La Continua Busqueda. (Por fin terminada xD)

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Adjany

La Continua Busqueda. (Por fin terminada xD)

Mensajepor Adjany » 07 Feb 2007, 19:45

Dos años atrás se encontraba en el hermoso planeta Telos, maravillándose desde los inmensos ventanales de su hogar ante las bellas vistas de los pantanos sagrados, en su exilio.
Sin embargo no se encontraba en Telos, por mucho que intentase engañarse a sí­ mismo mirando por los ventanales de su nave, aquello no era una casa, ni lo que observaba eran unos lagos. Las vistas eran distintas, el espacio era un lugar frí­o y solitario, sentirse rodeado de tanta infinidad y soledad le agotaban. Habí­an pasado ya veintiocho meses desde su deserción y solo lo atormentaba una cosa; la búsqueda de su hija. Según las ultimas investigaciones el lugar exacto donde la Corbeta del tipo í¢€Å“Corelliaí¢€? cayo bajo el fuego enemigo de los Cazadores de Recompensas era ese, solo habí­a dos planetas cercanos, uno quedaba descartado por su poca proximidad a las coordenadas y por su alta densidad de población inteligente; Si algún tipo de nave o cápsula hubiese alcanzado tal planeta a los pocos dí­as habrí­a arribado la Ciudad Imperial sin ningún tipo de problema. Sin embargo el otro planeta, era distinto pero de escasas posibilidades al igual que el anterior, habitado por múltiples razas de depredadores aliení­genas no-inteligentes, nadie habrí­a podido sobrevivir más de un mes en ese selvático y peligroso planeta.
Aun así­, él insistí­a en seguir buscando y sus hombres le eran fieles, harí­an cualquier cosa por él desde lo ocurrido en aquel incidente en el sector Dressel, donde hubo un pequeño altercado con varios destructores Imperiales, John Adjany era buscado por el Imperio por alta traición y asalto de uno de sus astilleros, del que se llevo dos destructores clase í¢€Å“Imperialí¢€? y dos destructores clase í¢€Å“Victoriaí¢€?, con esta pequeña flota de combate, pocas naves podí­an representar una amenaza, excepto por el factor tiempo, Adjany carecí­a de astilleros en los que reparar su flota y el Imperio tenia multitud de ellos, en esa emboscada en el sector Dressel los destructores clase í¢€Å“Victoriaí¢€? se vieron seriamente dañados y fueron entregados a la Alianza con aun razones desconocidas.
John salvó a dos jóvenes asistentes de vuelo del destructor insignia de su flota, el í¢€Å“Hardtroní¢€? cuando un impacto turbo láser golpeó contra el puente de mando y alcanzó el blindaje interior, la sección comenzó a cerrarse debido al sistema de seguridad, exponiendo a los dos jóvenes al vacio, Adjany saltó al interior de la sección y arrastró a los dos jóvenes hasta lugar seguro salvándolos de una muerte segura, en ese momento demostró a sus hombres que no era un alto mando como los demás, que en él se podí­a confiar para combatir tanto como para debatir, no era un alto rango que solo daba ordenes, el se desviví­a por sus hombres tanto como ellos se desviví­an por él. Los miembros mas jóvenes de la tripulación admiraban a John por ser un hombre de armas tomar, por decir las cosas claras y a la cara y por ser un hombre tan sencillo como ellos.
La amenaza Imperial no habí­a cesado en ningún momento, habí­an sido veintiocho meses de múltiples combates y huidas en el frí­o espacio, solo unos pocos miembros de la Alianza Rebelde conocí­an la suerte de las fuerzas desertoras imperiales de Adjany y no confiaban en ellas.
El turno de noche estaba finalizando en el í¢€Å“Hardtroní¢€? y John llevaba horas sin descansar, su mirada fija en el planeta que tení­an justo enfrente, llevaban veintidós horas en la orbita de un planeta conocido como Anoth, un planeta múltiple que orbitaba alrededor de un pequeño Sol blanco, formado por tres partes que probablemente en un futuro no lejano colisionasen convirtiéndose en polvo estelar; no-colonizado debido a su falta de materias primas y a su inestabilidad. Adjany continuaba con la mirada fija en el planeta, apenas parpadeaba y los oficiales del puente de mando dudaban en si respiraba o no. Al fin el capitán del í¢€Å“Hardtroní¢€? Narios, interrumpió las divagaciones de Adjany.

- Señor, los droides sonda no han percibido ninguna señal de vida en la superficie del planeta.
- Sigan buscando, Capitán. í¢€â€œ dice balanceándose í¢€â€œ Mi hija esta en ese planeta, manden un par de lanzaderas de asalto con tropas de exploración, no confí­o en los androides.
- Sí­ señor. - susurra el capitán retirándose para dar las ordenes convenidas.

La mirada de John no se desviaba del planeta absolutamente para nada, las múltiples interrupciones del capitán Narios y otros oficiales no creaban ningún tipo de distracción para el antiguo senador. Finalmente tras horas de preparación, las Lanzaderas de Asalto con un contingente de soldados e ingenieros para la preparación de la base prefabricada partieron hacia el fragmento más estable del planeta, solo en ese fragmento era posible mantenerse con vida, pues era el único que poseí­a atmósfera respirable para los humanos.
En el momento que las lanzaderas comenzaron a aparecer por el ventanal del puente de mando del Destructor, John bajó la mirada y se trasladó al lado de la consola de Mando donde se encontraba el capitán Narios dando las requeridas ordenes.

- Aquí­ lanzadera í¢€Å“Paliniumí¢€?, - la comunicación era clara í¢€â€œ procedemos a entrar en la atmósfera del planeta.
- Muy bien lanzadera í¢€Å“Paliniumí¢€?, manténganse alerta, no conocemos la metereologia del planeta. í¢€â€œ replica Narios.
- Señor, los sensores de la nave detectan tormentas eléctricas, - comunica el piloto de la lanzadera í¢€â€œ quizá sea arriesgado tomar tierra en estos momentos.

John tomó asiento en su puesto de mando unos metros mas atrás del capitán en una sección más central en el puente, no habí­a ningún tipo de panel de control, solo un sillón con múltiples pulsadores en los reposabrazos. Este pulsó un botón azul al limite del reposabrazos izquierdo.

- Lanzadera í¢€Å“Paliniumí¢€?, - replica Adjany í¢€â€œ regreso a casa aceptado, esperaremos finalicen las tormentas, no quiero sufran daños.
- Recibido señor, - suspira el piloto í¢€â€œ aquí­ lanzadera í¢€Å“Paliniumí¢€? a todos los equipos de rescate, operación abortada; repito operación abortada, regresamos a casa.

