EL RESURGIMIENTO DE CORPS IMPERIAL (CI Classics 01)

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EL RESURGIMIENTO DE CORPS IMPERIAL (CI Classics 01)

Mensajepor elric1981 » 23 Ene 2007, 21:02

Esta historia la hice un poco en nombre de CI para buscar una forma rolera de volver a pasar de Comando a División. Esa fue la segunda (y breve) transición de CI, antes de realizar una tercera nuevamente a Comando, ya definitiva.

Sin más, os dejo con...

El Resurgimiento de Corps Imperial
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"Soltad al Dragón. Que él sea el heraldo de la muerte que está por venir. Que sea el primero de los Portadores de Muerte".
- Lord Traviax
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EL RESURGIMIENTO DE CORPS IMPERIAL (CI Classics 01)

Mensajepor elric1981 » 23 Ene 2007, 21:03

La blanca lanzadera imperial clase Lambda surcaba los ennegrecidos cielos de Coruscant, el Centro Imperial. Mientras el estilizado vehí­culo se acercaba a Ciudad Imperial, en su interior dos figuras cubiertas por oscuras túnicas se mantení­an en silencio, en estado meditativo. El piloto y el soldado de la COMPForce se sentí­an incómodos escoltando a sus dos pasajeros. No habí­an abierto la boca en ningún momento, temerosos de lo que pudiera pasarles si molestaban al Pashik, Lord Elrick, o a su bella pero amenazante acompañante. La COMPForce era la rama militar de la COMPNOR, la Comisión para la Preservación del Nuevo Orden, y sus soldados eran fanáticos leales al Emperador por encima de sus propias vidas. Sin embargo, el soldado llegó a pensar durante el viaje que quizá un destino en combate hubiera sido mejor que escoltar al Pashik de su sección de la COMPNOR. Corrí­an rumores de que a su anterior escolta lo eliminó por haberle preguntado si necesitaba ayuda para subir a una lanzadera. Y en su corto mandato de sección, ya habí­a degradado a dos Directores de Sector por no haber demostrado suficiente lealtad al Emperador. Con mucha precaución, tragó saliba, carraspeó, y se dirigió a la parte trasera de la lanzadera.

- Milord, en unos minutos habremos llegado a la plataforma 7-A del Palacio Imperial.

Elrick asintió desde las sombras que ocultaban su mirada bajo la túnica oscura.

- Excelente, sargento Hoult. Informe de nuestra llegada.
- Sí­, milord.- respondió el sargento, saludando y volviendo a la cabina con el piloto. Una vez sentado, mientras iniciaba la comunicación con el Palacio, suspiró de alivio. Aparentemente él no correrí­a el destino de su antecesor.

La lanzadera tomó tierra con elegancia, colocando sus alas en posición de aterrizaje. Se abrió la pasarela de desembarco, y de ella salieron Lord Elrick y su acompañante, la joven Milenna Efad. Avanzaron entre formados soldados de asalto hasta llegar junto al Gran Visir Sate Pestage, que envuelto en sus ornamentados ropajes púrpura saludó a Elrick con una inclinación de cabeza.


- Pashik Elrick, le estábamos esperando con impaciencia. El Comité Selecto se reunirá mañana, y necesitamos conocer el estado de todos los sectores, incluidos los lejanos.
- No se preocupe, mi señor. Traigo el informe del sector Lok, como se me pidió.- respondió Elrick, quitándose la capucha y dejando visible su larga melena blanca.

El Gran Visir y el Pashik cruzaron las puertas de entrada al Palacio, seguidos por la respetuosa figura de Milenna.


....


La mesa del Comité Selecto formaba una semicí­rculo presidido por Crueya Vandron, uno de los más cercanos consejeros del Emperador, que alzaba en ese momento la voz para pedir silencio.


