CI Orígenes: Didio Logan

Hace tres mil años, en una galaxia lejana, muy lejana...

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Logan
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CI Orígenes: Didio Logan

Mensajepor Logan » 22 Ene 2012, 11:09

El Ministro de la guerra era un hombre de pocas palabras. Siempre lo había sido, pero los últimos 20 años le habían hecho aún más taciturno. Sus colaboradores decían que el saberse depositario de decisiones que habían determinado la futura supervivencia del Imperio Sith le habían hecho envejecer. Otros decían que las continuas reuniones con el Consejo Oscuro le estaban costando la salud.
Fuera cual fuera la causa, nadie se sorprendió cuando al entrar en la sala se limitó a inclinar la cabeza antes de ocupar su asiento, activar su holopantalla y cruzar las manos frente a si en la mesa.
-Comencemos, puesto que ya estamos todos- dijo el Gran Moff Kilran ante la actitud del Ministro. -Tenemos muchos temas a tratar y poco tiempo.
Todos se sentaron a la mesa y comenzaron a repasar las circunstancias de la victoria en Coruscant, el primer tema del día. Se sucedieron los informes y las felicitaciones, excepto por parte de Darth Malgus, quien solo escuchaba y asentía ocasionalmente. Casi al final, el Ministro pidió la palabra.
-El asalto al Senado ha sido un éxito, pero el precio ha sido alto. Hemos perdido buenos miembros de nuestra punta de lanza, el Comando Corps Imperial, empezando por su líder. Tengo varios candidatos a ocupar el puesto, pero es una mera formalidad. Sólo uno puede ser el elegido.
Pulsando varios botones de su terminal, el Ministro se puso en pie y dirigió la atención de los presentes hacia la gran pantalla de la sala. Apareció la imagen de un hombre de mediana edad, vestido con el uniforme de Capitán, y a su lado empezaron a mostrarse datos.
-Este es el Capitán Didio Logan, miembro de la División de Operaciones de Inteligencia Imperial. Antes de que pregunten- se interrumpió al ver que Kilran se inclinaba hacia delante -la respuesta es sí. Es el hijo del General Gémino Logan y Darth Altara, lo que debería darles a entender su fidelidad y compromiso con el Imperio. Sus padres pasaron por el Programa Eugenésico, y él ha sido educado y entrenado desde la niñez para un único propósito: defender al Imperio eliminando a sus enemigos.
Pulsando un botón, el Ministro hace que la imagen cambie a un video, en el que se ve un enorme hangar. Varios soldados imperiales avanzan contra una posición enemiga. En una esquina, se muestra la fecha y la localización. 28 BTC. Astilleros orbitales de Sluis Van.


-¡Esas torretas nos están machacando señor!- grita uno de los soldados agachando la cabeza -¡necesitamos apoyo pesado!
-No hay más refuerzos, soldado. Avancen contra el enemigo o yo mismo les dispararé- contesta el Capitán al cargo del asalto, desenfundando su bláster. Un poco más allá del improvisado parapeto en que se cobijan los imperiales, se oye un lamento y un hombre sale despedido hacia atrás con el pecho destrozado. Le ha alcanzado la torreta que maneja un experto artillero de la República. Otro cae sujetándose un brazo y mira hacia el oficial que, impasible, levanta un brazo y apunta a la barricada enemiga.
-¡Inicien el asalto!
Los soldados arrojan granadas sin mucho éxito y saltan el parapeto, cargando y disparando. Caen varios y tienen que detener su avance tras uno de los mamparos laterales, pero hay poca cobertura para tantos hombres y algunos reciben de nuevo el fuego enemigo.
El Capitán, decidido a ganar la batalla por muchos hombres que le cueste, se prepara para ejecutar a uno de los suboficiales, cuando su mirada se cruza, por casualidad, con un mecánico civil que camina tranquilamente por el lado opuesto del inmenso hangar. Lleva una caja de herramientas, que deja en el suelo junto a una pila de repuestos. Se agacha y le pierde de vista unos momentos, antes de que se levante de nuevo empuñando un rifle con mira. Apoya ambos codos y apunta unos momentos, antes de empezar a eliminar a los artilleros de las torretas, uno a uno.


-Aquel día, el hangar principal sirvió de punto de entrada para las tropas que destruyeron los generadores enemigos, permitiendo que la flota arrasara los astilleros de la República, y dejándoles sin un puerto seguro en gran parte del borde exterior- explica el Ministro mientras manipula de nuevo su consola. -El Capitán Logan estuvo dos semanas trabajando de mecánico antes del asalto.
Aparece en la pantalla una lista de altos oficiales, políticos y diplomáticos de la República. Todos con su fecha de fallecimiento al lado.
-Si su historial no les parece suficiente- continúa -les remito al informe 17B-X-22 que tienen en sus dosieres.
Todos bajaron la vista a sus holopantallas y leyeron las primeras líneas: La corbeta Decisión fue emboscada por piratas en su segundo punto de salto, los daños obligaron a un aterrizaje forzoso...