En el puente de mando se armó un pequeño revuelo entre los oficiales, no parecí­an estar de acuerdo con la decisión del ex senador.

- Señor permitame, - insinua Narios í¢€â€œ pero opino que deberí­amos haber proseguido la operación de búsqueda, las lanzaderas de asalto están preparadas para las tormentas eléctricas.
- Sí­ capitán; sé que los blindajes de las lanzaderas están en condiciones de soportar descargas eléctricas, pero no conocemos el planeta. í¢€â€œ responde John í¢€â€œ Quizá las tormentas de este planeta, sean más peligrosas que las tormentas a las que estamos acostumbrados y como ya le mencione no pienso permitir que ningún hombre muera en mi capricho por encontrar a mi hija.

El puente fue cobrando silencio conforme Adjany hablaba, estaban interesados en la respuesta hacia el capitán por esa insubordinación, cuando terminó de hablar todos volvieron a sus trabajos, entendí­an esa contestación de John, él no era militar, era un civil y como tal se preocupaba por todos y cada uno de sus hombres, al contrario que los militares imperiales que como habí­a demostrado Narios en ese mismo momento, lo primero para ellos era la misión.
Las lanzaderas regresaron y fue enviado un caza pilotado por un androide para que se internase en las capas altas de la atmósfera escaneando el planeta para detectar el fin de la tormenta, una vez finalizó, las lanzaderas volvieron a ponerse en marcha hacia el único fragmento habitable de Anoth.

- Lanzadera í¢€Å“Paliniumí¢€? a í¢€Å“Hardtroní¢€?, - informa el piloto í¢€â€œ la humedad del planeta es alta, temperatura treinta y siete grados estándar, múltiples bosques selváticos en el ecuador del planeta, los polos están helados, en el hemisferio norte hay lo que parece ser una edificación antigua, nos dirigimos hacia allí­.
- Muy bien Lanzadera í¢€Å“Paliniumí¢€?. í¢€â€œ contesta Narios. í¢€â€œ Informe cada treinta minutos, cerramos la comunicación.

John permanecí­a sentado en su sillón jugueteando con algo en su mano, un pequeño holoproyector del tamaño de un crédito imperial. Una vez finalizó de juguetear con él y percibiendo el acercamiento del capitán lo guardó en el bolsillo de su chaqueta.

- Señor, las lanzaderas han detectado lo que podrí­a ser una antigua edificación de algún tipo de civilización. í¢€â€œ interrumpe í¢€â€œ He ordenado se dirijan hacia allí­ para rastrear la zona y establecer la base en tierra.
- Muy bien capitán, - responde John í¢€â€œ parece un buen sitio para comenzar la búsqueda y descubrir si hay algún tipo de vida en el planeta, aun así­ no creo que mi hija se encuentre cerca de esa estructura.
- ¿Cómo dice señor? í¢€â€œ pregunta Narios dubitativo.
- Capitán, regla 32 í¢€â€œ A del entrenamiento militar imperial para la supervivencia. í¢€â€œ responde nuevamente John mirando a los ojos del capitán.
í¢€â€œ En caso de hallarse en un planeta desconocido y/u hostil, mantenerse alejado de todo tipo de estructuras o ciudades. - replica este poniéndose firme al mismo instante que John sonrí­e.

El capitán asintió en silencio mirando a Adjany directamente a los ojos serio y pensativo, al cabo de unos segundos sonrió y se dirigió a su puesto un poco más adelante permitiendo a Adjany volver a sus juegos con el holoproyector, este lo sacó de nuevo del bolsillo de su chaqueta sonriendo y lo activó dejando ver la figura de su hija cuando apenas era un bebe y su esposa ya fallecida, el gesto de su cara cambió y en un suspiro lo desactivó cerrando los ojos.

Era un nuevo dí­a en el destructor estelar imperial í¢€Å“Hardtroní¢€?, un cansado John Adjany permanecí­a sentado en su sillón de control en el puente, rodeado de preocupados oficiales que debatí­an a hurtadillas cuanto más aguantarí­a su lí­der sin descansar. Hacia unas horas que la base prefabricada ya estaba preparada en el planeta Anoth, John se trasladarí­a en su transporte dentro de unos minutos y se negaba a descansar hasta llegar a la misma y comprobar que todo estaba perfecto.

-Señor, su lanzadera esta lista, - sentencia el capitán Narios - partirá en el momento que usted desee.
-Gracias capitán. - responde John - Partiremos ahora mismo, empiezo a estar cansado, me gustarí­a descansar unas horas antes de comenzar la búsqueda en tierra.
-Suerte señor, estaremos vigilando desde la orbita. - se despide Narios mientras Adjany se levanta de su asiento.
-Gracias nuevamente capitán. - contesta John abrochándose la chaqueta - Espero no haberme equivocado otra vez, estoy absolutamente convencido de que mi hija se encuentra en ese planeta. í¢€â€œ termina con una cansada sonrisa mientras sale del puente.

La lanzadera clase í¢€Å“Lambdaí¢€? se encontraba en el hangar de lanzaderas con su pulido casco blanquecino impecable y los motores calentándose, John de un ágil salto pasó la rampa de acceso y se sentó en su asiento delante de dos soldados de asalto con sus armaduras en un brillante color grisáceo, con un ligero impulso esta despegó en dirección a Anoth. Una pequeña turbulencia anunció a los ocupantes la entrada en la atmósfera del planeta, segundos más tarde Adjany apreciaba por la pequeña ventana de cristal acero; Altos bosques que casi rozaban las alas inferiores de la nave, al fondo una inmensa y nevada montaña que padecí­a una tormenta eléctrica de las más fieras que él jamás habí­a visto en toda la galaxia, más y más terrenos boscosos, una inmensa llanura con mamí­feros cuadrúpedos de largo cuello al parecer herbí­voros pues se alimentaban de las copas de los árboles. Se detuvo a observar un pequeño mamí­fero que al parecer acechaba a la manada de herbí­voros, con aspecto felino, uno solo de esos felinos no podrí­a con una bestia como la que estaba acechando, Adjany dudaba que tuviera alguna posibilidad, pero mientras él meditaba sobre aquello aparecieron alrededor de ocho más, entre los nueve tras unos segundos de combate redujeron a la alta criatura y acabaron con su vida. John apartó la mirada, se centró en la edificación que aparecí­a a su izquierda unos kilómetros más allá de la escena de caza que habí­a observado. Era al parecer antigua, tenia el aspecto de un palacio o de una fortaleza con al menos dos kilómetros cuadrados de longitud y uno y medio de altura. Su cara de asombro le delataba, nunca habí­a visto un edificio antiguo tan inmenso como aquel, esa estructura no era humana y los grandes edificios que él conocí­a no eran tan antiguos como aquel ni por asomo. La lanzadera terminó su aproximación y aterrizó en la llanura donde se encontraba la base establecida por el grupo comandado por Nerxus. Lo primero que John ordenó cuando saltó de la plataforma de acceso de la lanzadera fue una muestra de roca de la estructura, para datar el edificio. Tras observar que la base estaba en perfecto estado y los transportes y las motos deslizadoras no tení­an problemas para habituarse a la humedad del planeta se retiró a descansar unas horas.
Pasó cuatro horas en su compartimento privado, tres de ellas durmió y la ultima anduvo dando vueltas de un lado para otro, el comandante de las tropas de asalto Aleth Nerxus distrajo su atención durante unos minutos justo antes de partir en búsqueda de Elysa.

