Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Hace tres mil años, en una galaxia lejana, muy lejana...

Moderador: elric1981

Adjany

Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:28

PROMETEO: RENACIMIENTO


Informe de avances del proyecto Prometeo; Código: Beta 302 Omega.
Acceso Restringido.
Alto Secreto.
Nivel de acceso:
Senatorial.
Restringido a: Orden Jedi.
Sujeto: A28-C1
Identidad: Desconocida.
Edad: Desconocida.
Edad Estimada: 17.
Altura: 1,63 metros.
Peso: 48 kilos.
Procedencia: Templo jedi (Coruscant).
Estatus: Activo.


Lesiones: Pierna derecha quebrada en cinco puntos diferentes; pierna izquierda aplastada (requiere amputación); varias costillas astilladas; pulmón izquierdo perforado; brazos derecho e izquierdo con graves roturas y quemaduras de tercer grado; columna vertebral dañada en vertebras siete y once (tetraplejia); mano izquierda cercenada; dermis y epidermis dañadas por electrocución; cadencia de globo ocular derecho y graves daños en el izquierdo; daño cerebral (Amnesia).

Bioingeniería:
Piernas:
Recuperación total (99,7%)
Costillas: Recuperación total (98,2%)
Brazos: Recuperación total (97,8%)
Columna vertebral: En proceso (64,1%)
Mano izquierda: Recuperación parcial (58,9%)
Globos oculares: Izquierdo: Regenerado (100%) - Derecho: En proceso (79,3%)
Tejidos cutáneos: Regenerados (100%)
Recuperación cerebral: Fallida (7,4%)


Diagnóstico: La sujeto; encontrada en las ruinas del templo de Coruscant tras el saqueo sith hace ya diez años, se recupera favorablemente. La potenciación biológica ha resultado exitosa, incluso en las lesiones físicas más graves. Sin embargo, hemos sido incapaces de recuperar la memoria de la joven, todo lo que hemos probado ha sido en vano en dicho campo.
En un mes esperamos haber completado la recuperación de su mano y los daños vertebrales, comenzando la fase dos; su reintegración social.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:29

Con la respiración agitada, corría mirando atrás cada diez pasos; el sonido de las botas del hombre cada vez parecía más cercano, sus pisadas eran decididas, como si su simple caminar pretendiese romper el suelo de alabastro bajo sus pies. El sibilino crepitar de energía que le acompañaba hacía a la joven estremecerse; pretendiendo correr más deprisa, pero sin éxito. Sus pequeñas piernas ya no podían más. Sudor frío recorría su mejilla.

Llevaba casi seis minutos huyendo de aquel hombre, de ese monstruo encapuchado, de dos metros de alto, blindado con una tenebrosa armadura que cubría con una túnica negra y, armado con un sable de luz. Aquel arma, que en manos de un caballero Jedi, inspiraba todas las cosas buenas por las que luchaba la Orden; en manos de ese siniestro ser, se tornaban oscuras. Inspiraba miedo, ira, dolor; muerte.

Conocía bien el templo, llevaba ocho años en él, desde que sus padres la entregasen a la Orden casi recién nacida. Pero el temor y los nervios la habían hecho huir hacia los aposentos de los aprendices, una zona alejada de la batalla que los maestros y caballeros mantenían con los sith, pero sin salida. Había más aprendices como ella ocultos allí que, corrieron junto a ella de manera inútil. Pues el sith, aquella abominación estaba ya en el arco de entrada, peleando con dos padawan que intentaban proteger en vano a los niños. El sudor goteaba por su frente, golpeando su nariz.

Los padawan apenas fueron rival para aquel campeón de la Oscuridad. Con cuatro movimientos tan hermosos como letales y siniestros, arrancó la vida de ambos jóvenes sin mostrar piedad, retomando su parsimonioso paso hacia el interior de los dormitorios. Ejecutando a cada aprendiz sin detener su avance, niños de entre cinco y nueve años morían cercenados por el arma de energía, gritando de manera desgarradora en su último aliento.
Y ella no podía dejar de mirar a aquel gigante, mientras avanzaba imparable, aquellos ojos amarillentos, iluminados bajo la capucha; siendo el único rasgo que la tela negra permitía ver. No quedó ni uno cuando aquel sith estaba frente a ella, su espalda casi en tirantez; chocaba contra la pared de mármol, mientras balbuceaba, mechones de pelo sudado ocultaban parte de su rostro. El sith alzó su espada de luz preparado para ejecutarla, el ronroneo de energía parecía acompañar los latidos de su joven corazón, cada vez más acelerado; el arma descendió hacia ella qué, de manera estúpida intentó protegerse con su antebrazo izquierdo.
El dolor se apoderó de ella entonces, el olor a carne calcinada, invadió sus fosas nasales al tiempo que sentía como su mano se separaba de su muñeca, fue entonces cuando el zumbido de energía crepitó, acompañado de un gruñido.