Didio levanta los binoculares y recorre las colinas con la vista. A su lado, jadeando por el esfuerzo, el Doctor Natal y sus ayudantes miran a su alrededor, asustados. Un poco adelantados, dos soldados apuntan con sus armas a la espesura de un bosque cercano.
-Capitán- dice el Doctor entre dos profundas inspiraciones -no podemos más. Hemos recorrido varios kilómetros a marchas forzadas, necesitamos descansar.
Sin despegar los ojos de los binoculares, Didio le contesta -Cuando lleguemos a los bosques, Doctor. Créame, preferirán estar cansados ahora que cuando les den de latigazos en algún agujero infecto, como esclavos.
-Da igual que nos sigan todos los piratas de la galaxia, no podremos dar un paso más- contesta el hombre tratando de parecer firme. Ignorándole, Didio alza una mano y hace un par de gestos en dirección al bosque. Uno de los soldados comienza a correr hacia allí, seguido al poco por el otro.
-En marcha- dice poniéndose en pie y levantando, casi a la fuerza al Doctor. -La nave pirata aterrizó al otro lado de esas colinas y no tardarán en encontrarnos.
El grupo avanza penosamente, a trompicones, y sólo la férrea voluntad del Capitán les permite recorrer las últimas decenas de metros e internarse en el bosque. Los civiles caen agotados y se acurrucan contra unas rocas. Uno de los soldados saca sus raciones y las reparte entre ellos. -Coman algo, pero cuidado con el agua, no sabemos cuándo podremos encontrar más.
El otro soldado se acerca a Didio, también respira con dificultad, aunque mantiene el tipo. Se quita el casco y habla en tono confidencial
-Señor, ¿qué haremos cuando lleguen? Con los civiles no tenemos ninguna oportunidad de escapar.
Didio le mira a los ojos durante unos segundos -No vamos a escapar, soldado. Tienen vehículos y estimo que nos atraparán en una media hora. Les esperaremos aquí y les daremos una sorpresa.
-Pero señor- replica estupefacto -serán una veintena y nosotros sólo tenemos seis armas.
Didio saca de nuevo sus binoculares y mira en dirección a las colinas.
-Concretamente, soldado, son 22.- dice mientras observa los speeders de los piratas bajar la colina a toda velocidad. Luego saca su arma de mano y se la da al soldado -Armen a los científicos con las pistolas y tomen posiciones a lo largo del lindero. Usted- dice mientras perfora al soldado con la mirada -en punta justo dónde acaba la línea de árboles.


... sacrificando de manera inteligente a uno de sus hombres, consiguió desviar el fuego enemigo e ir acabando con los piratas hasta que no quedó uno vivo. Luego usaron su propia nave para llegar a destino, sin perder ninguno de los importantes miembros del equipo de investigación Dédalus.
-Su posición está clara, Ministro. Pero se ha olvidado de una pega importante, el Capitán no es un sith.
-No olvido nada, Lord Malgus- contestó el Ministro con voz cansada -Sólo digo que es el mejor hombre para el puesto, la decisión final, por supuesto, la deben tomar ustedes.
Se hizo el silencio durante unos momentos. Todos se miraron, calculando y tratando de adivinar qué dirían los demás. Finalmente, Darth Malgus se levantó para hablar.
-Si no es lo suficientemente fuerte, los iniciados y adeptos bajo su mando acabarán con él. Le haré responsable si llega el caso, Ministro. Ahora he de informar al Consejo.
Y sin añadir nada más, el Lord oscuro abandonó la sala seguido por sus acólitos. El Ministro se dejó caer con disimulo en su asiento, mientras el resto de los reunidos iban saliendo. De repente notó una mano en su hombro. El Gran Moff Kilran y él se habían quedado solos.
-Bien jugado, Ministro. A Malgus le ha gustado que un militar esté dispuesto a todo por cumplir la misión. Suerte.- añadió despidiéndose.
-No se hace una idea de hasta dónde está dispuesto a llegar- dijo el Ministro para sí, en la sala ya vacía, al tiempo que pulsaba un botón y aparecía en la pantalla un último informe. En el encabezamiento se podía leer "Operación Castigo"
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Todo hombre sabio teme tres cosas: la tormenta en el mar, la noche sin luna y la ira de un hombre amable.

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