-Señor, - dice Nerxus mientras cruza la compuerta - creo conveniente se equipe con esta armadura de alta resistencia por si nos vemos en algún tipo de situación peligrosa.
-No se preocupe comandante, - afirma Adjany - no he llevado nunca un aparato de esos sobre mi, y no creo que sea el momento de comenzar a utilizarlo.
-Es por su bien, señor. - insiste Nerxus - Las armaduras de soldado de asalto son capaces de soportar un impacto de blaster.
-Conozco las capacidades de las armaduras imperiales comandante, - increpa John - pero no creo que ninguna criatura de este planeta saque un blaster e intente matarme con él.
-Es por su seguridad, señor. - replica el comandante.
-Lo sé Nerxus, lo sé. - responde Adjany - Pero ¿confiarí­a usted en un polí­tico que viste armadura de soldado y va armado con un rifle blaster?
-No lo creo señor. - sonrí­e el comandante.
-Por eso mismo no me la voy a poner hijo. - sentencia John devolviéndole la sonrisa. - Ahora vayamos a visitar este planeta, ardo en deseos de conocerlo más a fondo. - concluye siguiendo a Nerxus hacia la salida.

Las motos deslizadoras habí­an sido dispersadas en patrullas de dos soldados y se dirigí­an hacia todas las direcciones desde el punto nombrado como Cero. Adjany tomó asiento en la parte trasera de un aerodeslizador de Mando con Nerxus y una teniente a su lado, nada mas tomar asiento el deslizador se puso en marcha hacia la zona sur del planeta.

- Comandante, ¿qué tipo de terreno es el que vamos a contemplar? - increpa John curioso mirando por el ventanuco de cristal acero.
- Nos dirigimos hacia el sur del planeta, donde hay un cañón rocoso y unas dunas, hemos localizado vida animal en la zona, parece un buen sitio para sobrevivir, el cañón esta parcialmente protegido de las tormentas que como habrá comprobado no son nada semejante a las que hasta ahora conocí­amos. - relata Nerxus prácticamente sin respirar - Es posible que si la diplomática Adjany se encontrase en este planeta, esa fuese su posición.
- Sí­, comandante. - contesta Adjany - Mi hija estuvo varios años en él ejercito imperial, moví­ unos hilos para que ingresase en la Captación Obligatoria del Imperio, fue entrenada por los mejores, si esta aquí­, estará en el sitio mas propicio para la supervivencia. - termina.
- Señor, con mi más absoluta sinceridad, - la teniente se introduce en la conversación - si yo estuviese en el lugar de su hija, me habrí­a ocultado donde vamos a buscar en estos momentos.
- Eso me tranquiliza, teniente Ephel. - sonrí­e John - Pero estaré aun más tranquilo cuando la encontremos.
- Lo haremos, señor. - sentencia Nerxus - Lo haremos.

El silencio se hizo en el deslizador cuando se comenzó a vislumbrar en el horizonte el cañón del que Nerxus habí­a hablado, múltiples bí­pedos con cabeza de coyote corrí­an espantados por el aerodeslizador, el piloto propuso una pasada rápida por todo el cañón para ver si los sensores detectaban algo extraño y una vuelta atrás a mí­nima velocidad para hacer un reconocimiento visual.
El comandante afirmó al ver a Adjany asentir dando la orden como valida. El deslizador cruzó el cañón con sus sensores enfocados hacia todas partes sin nada en sus pantallas.
Llegando al final del cañón, justo al pie de una nevada montaña cuando el deslizador se preparaba para dar la vuelta y cualquier esperanza estaba planteando serias dudas, la teniente atisbó un destello en el horizonte. Como si el blanco sol que iluminaba el planeta hubiese sido reflectado en algún objeto metálico.

- Señor me ha parecido ver algo al noroeste, - increpa ella - no una figura, sino un destello.
- Piloto, pare los motores y abra la compuerta. - ordena John

El piloto lanzó una mirada al comandante Nerxus que encogiéndose de hombros asintió, mientras John seguido por la teniente se levantaban y aproximaban a la puerta, el piloto paró los motores y un leve balanceo se adueño del deslizador por unos segundos, la compuerta descendió silenciosamente; Adjany y la teniente bajaron seguidos por los cuatro soldados que iban en la parte trasera del vehí­culo. John cogió sus macrobinoculares y señalo el horizonte haciendo una muda pregunta a la teniente que asintió afirmando la posición. Con los ojos semicerrados por el molesto brillo con el que el sol ataca a las personas de ojos claros como él, incrustó la cara en la herramienta óptica graduando la distancia.

-Es cierto, - responde sin apartar la vista del horizonte - Allí­ hay algo metálico, podrí­a ser una cápsula de escape de alguna nave o una roca de mineral.
-Vayamos hacia allí­ y lo descubriremos señor, - propone la teniente Ephel - no parece estar lejos, un kilómetro a lo sumo, quizá dos.
-Si, - asiente John - es una buena idea teniente vayamos, pero caminando.

Los soldados de asalto y el comandante Nerxus siguieron a John y la teniente que caminaban un par de metros mas adelante mientras los pilotos cuidaban del deslizador. Adjany comprobaba que llevaba su comunicador en la solapa de la chaqueta y su pistola bajo el hombro izquierdo, la teniente introducí­a una carga energética en su arma ya desenfundada.