Abrió los ojos y ante ella, continuaba el titán oscuro con su arma atravesando su antebrazo, habiendo casi amputado su mano, con la hoja de energía escarlata entrechocando con otra, esta esmeralda; empuñada por su campeón. El maestro Jedi Gaius Fendrew, que se interpuso entre su ejecutor y ella, que gritó.


Un grito alertó a toda la sección médica del complejo que corrió hacia la sala del que procedía. Allí no ocurría nada, la joven ocupante, permanecía sentada en la cama jadeante, empapada en sudor, con mechones de su pelo rubio ocultando su rostro, mientras se sujetaba la mano izquierda a la altura de la muñeca.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:34

- Has evolucionado más favorablemente de lo que imaginábamos. – sentenció un medico desde la entrada a la habitación – No hace ni una semana, aun estabas tetrapléjica y en coma. – explicó entrando en la estancia mientras ojeaba un módulo de datos.
- Donde estoy. – estableció la joven sin dejar de mirar por la ventana de cristalacero – Siento algo… - continuó en un susurro con los ojos entrecerrados y alzando la cabeza levemente hacia el techo - Algo oscuro. - indicó dándose la vuelta y encarando al doctor por primera vez.
- Seguramente sea por la profundidad. Estamos en el océano, - sonrió el hombre, que rondaba los cincuenta años – en Pylif, un planeta en el que no debemos preocuparnos por el Imperio. – continuó explicando mientras recogía la mano izquierda de la joven y la examinaba – Has pasado diez años en coma, desde que fuiste encontrada casi muerta en el Templo jedi de Coruscant. – relató mientras observaba la reacción de la adolescente – Estamos aquí para ayudarte, deberías haber muerto, - volvió a sonreír mientras la chica se sentaba en el borde de la cama, boquiabierta – el senado te adjudicó a nosotros; al proyecto Prometeo y te salvamos, la verdad es que mejor de lo que esperábamos. – incluyó con cierto orgullo.
- ¿Soy un experimento? – preguntó la joven sin parpadear mientras el médico negaba con la cabeza.
- Eres más que eso mi joven amiga, - sentenció rodeando a la adolescente y examinando su columna vertebral – eres la primera de muchos soldados de la República que, - guardó silencio un instante mientras palpaba las vértebras – tras ser heridos prácticamente de muerte, serán salvados.
- ¿Qué me han hecho exactamente? – preguntó de nuevo cuando el hombre terminó de apuntar algo en su módulo de datos.
- Utilizando genomas de diferentes especies, hemos elaborado un suero que regenera y potencia las células dañadas. – explicó guardando el ordenador de mano en su bata blanca – Hemos ido un paso más allá del kolto y otras sustancias curativas. – suspiró con una sonrisa amable – En realidad, Prometeo es un proyecto de potenciación biológica; pretendíamos hacer a nuestros soldados más fuertes, más diestros, más resistentes… - se encogió de hombros – Pero a uno de los desarrolladores se le ocurrió que también podía tener posibilidades biomédicas y, tu eres la prueba de ello. – terminó señalando a la joven.
- Supongo que he de agradecerte que tuvieses dicha idea. – sonrió ella con cierta ironía - ¿Qué será de mí ahora que me habéis curado? – inquirió tumbándose en la cama.
- No hay nada que agradecer. – asintió él incorporándose para examinar los ojos a la chica – Excepcional… - meditó con una pequeña sonrisa guardando la pequeña hololinterna y volviendo a extraer el ordenador – Eso depende del Senado, señorita. – le replicó tras tomar un par de notas – Aun nos queda trabajo, su mano esta curada, sin embargo, su columna aún está débil y su ojo derecho aún no está curado del todo. – explicó con amabilidad caminando hacia la puerta con intención de marcharse.
- Doctor. – inquirió la joven antes de que este saliese.
- ¿Si? – preguntó él dándose la vuelta.
- No me ha dicho nada sobre mi vida personal, familia, amigos… - musitó enarcando una ceja - ¿Quien soy?
- No, - negó él encogiéndose de hombros – no le he dicho nada, porque nadie sabe nada de usted. – esclareció guardando el módulo de datos – Fue encontrada en el templo Jedi, con ropas jedi; es lo único que sabemos.
- Entonces alguien del templo sabrá quién soy. – replicó ella.
- Tras el ataque, el templo fue destruido; decenas de miles de jedi murieron en la guerra, - relató dando un par de pasos hacia el interior de la habitación – y los archivos jedi desaparecieron con el templo, es complicado. Además, el Senado no comparte la información de este proyecto con la orden Jedi. – sentenció volviendo a caminar hacia el exterior - Si algún miembro de la orden te conocía, seguramente te crea muerta. – terminó saliendo por la compuerta, que se cerró tras él.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:36

Llevaba una semana despierta, realizando ejercicios de rehabilitación. La sumergían en un tanque de agua por completo con varios dispositivos de medición adosados y un respirador, para después pasar allí varias horas corriendo.
Apenas entendía para qué era aquello, pero no le disgustaba, la distraía. Además era agradable moverse para variar, tras haber pasado diez años en una cama, si algo tenía claro, era que deseaba moverse. Haciendo cualquier cosa.
Aquel suero era una maravilla, tras tanto tiempo en coma, su cuerpo debería ser un cumulo de músculos sin fuerza, apenas desarrollados. Sin embargo ahí estaba, en plena forma; como si aquellos diez años hubiesen sido unos pocos días.
Su cuerpo había crecido, había pasado de ser una niña a una mujer adulta y, gracias a aquel suero podía levantarse, caminar e incluso correr.
Como si nunca hubiese sufrido aquellas heridas.

