu digas... un clase 2 en esa miniatura... Y apenas puede volar en superficie.
-No tengas miedo, no explotara. Pero estarás un poco incomodo. No hay demasiado espacio para el pasajero.
-De acuerdo.

La T-16 vibro con el encendido de los motores y se elevo ligeramente para empezar a girar sobre si misma en dirección a la salida del hangar. El campo de fuerza desapareció el tiempo justo para salir al espacio. El oficial de comunicaciones ordenaba por la radio que regresáramos. La nave comenzaba a acelerar y la computadora ya localizaba posibles rutas para ahorrar tiempo en el viaje. Iba a ser largo, incomodo y peligrosamente suicida.
Dos caza A-wing aceleraron desde prácticamente el hangar en nuestra dirección. Frem dio la orden de destruir la pequeña nave. Sabia que el inquisidor no desperdiciarí­a oportunidades, dinero, información, o incluso alguna apetecible golosina para lograr que cualquiera lo sacara de allí­. Frem mantení­a la idea de que las ratas, ratas son.

-Y escudos le han puesto a esta lata. O tení­ais que ahorrar para que el tren de aterrizaje funcionase.
-Relajate, soy yo quien pilota SainK. ¿No confí­as en mi?
-Tus palabras, tu tono y tu absurdo truco jedi me reconfortan en profundidad. Si sobrevivo seras la primera mujer que es reconocida como buen piloto. así­ que no te preocupes por si se te rompe una uña y.. VIRA!! AHI VIENEN!

-Azul uno buena pasada. Repitala y avisa que vais a disparar. Si no responden destruyan la nave fugada.
-Entendido papa charly. Corto.

Los dos cazas pasaron en formación a los lados del T-16 primero. Luego en una segunda pasada los dos se colocaron inclinados a ambos lados de la cabina haciendo el gesto de apagado con las manos.

-Tu pilotas, pero no tienes ni puta idea de lo que haces maldita cabeza de gusano. Esos dos van a disparar y esto no aguantara.
-Ya falta poco para saltar. Tu si te asustas nene dí­melo.
-Me parto. Jajajaja. Como tu nave! - No se bien porque pero la idea de estallar en mil pedacitos me hacia gracia.

Estábamos a tiro. Los A-wing habí­an tomado la formación justa para primero disparar uno y a suficiente distancia el segundo rematar el blanco. Los dos rompieron al formación a la vez y dieron media vuelta justo en el momento en el que la inmensidad de la Revilko aparecí­a a pocos metros del T-16. Los motores de la Nebulon-B provocaron que Jalina perdiera el control de la nave por unos momentos.

Cazas Tie bomber e Intenceptor salí­an de la Revilko. Los cañones de la fragata rebelde giraban sobre sus ejes frenéticos lanzando oleadas de disparos contra los imperiales. El grupo azul habí­a sido aplastado en el fuego cruzado al intentar volver hacia la fragata rebelde. Un grupo de X-wing aceleraba hacia los Tie Bomber con la única idea de derribarlos. Aguantando el fuego de los interceptores y sin variar de rumbo lograron destruir uno de los Tie Bomber, más por los restos de sus compañeros que por su propia punterí­a el piloto rebelde sonreí­a nervioso. Dos interceptores abrieron fuego sobre lo que quedaba de sus escudos. Todo habí­a sido demasiado rápido. No habí­an tenido tiempo de armas las naves con misiles.
La Revilko concentraba ahora su fuego sobre el lado visible de la fragata rebelde. El objetivo era la baterí­a de cañones de popa cercanas al motor donde el escudo deflectores era mas débil debido a las perturbaciones.

-Grupo Alfa mantenga la posición. Aguanten hasta que esa baterí­a sea destruida.
-Roger Revilko.

La fragata rebelde activo las baterí­as de misiles lanzando seis torpedos de protones contra la Nebulon-B pero la distancia permitió a la computadora calcular la trayectoria destruyendo cinco de ellos. - Tripulación preparados para impacto í¢€â€œ El punte de mando tembló haciendo que Declan se agarrara a los posa brazos de su asiento. -Escudos al 80% señor.

Uno de los cazas Tie fue abatido por la baterí­a de proa proyectando sus restos contra la baterí­a de popa. Basura suficiente ha gran velocidad para terminar destrozándola y terminar el trabajo.

-Grupo Alfa pasamos a fuego de cobertura. Lancen los torpedos.
-En camino Revilko.

Los Tie Bomber lanzaban los torpedos contra la fragata rebelde lo suficientemente cerca como para no ser alcanzados por los cañones rebeldes. En el preciso momento en que las sucesivas explosiones derribaban uno de los Tie Bomber por la onda expansiva lanzándolos contra el casco de la fragata rebelde un nave saltaba a la velocidad de la luz.

-Almirante Declan un pequeño transporte ha salido del sector. Nos sobrepaso nada mas aparecer, con la batalla no hemos sido capaces de verlo.
-No invente excusas tontas oficial y concentrese en el asalto a la nave rebelde.
-Si señor.
Imagen
"Soltad al Dragón. Que él sea el heraldo de la muerte que está por venir. Que sea el primero de los Portadores de Muerte".
- Lord Traviax

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