Toda precaución era poca para ellos en ese planeta despoblado que al parecer no era hostil, pero más valí­a prevenir que curar. Unos treinta minutos tardaron en acercarse al lugar donde la teniente habí­a percibido aquel destello y efectivamente se trataba de una cápsula de escape bastante oxidada por la humedad del planeta, el comando se acercó cautelosamente por ambos lados, el comandante Nerxus apuntando con su rifle de repetición hacia la compuerta hizo un gesto a uno de los soldados para que soltasen la esclusa y se abriese la compuerta.
Vací­o. Solo un droide astromecánico en los mandos de la cápsula, varios botiquines de emergencia y cargas de energí­a gastadas en el suelo. El droide parecí­a no tener energí­a, solo habí­a una forma de averiguar quien escapó en la cápsula y el único testigo no tenia energí­a para contar lo sucedido, los miembros del comando pasaron unos minutos pensando. Hasta que al parecer a Adjany se le ocurrió una idea.

- Teniente deme una de sus cargas energéticas, - pide John í¢€â€œ creo que podremos hacer algún arreglo con ella.
- Si señor, - obedece la teniente sacando una de sus cargas energéticas de una cartuchera situada a la izquierda de su cinturón. í¢€â€œ Tome señor.

Adjany cogió unas herramientas que se encontraban desparramadas por el suelo de la cápsula, mientras el resto de miembros del comando miraban curiosos. Trasteó con ellas durante unos minutos sobre la carga energética, dudó y volvió a trastear en ella, se acercó al androide y la insertó en su cavidad torácica suplantando la antigua.

- Las cargas energéticas de los droides son similares a las de las armas de energia, el tamaño es idéntico, pero los anclajes son diferentes, lo que he hecho deberí­a ser suficiente como para que el droide se active, - comenta mientras inserta la carga en el hueco í¢€â€œ o eso espero. í¢€â€œ concluye sonriendo mientras activa el droide.

El droide comenzó a girar la cabeza de un lado a otro mientras emití­a una infinidad de pitidos, los asombrados soldados aplaudieron a Adjany, mientras el comandante observaba sonriendo. Antes de que nadie dijese nada, el droide reprodujo una filmación. El holograma azulado comenzó a tomar forma de humano, era Elysa Adjany, la habí­an encontrado. Se encontraba en el planeta.

- Diario de a bordo, han pasado diez dí­as desde el aterrizaje forzoso en este planeta, - comienza el holograma í¢€â€œ he divisado una fortaleza antigua en el sudoeste del planeta, hay un gran cañón al parecer bastante seguro, pero no puedo arriesgarme, pienso internarme en la jungla situada al noroeste de la cápsula de escape.

John miraba el holograma serio, no creí­a lo que veí­a, habí­a encontrado a su hija, aunque no sabia si todaví­a estaba con vida, algunos soldados expresaban su alegrí­a con gritos de victoria mientras la teniente y el comandante lanzaban una mirada a la jungla.

- Si alguien esta viendo esta transmisión informarle de que R9 y yo cartografiamos la zona donde se encuentra la cápsula y donde me cobijo de las tormentas y depredadores del planeta, el mapa esta en su memoria, por favor les suplico me saquen de aquí­. í¢€â€œ concluye apagándose el holoproyector.
- Bien, hemos encontrado algo, - sonrí­e Nerxus í¢€â€œ su hija esta en el planeta y el androide tiene la localización exacta de su posición; Solo tenemos que encaminarnos hacia allí­.
- Si, - sentencia Adjany serio í¢€â€œ comuní­quense con el deslizador, que avisen al punto Cero de las coordenadas de la cápsula y manden un par de equipos, dí­ganles que nosotros vamos a internarnos en la jungla.
- Sí­ señor. í¢€â€œ Contesta un soldado diligentemente mientras apartándose abre la comunicación.

La sensación de humedad calaba los huesos del ex senador imperial mientras se internaban en la densa jungla, hacia calor, los soldados continuaban caminando unos pasos más adelante seguidos por la teniente Ephel y Nerxus, Adjany iba algo mas rezagado mirando hacia todos lados, sentí­a curiosidad por todo tipo de fauna y flora, le gustaba aprender de sus errores y de todo lo que estaba a su alrededor, cada árbol, cada criatura, para él eran un mundo nuevo, sus movimientos, las formas de sus hojas, todo en si mostraba algo de interés para él.
John llevaba unos minutos escuchando ligeros chasquidos por todas partes, a su izquierda, tras ellos, a la derecha y enfrente, hacia caso omiso de ellos, dado que su experiencia en campo de batalla era prácticamente nula, él siempre estaba en una nave o en un transporte, sino estaba en la seguridad de una ciudad, como los soldados no parecí­an darle la más mí­nima importancia, por que se la iba a dar él.
El pequeño grupo terminó deteniéndose en una pequeña llanura rodeada de árboles.

- Este parece un buen sitio para descansar. í¢€â€œ Inquiere el comandante mientras se sienta en una roca í¢€â€œ Los sensores no detectan absolutamente nada. í¢€â€œ Termina mirando una pantalla que lleva en la mano.
- Quizá se internó más en la jungla por algún tipo de peligro, - susurra John mientras se acerca a la pantalla que Nerxus sujeta en sus manos. í¢€â€œ ¿Hacia el este quizá? í¢€â€œ finaliza haciendo una señal.
- Si puede ser, - replica el comandante í¢€â€œ un momento, detecto algo alrededor de nosotros, son dos formas de vida.
- ¿Dirección? í¢€â€œ Pregunta Adjany mirando a los lados mientras desenfunda su arma.
- Sudeste. í¢€â€œ Afirma Nerxus í¢€â€œ ¡No, sudoeste, también en el norte y en el nordeste! í¢€â€œ Exclama soltando el sensor.

Mientras el comandante se mantení­a ocupado cargando su rifle, los soldados y la teniente Ephel mantení­an la mirada en la jungla que les rodeaba, algo habí­a acechándoles, Adjany recordó los chasquidos, llevaban siguiendoles desde la cápsula, eso no olí­a nada bien.
Una manada de felinos idéntica a la que Adjany habí­a observado horas antes al aterrizar en el punto Cero saltó sobre la pequeña explanada y se abalanzó sobre dos de los soldados de asalto que fallaron varios disparos entre gritos de dolor. Los otros dos soldados disparaban a los felinos, llamaron su atención justo cuando uno de ellos fue abatido entre el fuego de energia, quedaban tres felinos y ya habí­an perdido a dos soldados. La lucha continuaba, Adjany se cruzó en el camino de uno de los felinos que se abalanzaba por la espalda de la teniente, un puñetazo en la mandí­bula lo derribó y centró su atención sobre él; Varios disparos certeros en el torso del animal acabaron hiriéndolo de muerte, John asintió hacia el comandante en modo de agradecimiento justo cuando otro de los felinos lanzó un zarpazo sobre su hombro desgarrando la piel, dolorido se recostó sobre una de sus rodillas mientras el comandante disparaba una ráfaga sobre el depredador que caí­a al suelo muerto. Solo quedaba una de las bestias y se disponí­a a huir a pesar de que los soldados de asalto no pensaban ponérselo fácil y continuaban disparando, los dos salieron corriendo tras él farfullando y maldiciendo al animal.