Su respiración se entrecortó ligeramente mientras corría, sus piernas, sus brazos, su torso; todo su cuerpo luchaba contra la fuerza del agua, no estaba segura de que aquello fuese posible para un humano ajeno al proyecto Prometeo, quizá el suero le diese más fuerza de la normal; sentía las miradas de los médicos al otro lado del cristalacero, algunos parecían impresionados, otros escépticos y, solo uno parecía satisfecho.
Aquel que había conocido a las pocas horas de despertar empapada en sudor, el doctor Hrëdon. Artífice de que el proyecto se emplease para regenerar sus heridas, único miembro del equipo científico que deseaba emplear la tecnología Prometeo en el campo de la biomedicina. Y durante aquella semana, su confidente, casi su amigo.

No recordaba nada de su pasado, su nombre, su apellido, su edad, su lugar de nacimiento; todo era difuso. En el complejo se le llamaba por la primera secuencia de su identificación en el proyecto, Alpha veintiocho. Se estimaba que rondaba los diecisiete años, basándose en los datos de la degeneración de sus células. Su lugar de nacimiento era aquel laboratorio para la mayoría de aquellos científicos. Hrëdon sin embargo le instaba a que pensase en Coruscant como su planeta de origen, ya que allí fue encontrada.
Pero no era así, en el fondo de su ser, sabía que no era originaria de Coruscant; y deseaba recordar. Pero no era capaz.

Un pitido anunció el fin de la prueba, deteniendo la cinta transportadora y comenzando a evacuar el agua del tanque. Dos mujeres flanquearon la salida del tanque cuando apenas quedaba liquido en el interior, esperando a que la joven Alpha saliese del interior. Cuando lo hizo, extendió los brazos y se mantuvo firme, permitiendo a las científicas despojar los aparatos de medición y recogiendo el batín que le entregaron después.

- Es excepcional. Tu columna vertebral está recuperada al 100% – sentenció Hrëdon caminando hacia ella y sus dos acompañantes – Has recuperado la movilidad por completo, tu fuerza motriz es superior a la media humana. – continuó explicando con su inseparable módulo de datos en sus manos – Aun debemos averiguar si es debido al suero, - musitó ladeando la cabeza pensativo – ya que puede que seas más fuerte por naturaleza. – sonrió haciendo un gesto a la joven para que lo siguiese y echó a andar – Mis compañeros están medianamente satisfechos, - explicó a la adolescente sin mirar atrás, siendo incapaz de saber si lo seguía o no – siguen pensando que tu milagrosa recuperación puede ser algo temporal. Y que cuando dejemos de inyectarte el Prometeo, tu cuerpo sufrirá una degeneración masiva.
- Pero me dijiste que eso era altamente improbable.
– señaló la joven que se encontraba apenas dos pasos detrás del médico.
- Todo esto es experimental al fin y al cabo; - se excusó el hombre insertando una tarjeta en el lector de la compuerta y atravesándola cuando se abrió – pero eres fuerte, sobreviviste bajo toneladas de escombros durante tres días. – señaló sin dejar de caminar y parlotear en jerga médica.

Se había desconectado durante unos minutos mientras el científico la hablaba de las opciones, de porcentajes, capacidades, posibilidades. El camino hacia su dormitorio era corto, la mayoría del complejo contaba con ventanales de cristalacero que permitían ver el océano, el hábitat de este. Gustaba de mirarlo mientras caminaba por las instalaciones, sobretodo cuando el doctor comenzaba con sus tecnicismos, los cuales no entendía.

- Además, tus capacidades jedi pueden haber ayudado en tu recuperación. – terminó el hombre frente a la compuerta del dormitorio de la joven.
- ¿Eh? – preguntó ella volviendo de su ensimismamiento – Es posible sí. – asintió al cincuentón que alzaba una ceja suspicaz.
- Descansa un poco, - señaló abriendo la compuerta – en unas horas veremos si podemos ayudarte a recordar tu pasado. – sonrió con amabilidad antes de darse la vuelta e irse, dejando a la joven entrando en sus aposentos.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:39

Al colocar los dispositivos neuronales en sus sienes había sentido un pinchazo agudo, como si dos agujas le atravesasen el cerebro. Al parecer, según la explicación de Hrëdon, es lo que había ocurrido.
Sonrió nerviosa desde su posición horizontal, acarició la superficie metálica sobre la que se encontraba tumbada, disfrutando del placido frescor del acero, lo mejor que le permitían las correas que la sujetaban a la mesa de operaciones.
Parpadeó dos veces con rapidez antes de recibir una descarga eléctrica que la estremeció, para después, caer sumida en un sopor inducido.