- ¡Dejemos continuar al General Nasda! Sus noticias son perturbadoras, pero mantengamos silencio mientras las relata.
- Gracias, excelencia.- agradeció el General, perteneciente a la Oficina de Seguridad Imperial.- Como iba diciendo, la OSI ha vuelto ha demostrar su valí­a interceptando los planes rebeldes de ampliar su base de reclutamiento a los planetas del Borde Exterior cercanos a la Carrera Corelliana, en el sector Arkanis. Sistemas como Ryloth, Tatooine, Geonosis o Lok. Sin duda podemosí¢€Â¦
- ¡A quién le importan esos bandidos y granjeros!- exclamó el Pashik Tralum, responsable de Onderon.- Debemos aumentar los recursos de reclutamiento y castigo en lugares civilizados, no en nidos de mynocks.
- Pashik Tralum, no vuelva a interrumpir al General Nasda o será expulsado de la reunión.- amenazó Crueya Vandron.- Sin embargo, debo admitir que aparentemente los recursos parecen mejor invertidos en sectores de mayor importancia, General.
- En ningún momento entrarí­a a cuestionar eso, excelencia. Tan solo informo de la nueva situación al Comité.- aclaró Nasda, visiblemente alterado. En realidad, conseguir interceptar esa información antes que la Inteligencia Imperial de Ysanne Isard habí­a sido todo un éxito para la OSI. No podí­a creer que el Comité no fuera a tener en consideración la información.
Elrick hizo entonces una leve seña al Pashik Hootmakel de Ryloth, que tomó la palabra.


- Caballeros, no pierdan de vista que algunos planetas como Ryloth tienen una base de población fundamentalmente no humana. Los twií¢€â„¢lek no han sido especialmente reclutados hasta ahora por la Alianza Rebelde, pero si comenzaran a involucrarse con la Rebelión, el impacto podrí­a ser considerable. La producción de Ryll continúa siendo una fuente de ingresos oculta muy importante para el Imperio, y si se escapara de nuestras manos serí­a un impacto importante.
- Acertado apunte, Pashik Hootmakel.- dijo Crueya Vandron, asintiendo.- Sin embargo podrí­a no ser suficiente razón de peso para un desví­o presupuestario.
- Si me disculpa, excelencia, quisiera hacer notar una razón más para oí­r las acertadas advertencias del General Nasda.- dijo Elrick, con su habitual máscara de amargura sobre su rostro.
- Por supuesto, Pashik Elrick. Umí¢€Â¦continúe.
- Junto al factor económico señalado por Hootmakel, no debemos subestimar el poder militar de organizaciones criminales como la de los Hutt o la de Nym en Lok. Si bien Jabba en Tatooine no es una verdadera amenaza, su capacidad de influencia en Nar Shaddaa podrí­a ser peligrosa. Al igual que la organización de Nym, que domina sin problemas el espacio de Lok. Si el enemigo lograra aliarse con pequeñas organizaciones locales en estos sistemas, el aumento de la amenaza podrí­a ser real.
- ¡Tonterí­as!- interrumpió el Pashik Tralum.- No son más que piratas sin capacidad operativa suficiente para enfrentarse al Imperio.
- Pashik Tralum, es la última vez que me interrumpe. La siguiente vez no podrá terminar su frase con vida.- dijo Elrick, sin cambiar el tono de su voz en lo más mí­nimo.
- Por favor, Pashiks. Umí¢€Â¦mantengan la calma. Prosiga.- dijo Crueya Vandron, mirando con severidad a Tralum.
- Como iba diciendo, es necesario prestar atención al informe de la OSI. Desatenderlo serí­a un grave error que el Emperador no dejará pasar sin un correspondiente castigo a los culpables. Eso es todo, excelencia.

Crueya Vandron asintió, observando el efecto que la última frase habí­a provocado en muchos Pashiks. La designación de Elrick como Pashik habí­a llegado directamente del Gran Visir, sin duda por órdenes del Emperador. Y eso hací­a que haber mencionado al Emperador fuera un golpe de efecto importante.

Tras algunas deliberaciones más, el Comité Selecto de la COMPNOR decidió comenzar un proceso de propaganda y reclutamiento en los sistemas afectados para combatir las posibles operaciones rebeldes. Junto a eso, eran necesaria vigilancia estrecha y colaboración con los Señores Criminales de la zona. En los lugares con presencia imperial más débil, como Lok, el destino de nuevos regimientos serí­a tramitado por los canales militares correspondientes.

Algunos dí­as después, Crueya Vandron conversaba con Elrick por un largo y amplio pasillo del Palacio Imperial. El albino, seguido a varios metros de distancia por Milenna, asentí­a a algo dicho por el lí­der del Comité Selecto.