- ¡No lo persigáis! í¢€â€œ gruñe John corriendo tras los dos soldados seguido por el comandante y la teniente í¢€â€œ ¡Es su naturaleza, déjenlo ir!

Adjany se sentí­a ignorado mientras seguí­a corriendo tras sus hombres de los que habí­a perdido totalmente el control. Instantes más tarde mientras corrí­a escuchó dos golpes secos, seguidos de alaridos. Se acercó hacia donde habí­a escuchado los golpes en silencio con cuidado de no ser descubierto, atisbó las piernas de uno de los soldados, continuó acercándose por uno de los laterales y vió al otro soldado un poco más adelante. Parecí­an inconscientes que podí­a haberles hecho eso, desde luego el felino no, continuaba meditando hasta que notó el cañón de una pistola en su nuca, su primera reacción levantar las manos, la segunda intentar conversar con aquel que le apuntaba.

- Lamentamos haberle molestado, - comienza John sin mirar atrás en un solo momento í¢€â€œ solo estamos en su planeta de paso, nos iremos en cuanto encontremos lo que hemos venido a buscar. Soy John Adjany, diplomático Imperial. í¢€â€œ Finaliza esperando una contestación amable por parte de su interlocutor.
- No puede ser, - replica una artificial voz í¢€â€œ no és quien dice ser.
- Si me permite darme la vuelta, le mostrare gustoso mi identificación imperial. í¢€â€œ Continua Adjany algo molesto por no creerle.
- Mi padre murió hace ya veintiséis años, así­ que no es necesario se identifique. í¢€â€œ Gruñe la voz de nuevo í¢€â€œ No sé que tipo de broma es esta, pero si han venido a rescatarme no lo hagan haciéndose pasar por él.
- ¿Elysa? í¢€â€œ Pregunta John girándose í¢€â€œ Soy yo. Hace veintiséis años me vi obligado a exiliarme a Telos, haciendo creer al Senado que estaba muerto.

Elysa dudó, ese hombre era idéntico a su padre, pero algo más viejo que los hologramas que tenia de él, unos minutos de conversación en la que se resumió todo lo sucedido durante veintiséis años terminó por convencerla, ese hombre sabia cosas que solo un padre o un psicópata podí­a saber. Fechas, edad, enfermedades padecidas, los años que se dedico a estudiar polí­tica y su integramiento en él ejercito imperial, era su padre. Se abalanzó sobre él dándole un fuerte abrazo, John se quejó del hombro pero no lo expreso dado que no deseaba que su hija dejase de abrazarle. Los soldados comenzaron a levantarse, justo cuando el comandante y la teniente aparecí­an tras ellos. Ahí­ estaba su hija, una diplomática Imperial sobreviví­a durante treinta y dos meses en un planeta. Vestí­a las perneras y botas de una armadura de soldado de asalto, los brazos y las manos las llevaba descubiertas, un casco casi destrozado y armada con un rifle E-11 y una pistola D-18.
Tenia muchas cosas que contarles sobre el planeta, como habí­a sobrevivido, donde se habí­a refugiado. Elysa se disculpó con los soldados por los golpes y explicó el porque de la defensa del felino, retrocedieron hasta la cápsula de escape y se comunicaron con el punto Cero.
Un par de horas mas tarde, John se encontraba con su hija ya aseada charlando en el perí­metro de la antigua estructura.

Tras un largo paseo ambos se detuvieron frente el horizonte y en silencio observaron el bello atardecer, el blanquecino sol se ocultaba tras las montañas despidiendo unos rayos púrpura que teñí­an el horizonte.

- Me alegra haberte encontrado, mis esperanzas se agotaban con este planeta. í¢€â€œ susurra John tendiendo un brazo por encima de los hombros de su hija.
- A mí­ me alegra que estés vivo, pero después de veintiséis años, podí­as haber aparecido antes. í¢€â€œ farfulla ella pasando su brazo por la cintura de Adjany.
- No podí­a hacerlo, - responde John mirando a los ojos de Elysa í¢€â€œ mi vida corrí­a peligro y no era solo eso, tenia miedo de que si yo volví­a, la pagasen contigo como hicieron...
- ¿Cómo hicieron? í¢€â€œ Pregunta ella - ¿A qué te refieres?
- Yo estuve cuidando de ti durante estos veintiséis años, también colabore en la formación de otro diplomático del CDI. í¢€â€œ explica John mientras continuaban andando agarrados í¢€â€œ Una mente perfecta para la diplomacia, muy parecida a la tuya. Por eso me encargue de que continuase sus estudios y dejase el Ejercito, como contigo. í¢€â€œ termina con una sonrisa.
- Vaya. í¢€â€œ Comenta ella.
- Tu madre murió en un atentado dirigido a mi, temí­a que si descubrí­an que aún viví­a, lo pagasen contigo.
- Ahora juntos podremos servir al Imperio con honor y orgullo, siempre he querido hacerlo lo mejor posible, pensando que así­ estarí­as orgulloso de mi allá donde estuvieses. í¢€â€œ sonrí­e Elysa mirando a John a los ojos.
- Sí­ bueno; - responde John con voz ahogada í¢€â€œ eso no es así­, he hecho cosas que no me gustó hacer, pero era mi trabajo, ahora el Imperio ha cambiado mucho; Cuando llegues a Coruscant ya te pondrás al dí­a. í¢€â€œ termina cuando llegan a la entrada de la base. í¢€â€œ Ahora tienes que descansar, en unas horas saldremos del planeta y cuando lleguemos al í¢€Å“Hardtroní¢€? partiremos hacia Coruscant.
- Muy bien, padre... í¢€â€œ responde Elysa sonriendo í¢€â€œ Que descanses. í¢€â€œ se despide con un beso en la mejilla.