- Empezamos… - musitó el doctor Hrëdon sentándose al lado del experto que manejaba el aparato – La tabla parece normal por ahora. – sonrió observando un medidor.

Se arrastró aterrada por el suelo de jaspe sin mirar atrás, el crepitar de los sables de luz hacía que su respiración se acelerase, su mano izquierda colgaba cauterizada del brazo, sumiéndola en un dolor agudo, tuvo que luchar para no desmayarse.

En su lento avance por el suelo de los dormitorios, continuaba escuchando el entrechocar de las armas de energía tras ella, a escasos dos pasos detrás; la curiosidad pudo con ella y miró, el maestro Fendrew la seguía, interponiéndose entre ella y el asesino sith; que atacaba con toda su ira al jedi, la habilidad del maestro era superior, bloqueando con su sable cada tajo, adelantándose a cada artimaña urdida por aquel siniestro luchador.
El guerrero fintó a la derecha, Fendrew se preparó para defender dicho flanco, pero en lugar de un ataque por dicho lado, el sith envolvió a maestro y aprendiz en un rayo de fuerza.

La energía oscura crepitó sobre ella, haciéndola convulsionarse en el suelo con brusquedad, golpeándose a sí misma contra una de las paredes, sentía su piel derretirse y deformarse mientras gritaba de manera agónica.
Apenas fueron dos segundos, el maestro Fendrew, interpuso su puño izquierdo entre ambos y el enemigo y la energía eléctrica, fluyó a través de su mano hacia el interior del jedi. Se había distraído un instante, suficiente para recibir aquel ataque, que aunque a él apenas le había incordiado, a la pequeña, la había destrozado.

Aun prácticamente desmayada por el dolor; el miedo la impulsaba a seguir consciente, a intentar seguir huyendo. Por el rabillo del ojo, pudo ver al guerrero oscuro volar por la estancia varios metros, antes de caer de pie, inclinado hacia adelante y arremeter de nuevo contra el maestro jedi.
El sonido de los sables de luz tras ella continuaba siendo el mayor impulso que la obligaba a mantenerse despierta.

Entonces, toda la estancia, todo el Templo; comenzó a temblar y estremecerse, partes del techo se derrumbaban a su alrededor. Jedi y sith utilizaban los escombros para atacarse, conforme estos caían sobre ellos. Esquivando los mayores, su duelo de espadas continuaba mientras maestro y guerrero caminaban entre la destrucción. Siguiendo ambos a una joven niña que se arrastraba por el suelo, uno protegiéndola del otro.

Escuchó otro gruñido tras ella, después un lamento; volvió su cabeza sin dejar de arrastrarse para ver a Fendrew con la zurda extendida hacia ella y su arma en la diestra, bloqueando el sable de su enemigo; sobre las piernas de ella, una mole de escombro suspendida en el aire, sujeta por la Fuerza, que un segundo después, voló hacia el asesino sith e impacto sobre su pecho, lanzándolo contra la pared; durante un momento, se vio libre de aquel aterrador hombre, para volver a la realidad un instante después, tras ver la hoja de energía roja partir la roca.
Esta vez, fue el maestro Fendrew quien se lanzó contra el sith, corriendo sobre escombros que caían a su paso, saltó sujetando su arma esmeralda con ambas manos; hubiese partido en dos al sith si este no se hubiese llegado a apartar.
Y de nuevo, el entrechocar de sables de luz taladraba su cerebro, acompañado esta vez del derrumbe del templo Jedi, del único hogar que había conocido.
Sin darse por vencida, continuó su particular huida, apoyándose en la pared, para ponerse en pie e intentar correr.


Su cuerpo se sacudió tembloroso, el sopor desapareció, dejando a la joven estremecida, aterrada y sudando. Frente a ella el doctor Hrëdon sujetaba los sensores neuronales, observándola con cierta preocupación.

- No has pasado ni tres minutos en trance. – señaló a la joven enarcando una ceja – Tus ondas cerebrales fluctuaron de manera caotica, - explicó liberándola de la mesa de pruebas – así que te desconectamos, para evitar otro posible coma. – indicó ayudándole a levantarse.
- Sigo sin recordar nada. – musitó entre temblores apartándose un mechón de pelo de la cara.
- Ya recordarás. – sonrió el médico apoyando su mano derecha en el hombro de la joven – Ve a descansar, mañana intentaremos otro método. – se despidió, caminando hacia el computador y empezando a revisar los monitores.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:40

Tendida en la cama de su dormitorio, respiraba relajadamente dejándose llevar, como Hrëdon le había dicho, era una jedi cuando se la encontró y, no sabía cómo, pero sentía la Fuerza a su alrededor, entre su espalda y su lecho, en el aire que inspiraba y exhalaba, en el agua que acariciaba las paredes y los ventanales del complejo.
Y ahí permanecía en paz, tumbada, con los ojos cerrados, buscando en su interior, intentando hallar respuestas en la voluntad de la Fuerza.