- Sí­, excelencia. Sin duda el General Otto ha demostrado ser de una ineficacia notable. Si me permite la sugerencia, el Comando Corps Imperial continúa destinado en Lok, excelencia.
- Umí¢€Â¦ ¿su antiguo Comando, Pashik?- preguntó Crueya, sonriendo siniestramente.
- Sí­, excelencia.- respondió Elrick, con sus ojos amarillentos clavados en su interlocutor.
- He oí­do hablar de su oficial al mando, el Coronel Arian. Tras la gloria de casi atrapar a la flota rebelde, um, se atrevió a ofender a Lord Vader y sobrevivió. Toda una proeza, yo dirí­a mayor, um, que la de casi atrapar a la flota rebelde.
- Como sabrá su excelencia, en el pasado la División CI tuvo un glorioso expediente. La emboscada en la que caí­mos en Dantooine fue una pequeña mancha en un historial impoluto.
- Me ha convencido. Informaré de su petición al Moff de la zona, um, Pashik Elrick.- decidió Crueya Vandron, despidiéndose del albino antes de partir hacia la sala de la corte imperial.
- No se arrepentirá, excelencia. Salude a su Majestad de mi parte.- dijo Elrick, haciendo una pequeña reverencia.

Mientras el consejero continuaba hacia sus tareas cortesanas, Elrick se acercó a su discí­pula.


- En ocasiones encontrarás personas más peligrosas por su inteligencia y su maldad que por el dominio de la Fuerza o el poder militar. Este caso es uno de ellos, joven Milenna.
- Sí­, maestro. Sin embargo, no parece tan peligroso.- respondió la joven, echando una última mirada a Crueya Vandron.
- Ese hombre ha hecho que miles y miles de jóvenes prometedores entraran en la COMPForce como huérfanos, matando previamente a sus padres para convencerlos de la maldad del enemigo. Sin duda, una mente brillante como hay pocas en este lugar.

Ambos dejaron el pasillo vací­o, dirigiéndose a los aposentos que les habí­an asignado en Palacio.


....


La llamaban í¢€Å“Corazón de Hieloí¢€?, y es que habí­a pocos seres tan frí­os como la Directora de Inteligencia Imperial, Ysanne Isard. Su uniforme rojo y sus mechones blancos entre su cabellera oscura le daban un aspecto imponente. Pero lo más amenazante era su mirada. Cuando la cruzó con el albino por los pasillos de Palacio, Elrick supo al instante que esa mujer estaba en su contra. Quizá era por haber provocado que un informe de la OSI tuviera protagonismo sobre Inteligencia Imperial, o quizá era simplemente su odio hacia lo que ella denominaba í¢€Å“los juguetes del Emperadorí¢€?. Desde luego, lo que Elrick no dudó ni por un instante fue que estaba en su punto de mira. Y eso no le gustaba nada.


....


El albino se sentó con parsimonia en el cargadamente ornamentado sillón que le encaraba a un ventanal desde el que podí­a ver el oscuro cielo de Coruscant. Su habitación tení­a todo tipo de lujos, incluidos algunos que muchos granjeros del Borde Exterior seguramente no sabí­an que existí­an. Mientras cortaba un pequeño racimo de frutas de Naboo, habló en voz alta y clara, a pesar de estar solo.


- Me pregunto, mis queridos amigos, de dónde habéis sacado esas chucherí­as mandalorianas de camuflaje. Son verdaderas reliquias de tecnologí­a ya perdida en el tiempo. Imagino que quien os manda tiene acceso a muchos recursos, ¿verdad? No, no os preocupéisí¢€Â¦

Elrick continuaba mirando el ventanal, y comió una pequeña fruta del racimo.

- Me sorprende sin embargo que ella confí­e en gente tan incompetente como vosotros. Quizá me subestima. En cualquier caso, os mostraré lo que es el verdadero sigilo.