John continuó andando camino de la sala de mando del punto Cero, cuando terminó de cerrarse la compuerta del compartimento de su hija. Allí­ estaban el comandante Nerxus y la teniente Ephel hablando sobre algo que a John seguro no le iba a interesar.

- Comandante, - dice í¢€â€œ prepare a los equipos, nos vamos.
- Si señor, - responde el comandante í¢€â€œ hemos datado la roca de la construcción, esta fechada en unos diez mil años ABY, he pedido al í¢€Å“Hardtroní¢€? enví­en unos cientí­ficos, y solicito permiso para quedarnos aquí­ a estudiar la estructura.
- Muy bien, - inquiere John í¢€â€œ permiso concedido, tengo interés en este edificio, es muy antiguo me gustarí­a saber quien lo construyo. í¢€â€œ termina retirándose a sus aposentos.

Horas mas tarde ya en el í¢€Å“Hardtroní¢€? seguí­an viajando por el hiperespacio con rumbo a Coruscant o Centro Imperial depende quien lo nombrase, para John siempre habí­a sido Coruscant, se negaba a llamarlo Centro Imperial, sin embargo para Elysa era Centro Imperial. Y los dos diplomáticos, padre e hija mantení­an una ardua discusión en el puente sobre el nombre del planeta. Los oficiales del puente hací­an caso omiso a los dos familiares, dado que no les interesaba en absoluto la discusión.
Una leve turbulencia anunció la salida al espacio real, el astrogador comunicó las coordenadas eran exactas y allí­ estaba, el planeta completamente edificado se encontraba enfrente, la fuerte seguridad del planeta dejó anonadado a John, habí­a tres destructores a unos pocos kilómetros de su posición. Con cara de preocupación se acercó al capitan, Elysa seguí­a en un ventanal mirando el planeta, sus ojos azules brillaban. Se acercó al oficial de comunicaciones y habló con él. John se percató de lo que pretendí­a su hija y corrió para impedí­rselo.

- No. í¢€â€œ ordena John í¢€â€œ No abra la comunicación, sargento.
- ¿Cómo que no? í¢€â€œ pregunta Elysa extrañada í¢€â€œ Tenemos que dar la clave de acceso a las naves de la orbita para poder acceder al planeta.
- Si hija mí­a, lo sé í¢€â€œ le responde John serio í¢€â€œ pero no tenemos clave de acceso.
- ¿Cómo? í¢€â€œ se extraña ella í¢€â€œ Todas las naves imperiales tienen clave de acceso sobretodo los destructores de la clase D.
- Si mi vida, pero nuestra clave de acceso no es valida. í¢€â€œ Gruñe John í¢€â€œ No te lo puedo explicar ahora, simplemente confí­a en mi. í¢€â€œ finaliza con una sonrisa.

A Elysa le resultaba extraño todo esto; ¿Que demonios estaba pasando en el í¢€Å“Hardtroní¢€??
Fuese lo que fuese era muy raro que la clave de acceso no fuese valida. Se sentó en una consola de comunicación desocupada y buscó información sobre las claves de acceso, mientras tanto la enorme pantalla de comunicación se encendió y en ella apareció un conocido mando imperial, el general Kyp Drost.
Elysa se levantó de la consola mirando la pantalla; El general no vio a la joven, la mirada parecí­a fija en John.

- Vaya, si es John Adjany. í¢€â€œ comienza con su frialdad habitual - ¿Qué hace un hombre buscado por el Imperio como usted en el Centro Imperial?
- General Drost, vengo a entregarles algo. í¢€â€œ responde John ignorando el sarcasmo del general í¢€â€œ He encontrado a mi hija, vengo a traerla de nuevo a Coruscant.
- ¿Que es eso de buscado por el Imperio? í¢€â€œ pregunta Elysa apareciendo en pantalla.
- Señorita Adjany; í¢€â€œ contesta el general frí­amente í¢€â€œ Me alegra verla con vida, veo que no esta informada de la orden de búsqueda y captura que el Imperio tiene sobre su padre por traición y asalto a naves imperiales.
- ¿Es eso cierto? í¢€â€œ inquiere Elysa mirando a su padre - ¿Has traicionado a tu régimen y asaltado naves imperiales?

John se mantení­a alejado con la mirada fija en su hija, sus ojos desprendí­an dolor, ella seguí­a en pie mirándole fijamente con pequeñas lagrimas escapando por sus mejillas esperando una respuesta.

- Sí­. í¢€â€œ responde al final bajando la mirada í¢€â€œ El Imperio se negó a continuar buscándote, me mantení­an ocupado dirigiendo el G.d.C. del Cuerpo diplomático, pero yo tenia información que me decí­a seguí­as con vida, tras varias negativas me canse y decidí­ ir a buscarte.
- Esto no puede ser. í¢€â€œ Gruñe ella con más lagrimas en sus ojos í¢€â€œ Necesito salir de aquí­.
- Hija, - susurra John í¢€â€œ entiendo que en estos momentos me odies, pero ten en cuenta que lo hice solo por encontrarte.
- Basta. í¢€â€œ replica Elysa í¢€â€œ Has traicionado a todo en lo que creí­a; Me es igual que fuese por mí­ o por quien sea, los ideales no deben cambiar por una persona.

John se sentó vencido en su sillón, el general Drost esbozaba una casi imperceptible sonrisa y Elysa salí­a del puente corriendo.

- Sargento sí­gala. í¢€â€œ ordena el capitán Narios.
- Sí­, señor. í¢€â€œ obedece el sargento mientras corre tras ella.
- Muy bien general, - dice John í¢€â€œ ha ganado, mi hija me odia. ¿Que más quiere?
- Quiero que se entreguen, serán juzgados y pagaran por sus actos, pero prometo seremos indulgentes con ustedes.
- Eso jamás general, conozco la indulgencia del Imperio. í¢€â€œ replica John í¢€â€œ Y prefiero morir con honor, a morir arrodillado.
- Señor, - el sargento interrumpe la conversación por el comunicador í¢€â€œ la diplomática Adjany ha salido de la nave en la lanzadera del senador.
- Maldita sea. í¢€â€œ Gruñe Narios í¢€â€œ Tráiganla de nuevo con los rayos tractores.
- No, - ordena John í¢€â€œ déjenla ir.
- Pero señor. í¢€â€œ inquiere el capitán í¢€â€œ Es su hija.
- Por eso Narios. í¢€â€œ responde Adjany í¢€â€œ Esta furiosa, sino la dejo ir, se enojara más.