Recuerdos difusos venían a su mente de cuando era una niña, de cuando junto a otros estudiantes, escuchaba lecciones de boca de un Kel’dor en las salas del templo Jedi.
Cuando como en ese momento, percibía la interacción entre la Fuerza y el universo, expandiendo su percepción más allá de sus sentidos.
Entonces lo recordó, aquella fue su primera lección y, según aquel Kel’dor; la más importante.
Emitió un suspiro de satisfacción, al tiempo que se rodeaba de todo aquello, emborrachándose de esa sensación de seguridad, de paz.
Murmurando el código de la orden Jedi, como si jamás lo hubiese olvidado.

- No hay emoción, hay paz; - sus labios apenas se separaban en su recital.

Se vio a si misma de nuevo, enfundada en espartanas ropas de colores ocres y marrones menos claros. Se ejercitaba físicamente, bajo la atenta mirada de aquel Kel’dor, con muchos más estudiantes de su misma edad. Luchaba en cuerpo a cuerpo contra otro estudiante, un joven etti; aprendiendo lo que parecía un arte marcial defensivo.

- no hay ignorancia, hay conocimiento;- su sonrisa se amplió, mostrando en su rostro la paz que sentía durante el trance - no hay pasión, hay serenidad;

Miraba a través del ventanal de la torre del Templo, controlando su respiración y con los ojos medio cerrados; dejando de lado su manera de entender el universo, viendo el flujo de la Fuerza, comprendiendo como influía en la vida de aquellos que atravesaban la capital de la República en los deslizadores, en las naves que descendían y despegaban; empleando su intuición para experimentar el mundo que le rodeaba mediante sus sensaciones y no de sus sentidos.
El maestro Kel’dor les había precavido sobre ello, sus sentidos podían ser engañados; su intuición no.

- no hay caos, hay armonía; – sentenció volviendo a abrir los ojos y reincorporándose en la cama - no hay muerte, está la Fuerza... - lo había vuelto a sentir.

Aquella oscuridad que Hrëdon achacó a la profundidad el día que despertó; seguía allí. Y cada vez era más fuerte.
Caminó hacia la compuerta y se asomó al exterior cuando esta se hubo abierto; no había nadie en el pasillo, pero lo había notado. La Fuerza se había conmocionado durante unos segundos; algo no iba bien en aquel laboratorio de la República y, la Fuerza le indicaba su voluntad, la empujaba a intervenir.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:41

El gimnasio de las instalaciones estaba muy bien equipado. Llevaba ya un rato allí ejercitándose y peleando contra un enemigo imaginario. Sus reflejos y velocidad eran normales y, su fuerza y resistencia se mantenían.
Ya hacía dos días que no le inyectaban el suero Prometeo; lo que implicaba en palabras del propio Hrëdon, que era imposible sufrir un proceso degenerativo. Pero no era aquello lo que preocupaba a la joven mujer en esos momentos; sino el no haber vuelto a percibir aquella sensación de oscuridad, desde aquella noche en que comulgó con la Fuerza, parecía como si se hubiese evaporado de la faz del planeta.
Meditaba cada noche desde hacía una semana, cuando sintió aquella presencia por segunda vez, pero no lograba encontrarla de nuevo. Fuese lo que fuese, ya no estaba en aquel laboratorio.

El complejo no era muy grande y, sus habitantes permanentes a excepción de los soldados, que eran destinados dos semanas a la seguridad de la instalación y después una semana a la superficie. La joven jedi sospechaba de uno de estos hombres de seguridad; había enfocado sus escasos conocimientos en la Fuerza a sentir las auras de todos aquellos que poblaban el laboratorio submarino con ella y, no percibió nada. Aparte, la tapadera de soldado era la única que les permitiría salir de las instalaciones para informar a sus superiores.

Entabló conversación con un par de sub oficiales en el comedor, al parecer el equipo de seguridad constaba siempre de cinco miembros, un teniente, un sargento, un cabo y dos soldados rasos. Estos dos, sargento y cabo respectivamente, se conocían de toda la vida; originarios de Corellia, nacidos ambos en Kor Vella, hijos de familias vecinas, se alistaron dos años antes de la firma del Tratado de Coruscant, luchando en varias batallas codo con codo. Su mayor deseo era que la República rompiese aquél estúpido pacto con el diablo y, volver al combate. Sus sentimientos eran sinceros; no eran ellos.

Golpeaba al aire con sus puños sin dejar de pensar por un momento en su investigación, en porqué la Fuerza le impulsaba a buscar algo o alguien que ya no estaba allí. ¿Había fallado a la voluntad de la Fuerza? ¿Había tardado demasiado en percibir sus deseos?
Su pelo, trenzado entre mechones del mismo, formaba un curioso y elegante recogido que, dejaba su cara libre, evitando que la incordiase en sus movimientos defensivos.