A pesar de estar perfectamente invisibles, los cazarrecompensas contratados por Ysanne Isard no daban crédito a sus oí­dos. ¿Era algún tipo de farol? ¿Le habí­an informado del ataque, y esto era algún tipo de estrategia? Por si acaso, no quisieron perder el tiempo. Uno de ellos alzó la carabina de protones y se dispuso a apretar el gatillo, apuntando al Pashik. En ese mismo instante, un haz de luz rojizo surgió de entre las sombras de una esquina de la habitación, y en una voltereta antinatural, Milenna descargó su sable láser cortando limpiamente la cabeza del cazarrecompensas, y su camuflaje mandaloriano se desvaneció al momento. Los disparos de blaster inundaron los aposentos, dirigidos hacia la joven, que con diversos giros de muñeca desvió todos hacia otro enemigo, que cayó antes de hacerse completamente visible.

Entre el torrente de disparos, el albino soltó una desagradable carcajada, mientras cortaba otra pequeña fruta.


- ¿Veis? Eso es sigilo.- dijo, mientras seguí­a admirando la oscuridad de Coruscant a través del ventanal.

Milenna empujó con la Fuerza al más grande de los dos restantes, mientras lanzó su sable contra el otro. El mercenario no podí­a comprender qué habí­a pasado, pero un sable de luz le atravesaba sus intestinos, y una ágil humana estaba saltando hacia él. Milenna pisó la cabeza del ya muerto mercenario, y recuperó su sable. El último de los cazarrecompensas disparó nerviosamente hacia la humana, pero ella no mostró la más mí­nima vacilación. Con paso lento, jugando con su ví­ctima, se acercó metro a metro a su presa, desviando cada disparo sin ningún esfuerzo. Nervioso, viendo su muerte inminente, el cazarrecompensas se arrodilló y tiró su arma.


- ¡No! ¡Por favor, perdonadme la vida! ¡Os diré todo lo que queráis! Ngggí¢€Â¦.

La mano del albino hací­a un leve gesto mientras destrozaba la garganta del último de los asaltantes. Un ruidoso sonido acabó con la tráquea del mercenario.
- No vas a decirme nada que no sepa ya.- comentó Elrick, saboreando la última de las pequeñas frutas de Naboo.- Milenna, partamos hacia Lok. Ysanne Isard ya no volverá a subestimarnos, y la próxima vez no será tan fácil. Avisa al sargento Hoult de que prepare la lanzadera.


....


El teniente coronel Didio Logan revisaba desde la ventana de la Base de CI las evoluciones de los nuevos chicos recién llegados de la Academia Imperial. Eran jóvenes dispuestos a comerse el mundo, aspirantes a convertirse en oficiales del más alto rango del Imperio. Sin duda, pensó Logan, no tienen ni idea de que si están en Lok es porque alguien ha querido castigarlos.

Uno de ellos, Paladí­n, se quitó el casco de stormtrooper para revelar una larga melena de un nuevo tinte rubio estridente, muy de moda en Coruscant. Logan apartó la mirada antes de que el otro se quitara el casco, pues ese Fary era de lo más feo que hací­a tiempo que veí­a, en un planeta lleno de desfigurados y piratas. Sin embargo parecí­a buen militar. Los dos se dirigieron a la cantina, donde les esperaban más reclutas y quizá algo de baile y bebida. Nada nuevo en Terminus.

El ruido del comunicador le saco de ensimismamiento. Era un mensaje en su datapad, sobre asuntos rutinarios. Sin embargo, se dirigí­an a él como Coronel Logan, y lo firmaban desde el Destructor Estelar del Almirante Ikt. ¿Una errata, quizá? Didio sacó su comunicador.


- ¿Byor? ¿Estás ahí­?- preguntó. Un ruido de estática era la respuesta que encontró.- ¿Byor? Ehmí¢€Â¦ ¿Coronel Arian? ¿Hay alguien?
- General Arian al habla, Didio. Y no te emociones. No sé por qué nos han restituido nuestros rangos, pero aquí­ pasa algo, y me enteraré pronto. ¿Va todo bien por allí­?
- Sí­, ehí¢€Â¦ General. Todo es correcto, y espero que vuelvas pronto porque no entiendo nada. Y encima, Nejasul se ha marchado sin avisar a nadie sabe dónde, y dicen testigos de Terminus que solo llevaba ropa de civil y unas chanclas cuando lo recogió una lanzaderaí¢€Â¦
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"Soltad al Dragón. Que él sea el heraldo de la muerte que está por venir. Que sea el primero de los Portadores de Muerte".
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