Varios impactos de turbo láser hicieron diana en el í¢€Å“Hardtroní¢€? el general Drost lanzó un ultimátum contra ellos o se entregaban o serian destruidos, la lanzadera clase í¢€Å“Lambdaí¢€? de John estaba atracando en el í¢€Å“Desoladorí¢€? la nave insignia de Corps Imperial. John ya no sabia que hacer, ordenó activasen los escudos deflectores y se preparasen para el combate. El í¢€Å“Desoladorí¢€? continuaba disparando contra el í¢€Å“Hardtroní¢€?, habí­an recibido daños, los escudos deflectores no habí­an sido activados dado que no esperaban combatir, los escudos se activaron evitando más daños en el casco, una luz roja comenzó a parpadear en el puente.
Una metálica voz avisaba de las secciones dañadas y que se procedí­a a hermetizarlas por seguridad. Los cazas TIE salieron del hangar del í¢€Å“Desoladorí¢€?. La batalla estaba perdida, se percataron de ello, justo cuando por el flanco derecho se sumaba a la batalla el destructor imperial í¢€Å“Arrolladorí¢€?; Solo quedaba huir.

- Astrogador. í¢€â€œ ordena John í¢€â€œ Prepare coordenadas para el salto.
- Sí­, señor. í¢€â€œ responde el.
- Hemos perdido los escudos deflectores del flanco izquierdo. í¢€â€œ comunica un oficial. í¢€â€œ los escudos deflectores superiores no aguantaran demasiado señor.
- Desví­en la potencia de los turbolasers a las pantallas deflectoras, necesitamos aguantar un poco más. í¢€â€œ ordena el capitán.
- Sí­ señor. í¢€â€œ contesta el oficial.
- Señor los cálculos están hechos y fijados en la computadora. í¢€â€œ comenta el Astrogador í¢€â€œ Solo tienen que dar la orden.
- Actí­vela, astrogador. í¢€â€œ repite John - ¡Vamos!

El astrogador pulsó los botones y el í¢€Å“Hardtroní¢€? saltó al hiperespacio dejando tras él, al í¢€Å“Desoladorí¢€? y al í¢€Å“Arrolladorí¢€?. En el puente del í¢€Å“Desoladorí¢€? el General Drost daba la bienvenida a Elysa Adjany, mientras ordenaba rastreasen al í¢€Å“Hardtroní¢€? e iniciasen su persecución.

- Bienvenida al í¢€Å“Desoladorí¢€?, Señorita Adjany. í¢€â€œ comienza Drost con su frí­a voz. í¢€â€œ Me alegra observar su lealtad al Imperio.
- Creo que debo disculparme por los actos de mi padre, - farfulla ella í¢€â€œ jamás hubiera imaginado esto.
- No debe disculparse por nada, mi joven diplomática, dentro de poco su padre será capturado y pagara por sus actos. í¢€â€œ responde frí­amente Drost.
- General, hemos rastreado al í¢€Å“Hardtroní¢€? parece dirigirse hacia Dantooine. í¢€â€œ comenta un oficial í¢€â€œ ¿Lo seguimos?
- Si, comuní­queselo al í¢€Å“Arrolladorí¢€? y al í¢€Å“Peso de Corusí¢€? esta vez no escaparan. í¢€â€œ sonrí­e Drost.

El salto estaba preprogramado para esta situación, a John nunca le gustó dejar cabos sueltos en sus acciones, si entraba en una habitación, tení­a al menos dos maneras de salir de ella sin usar la fuerza bruta. Todo se llevó a cabo tal y como estaba planeado en el mí­nimo tiempo posible, el general Drost era un estratega sagaz y si tardaban demasiado se darí­a cuenta.

Kyp Drost de pie frente al inmenso ventanal del í¢€Å“Desoladorí¢€? sonreí­a frí­amente mientras Byor Arian le mostraba un datapad en el que no cesaba de escribir, el general de división asentí­a constantemente sin mediar palabra, más atrás con la cabeza gacha mirando a los operarios del destructor insignia de Corps Imperial, la joven Elysa Adjany lloraba en silencio repasando los hechos de los tres últimos dí­as, su padre reaparecí­a ante ella y su general de división í¢€â€œ al que juro servir hasta el fin í¢€â€œ acusaba al mismo de alta traición. Negando con la cabeza se acercó hacia el ventanal derecho arrastrando los pies, se sentí­a como una miserable, habí­a mostrado más lealtad a un general del Imperio que no se preocupó en ningún momento de comprobar si estaba viva que hacia su padre; Su padre que aun jugándose la vida reapareció de su exilio para buscarla, que utilizó sus recursos polí­ticos, sociales y económicos durante meses en buscarla. Ya no habí­a marcha atrás, viajaba por el hiperespacio en una nave de combate Imperial que no pensaba cesar en su persecución, no podrí­a pedir ni siquiera un minuto para disculparse con su padre; Y lo peor de todo era, que a pesar de que su cargo diplomático era una simple tapadera, Drost no pararí­a hasta acabar con su carrera en las filas del Imperio. Iba a perderlo todo en un solo golpe.

El ISD í¢€Å“Desoladorí¢€? hizo la reversión en el lugar exacto donde estaba calculado apareciese la nave traidora, segundos más tarde aparecí­an también perfectamente posicionados el ISD í¢€Å“Arrolladorí¢€? y el crucero de interdicción í¢€Å“Peso de Corusí¢€?. La sonrisa de Kyp Drost era cada vez más amplia y nadie sabí­a bien por que pero cada vez asustaba más.
- Bien. - sonrí­e Byor Arian volviendo a acercarse a su general í¢€â€œ Entonces; ¿Preparo a mis hombres?
- No. í¢€â€œ niega Drost con cara de interrogación - ¿Por qué iba a preparar a sus tropas, general?
- Ya le explique la estrategia a seguir en caso de un asalto... í¢€â€œ musita Arian.
- No vamos a asaltar el í¢€Å“Hardtroní¢€?, - sonrí­e Kyp í¢€â€œ los enemigos del Emperador serán destruidos con su nave.
- Pero señor... í¢€â€œ replica Byor í¢€â€œ El í¢€Å“Hardtroní¢€? es una nave de guerra Imperial que vale millones, - continua puntualizando con sus manos í¢€â€œ solo por ser un ISD del tipo D ya tiene equipamiento especial...
- Sabe que no apoyo la idea de equipar a diplomáticos con naves de guerra como transporte privado... í¢€â€œ niega el general de división con su cabeza í¢€â€œ Si algún senador desea viajar, que utilice una lanzadera.
- No voy a debatir eso con usted en este momento, general. í¢€â€œ sonrí­e Byor í¢€â€œ Pero si capturamos la nave, el Emperador estará mucho más complacido con nuestra acción.
- Al Emperador solo le complacerá ver a Adjany muerto. í¢€â€œ sentencia Drost mirando a Elysa í¢€â€œ Lamento decirlo así­ de bruscamente, diplomática Adjany; - continua inclinando un poco la cabeza í¢€â€œ Pero su padre ha sido juzgado y encontrado culpable, mi misión es cumplir la sentencia. í¢€â€œ finaliza mientras Elysa asiente tí­midamente. í¢€â€œ Artillero, prepare las armas, - asiente Drost mirando a Arian sonriente í¢€â€œ comunicaciones, avise al resto de los cruceros, combate inminente; Nivel de alerta amarillo. í¢€â€œ termina cruzando sus brazos tras su espalda placidamente al ver a sus hombres cumplir sus ordenes.