Otra de las cosas que la turbaban, era aquel recuerdo con el que soñaba, la sucesión de todo. El jedi que la salvaba de aquel sith. ¿Quién era? ¿Acaso era su maestro?

No había vuelto a tener un flashback desde aquella prueba con Hrëdon, en aquel aparato, el M.R.I.
Le dejó claro como había perdido la mano y porqué su piel sufrió aquellas quemaduras, además no había que ser un lince para darse cuenta de que tarde o temprano, los escombros la aplastarían, sufriendo el resto de heridas. Pero no dejaba de pensar en que habría sido de aquel jedi. ¿Venció al sith? ¿Murieron ambos aplastados por el derrumbe? ¿O mató el sith al jedi?

Quería averiguarlo, quería recordar; sin embargo, Hrëdon se oponía a volver a usar el M.R.I. y sus intentos de inducirse un trance de Fuerza, resultaban infructuosos; simplemente, carecía de la habilidad requerida para tal capacidad.

Una voz metálica interrumpió sus pensamientos, informándola de que la hora de la comida estaba a punto de finalizar y que debía nutrirse de una manera correcta para su recuperación.

- Gracias G-31. – asintió con una sonrisa recogiendo la toalla que el droide le entregaba y secándose la cara – Voy en unos minutos. – indicó colgando la prenda de ropa sobre su cuello y saliendo del gimnasio.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:42

- Todos los intentos por recuperar tu memoria han sido infructuosos. – Determinó Hrëdon sentándose tras la mesa de su despacho – Lo siento mucho.
- No pasa nada. – Asintió la joven que ya estaba sentada frente a la misma – Me he mentalizado en que, recuperare mi memoria cuando la Fuerza lo designe. – Sonrió recolocando parte de su melena rubia tras su oreja derecha – Ahora mismo me interesa más hablar de otra cosa, doctor; por eso estoy aquí. – sentenció mirando a su alrededor.
- Por supuesto, - dijo el médico - ¿en qué puedo ayudarte, mi joven amiga? – preguntó apoyando su mano derecha sobre el cristal que formaba el escritorio.
- Necesito ciertos detalles sobre este laboratorio. – replicó ella inclinándose hacia adelante, reposando sus codos sobre sus piernas y, juntando sus manos – La envergadura del proyecto, la seguridad de los datos; - especificó – el conocimiento de cada desarrollador. Todo. – inquirió volviendo a erguirse.
- Todo eso es confidencial, querida. – Sonrió nervioso el hombre – Nadie aparte de los desarrolladores y la asamblea ejecutiva, elegida por el Senado tiene acceso a dicha información. – Explicó golpeando con su dedo índice una de las esquinas de su módulo de datos - ¿Por qué quieres dicha información? – interrogó el cincuentón a la joven.
- Empiezo a recuperar parte de mi entrenamiento en la Fuerza. – señaló ella cruzándose de brazos – Y algo va mal. – Señaló encogiéndose de hombros – El proyecto corre peligro, hay un infiltrado; - sentenció con seriedad – un espía imperial. – determinó convencida de ello.
- Eso es una barbaridad. – Negó el científico levantándose incrédulo – Solo un selecto circulo de la República tiene conocimiento, de la existencia de Prometeo… - susurró tras mirar a izquierda y derecha con cierta inseguridad.
- Comprendo tu resentimiento a creer en ello. – asintió la joven levantándose también – Pero lo he sentido, tiene entrenamiento en la Fuerza, poco; pero lo tiene. - explicó señalando al exterior - Sabes que este proyecto en manos del imperio Sith, sería muy peligroso. – Señaló al hombre con preocupación – Haz al menos que se investigue.
- La información está muy segmentada, - indicó él negando con la cabeza - cada uno de los jefes del proyecto solo conocemos los avances en nuestro campo. - esclareció recogiendo el módulo de datos y enseñando a la chica ficheros que ella no entendía - En mi caso la regeneración muscular debida al ADN Noghri utilizado en el suero. - explicó señalando partes de un informe - Cada uno guarda su investigación en diferentes laboratorios, creando una cadena a la hora de fabricar el suero; - suspiró encogiéndose de hombros - Baher crea la base, que recalcifica los huesos del sujeto y la envía a mi laboratorio, allí yo añado mi especialidad y después; lo envío al tercer y último laboratorio, en el que lo refina el doctor Azhok, con su investigación sobre la regeneración de tejidos vivos; - ladeó la cabeza levemente - desde órganos internos hasta globos oculares. - suspiró volviendo a encogerse de hombros - Si alguien desease desarrollar el suero, debería acceder a la información de los tres laboratorios; - se aclaró la garganta - y eso es imposible, quien tiene acreditación para uno, carece de ella para cualquier otro.
- Es posible que vayan poco a poco, - explicó asintiendo con una sonrisa - puede que incluso sean varios y se infiltre uno al tiempo que extraen al anterior, - dilucidó acariciando su barbilla mientras meditaba sobre ello - buscando estar más cerca de los datos que requieran.
- Solicitaré un grupo de investigación a Coruscant. – asintió el hombre mesando su barbilla con la zurda.
- Pero hazlo de manera prudente. – Concretó con un susurro – Que nadie se entere, sobretodo el destacamento de seguridad; - explicó con un tono de certeza en su voz – son los únicos que pueden salir y entrar del complejo cada determinado tiempo, - razonó al ver la cara de interrogación del científico – eso facilitaría al espía informar a sus superiores sin llamar la atención. – Resolvió apoyando una mano en el brazo del hombre – Recuerda ser discreto, nuestras vidas y el proyecto dependen de ello. – sentenció saliendo del despacho, camino al gimnasio.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:42