El crucero de interdicción con sus generadores gravitacionales ya operativos comunicó a las naves de ataque del acercamiento de una gran masa en punto diez, un minuto después desde las naves de guerra dos enjambres de cazas TIE del tipo í¢€Å“Interceptorí¢€? desembarcaron formando uno solo. La amenazadora silueta del í¢€Å“Hardtroní¢€? reaparece en el espacio real, de inmediato los cazas TIE atacan al destructor acompañados de las dos naves capitales, Elysa asiste prácticamente por obligación í¢€â€œ pues no la permiten abandonar el puente del í¢€Å“Desoladorí¢€? í¢€â€œ al combate, con lagrimas en sus azules ojos observa el combate deseando su padre escape con vida. Varios impactos turbo láser en el casco del í¢€Å“Hardtroní¢€? originan una explosión que parte la nave en dos, Elysa agacha la cabeza apoyando la frente sobre el cristal acero del ventanal. El general Drost prácticamente a su lado sonrí­e placenteramente al observar como la proa de la nave de guerra comienza a virar por el espacio chocando con la popa y originando a su vez más explosiones. Los cazas TIE regresan a sus hangares ordenadamente, al no detectar formas de vida en la nave fugada condenada.
Mientras el general de división Kyp Drost da la enhorabuena a sus hombres por el éxito de la operación, Elysa siente algo en su interior que la obliga a alzar la mirada y centrarla en una inmensa placa de duracero perteneciente al puesto de mando del destructor recién derribado, entrecerrando los ojos logra atisbar un pequeño haz energético azulado que comienza a brillar intensamente tras ella. Una pequeña sonrisa se forma en su rostro al distinguir ya completamente la forma de un carguero ligero í¢€Å“YT-1300í¢€? que, virando sobre su eje a alta velocidad esquiva el fuego de los cañones de dos cazas que habí­an sido enviados a patrullar, Drost comienza a farfullar mientras los oficiales de comunicaciones se esmeran en cumplir todas las ordenes que da su general que no deja de mirar a la pequeña nave que continua esquivando y repeliendo con su escudo deflector el fuego de los cazas. Con un viraje más, el carguero flanqueado por los dos interceptores logra evadir un haz turbo láser proveniente del í¢€Å“Arrolladorí¢€? y salta al hiperespacio, dejando al general de división Kyp Drost boquiabierto y furioso.

- ¡Encuentren esa nave inmediatamente! í¢€â€œ gruñe Kyp.
- Imposible señor. í¢€â€œ replica un oficial negando con la cabeza í¢€â€œ Al parecer iban equipados con un dispositivo de camuflaje, no podemos localizar las coordenadas del salto hiperespacial... í¢€â€œ finaliza agachando la cabeza asustado al oí­r el estruendo del puño del general sobre un computador.
- Pagareis vos por vuestro padre, diplomática Adjany. í¢€â€œ una maniaca mirada del general se postró sobre Elysa í¢€â€œ Desde este momento considérese excluida del entramado Imperial, queda expulsada de la división Corps Imperial. í¢€â€œ sonrí­e frí­amente de nuevo í¢€â€œ Y por supuesto no pararé hasta que sea expulsada de sus tareas burocráticas.
- Muy bien. í¢€â€œ asiente Elysa seriamente í¢€â€œ No soy una traidora, pero si debe redimirse con alguien, no tengo ningún problema en abandonar su división. í¢€â€œ termina saliendo del puente.

Elysa embarcó minutos después en una lanzadera que la conducirí­a a Coruscant, donde un tribunal la juzgarí­a por las acciones de su padre y la expulsarí­a con deshonor de la división CI; No le importaba demasiado, pero le molestaba bastante tener que asistir a un juicio perdido de antemano, tardarí­an bastante en expulsarla completamente del Imperio puesto que sus tareas y responsabilidades eran bastante diferentes a las que el general Drost imaginaba, él poseí­a un rango más elevado que ella en el ejercito, pero no le iba a ser fácil conseguir todos los apoyos que necesitarí­a para que expulsasen a un coronel de la Oficina de Seguridad Imperial. Agitando la cabeza de lado a lado borro esos pensamientos de su mente, debí­a centrarse en algo más importante ya que, tarde o temprano el general conseguirí­a expulsarla y darle muchas vueltas no le iba a ayudar en absoluto, su profesión estaba muy mal vista entre el resto del ejercito, así­ que no vencerí­a en esa batalla. Revisando el uniforme naval que le habí­an otorgado en el í¢€Å“Hardtroní¢€? encontró un holoproyector, que volvió a guardar rápidamente al percatarse de que dos soldados la vigilaban constantemente.
Una vez estuvo en su apartamento en la zona alta de Coruscant, lo retomó mirando con nostalgia al ventanal del que estaba provisto su ático. Echarí­a de menos esas vistas, pero no podrí­a continuar viviendo allí­, en pocos meses Drost le habrá despojado de su rango y honor; Y no podrá pagar un alojamiento así­. Vuelve la vista hacia el holoproyector sobre la mesita de la sala de estar y con una sonrisa lo activa, la silueta de su padre aparece y le afirma que él supuso actuarí­a así­; También le dice:

- No olvides que tienes un padre que cerca o lejos siempre cuidara de ti; Aunque yo no este, siempre habrá alguien a tu lado que voluntaria o involuntariamente te protegerá por mí­, probablemente mientras escuchas esto, estén arrebatándote tu vida; Ya no eres parte del Imperio Elysa, vive tu vida lejos del odio. Tu padre, que te quiere tanto como para hacer locuras.

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