Pasó un largo mes y era largo no por su duración, que era la estándar instaurada por la República según sus estudios, sino por lo aburrido que era todo en aquel cada vez, más diminuto laboratorio secreto. Secreto claro, no podía evitar sonréir como una boba cuando pensaba en aquella palabra y en aquel lugar. Desde que se levantaba hasta que llegaba la hora de comer, dedicaba su día a mantenerse en forma, los milagros del suero Prometeo dejaron su relevo al ejercicio duro y la meditación que aun sin ser tan efectivos, lograban en ella una amplia satisfacción personal que las inyecciones no conseguían. Después, tras una gratificante ducha y la nutrición adecuada – la cual G-31 siempre se aseguraba no olvidase – se recluía en su dormitorio con un módulo de datos y estudiaba.

Aquello era extraño, las funciones más básicas las tuvo desde que despertó hacía ya casi dos meses, sabía hablar correctamente, leer, incluso realizar cálculos matemáticos sencillos, todo lo aprendido durante su estancia en el templo Jedi estaba en su mente retenido. Sabía lo que era la familia, los amigos, sin embargo no era capaz de saber quien era, cuantos años tenía o donde había nacido. Desde luego, la amnesia era algo misterioso y difícil de entender, por suerte para ella, tenía la Fuerza.
Cualquier adolescente encerrada en aquel lugar, hubiese dedicado su tiempo a otras cosas, quien sabe, a lo mejor simplemente se hubiese puesto a mirar el océano y nada más. Pero ella quería estar al día, quería saber que había pasado durante todo ese tiempo, aquellos diez años aunque ella hubo estado postrada en una cama, la galaxia continuó en movimiento, los Sith, los Jedi, la República. Quería conocer todo lo posible de los acontecimientos acaecidos para cuando llegase el momento, para cuando saliese de esa instalación.

Hrëdon bromeaba algunas veces sobre la capacidad de concentración que tenía, según él, si el senado no le permitía regresar con los Jedi, sería una gran científica.
Pero la joven no estaba para bromas, con el paso de los días, cada vez le era más difícil bloquear las sensaciones que le mostraba la Fuerza. Sobretodo durante la meditación. Había sentido la presencia oscura dos veces en aquel mes y, en ese momento estaba allí... Cerca.

Las tropas de la República llegaron hacía dos días, un oficial de contra-inteligencia viajó desde Coruscant y una vez llegó, reforzó la seguridad del complejo con cinco soldados más, además de los guardias del Senado que le acompañaban; también bloqueó las comunicaciones con la base en la superficie y canceló todos los cambios de guardia temporalmente, al menos mientras realizase su investigación.
El comandante del que nadie sabía más que su apellido, se mostraba bastante desilusionado con su misión, no creía que la amenaza fuese real, según su opinión no era más que una fantasía de una mocosa sabihonda. Hasta que tres días después, sucedió; la instalación perdió presión en seguridad y apenas dos minutos después las fuerzas de la República al mando del comandante Arian, peleaban por su vida contra un número desconocido de soldados del Imperio Sith.

Ella salió de sus habitaciones, alarmada por la explosión y los posteriores disparos.
No había más iluminación que las parpadeantes luces rojas de emergencia, sobre los disparos solo se escuchaba la alarma de ataque enemigo que le resultaba cada vez más molesta.

Esquivando los pasillos más amplios, en los cuales se apostaban los soldados de seguridad, caminaba agachada e intentando cubrirse en las esquinas y las barricadas improvisadas por los republicanos. Guiñó un ojo al comandate Arian cuando este la miró durante una fracción de segundo, antes de continuar disparando al enemigo. Y volvió a escabullirse por un pasillo lateral, en busca del doctor Hrëdon.

- ¡Doctor! - gritó al comunicador que había al lado de la compuerta del laboratorio del científico - ¡Abra la compuerta! - indicó con un gesto.
- ¡No! - negó él - ¡No hasta que borre todos los datos! - sentenció con cierta pesadumbre en su voz.
- No puede hacerlo, - gruñó la joven golpeando la compuerta – si destruye Prometeo su trabajo... Nadie podrá recuperarse como yo. - musitó lastimosa.
- ¡Mejor que nadie pueda aprovechar Prometeo a que lo posea el Imperio! - gritó el hombre que viendo que el borrado tardaba demasiado, comenzó a destrozar los computadores - ¡Márchate a los vehículos de emergencia! - ordenó con voz resquebrajada – Yo no saldré de este lugar con vida, sería peligroso. - murmuró casi a punto de derrumbarse - ¡Corre pequeña! - señaló cayendo de rodillas en una sala repleta de ordenadores destrozados – Sálvate y haz que valga la pena.

La jedi dudó un instante, aquel hombre era lo más parecido a un amigo, a un padre que había tenido en aquel lugar. ¿Debía dejar que se suicidase?
Sin embargo, tras un momento de reflexión, comprendió que no podía salvarlo, no si él había decidido que no tenía que ser salvado. Retrocedió dos pasos en los que dedicó una mirada de gratitud a su salvador y, empezó a correr.

En el recorrido hacia los mini-submarinos de emergencia pasó por delante de los laboratorios uno y tres, el panorama era similar al que vio con Hrëdon, a diferencia de que ambos investigadores ya estaban muertos, no se paró a observar sus heridas, pero sin duda Azhok había sido ejecutado. No tardó más de medio minuto en llegar a la zona de evacuación, de la que ya habían salido tres mini-submarinos con la mayoría de personal civil y militar a bordo, aunque los disparos continuaban.

Sonrió al ver la compuerta de uno de los vehículos abierta, su carrera se convirtió en un caminar acelerado, ya estaba fuera, por fin iba a salir de aquel lugar, aunque aquella no era la forma en que lo hubo deseado. A escasos cinco metros sintió un pinchazo en la espalda, clavó una rodilla en el suelo mientras su sonrisa se desvanecía, pero continuó avanzando; otro aguijón perforó su piel, esta vez en su brazo derecho, desvió la mirada para ver lo que parecía ser un dardo, todo el lado derecho del cuerpo se le paralizó parcialmente. Fuese por voluntad o resistencia, la joven jedi, no cesó en su avance, lento pero firme.

Los disparos cesaron y variaron en un ajetreo de blindaje acercándose hacia su posición, sintió un nuevo pinchazo que, por fin la paralizó por completo. Aprovechando el impulso de su caída al suelo, consiguió girarse para quedar boca arriba y la persona que vio no le gustó nada. El comandante Arian no era quien decía ser, al igual que los soldados del Senado; el hombre le guiñó el ojo con una sonrisa granuja y entonces, la noqueó.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:44

PROMETEO: CAIDA EN LA OSCURIDAD


Despertó en una caverna, su cuerpo colgaba de sus brazos encadenados, bajo sus pies, había un dispositivo que irradiaba un haz de luz azulado que le impedía moverse. Estaba atontada, tenía la boca seca, como si se hubiese comido un puñado de arena; aunque aquello no era ninguna molestía, no comparada con la sensación que le daba aquel lugar.
Hacía calor, incluso en aquella cueva tan profunda, pero no podía dejar de temblar, de sentir escalofríos recorriendo todo su cuerpo. Ese sitio estaba marcado por el lado oscuro de la Fuerza y, únicamente podía estremecerse ahí colgada.

Frente a ella, a varios metros de distancia un hombre encapuchado hablaba con Arian; aquel maldito traidor. Al parecer no parecían haberse dado cuenta de que había despertado, lo cual era bueno, o eso creía ella. Aun mareada se concentró para intentar amplificar su oído y poder escuchar la conversación de esos dos, le costaba mucho esfuerzo hacerlo, el lado oscuro ahogaba su inexperto control en la Fuerza, obcecada con lograr algún dato de utilidad comenzó a sangrar por la nariz y los oídos... Pero lo consiguió.

- Debe tomar precauciones lord Maldish. - dijo Arian al hombre encapuchado – Tuve que disparar tres dardos a esa niñata antes de conseguir paralizarla... - inquirió apoyando una de sus manos sobre la pistola blaster que descansaba en su cadera.
- ¿Y eso tendría que sorprenderme cazador de recompensas? - preguntó su enigmático interlocutor mientras caminaba alrededor de una estatua extraña, su acento era siniestro y encantador.
- Teniendo en cuenta que uno solo de esos dardos tumbaría a un gundark... - suspiró al tiempo que ladeaba la cabeza - ¿Si?
- Mi iletrado amigo, - replicó el lúgubre individuo volviéndose hacia el cazarrecompensas, aunque no le veía la cara, por el tono de voz seguramente sonreía – un jedi puede mostrar inusual resistencia a las drogas sintéticas, incluso a heridas que matarían a un ser... Inferior. - gesticuló con parsimonia mirando en dirección a donde se encontraba ella.
- Jedi... - Arian resopló con desdén – No es mas que una cría asustada, lord Maldish. Ya hemos averiguado que el suero no está en su sangre, - agitó la mano con aversión tambien en dirección a ella – sería mejor matarla y acabar de una vez.
- No... - la capucha del hombre se agitó cuando este negó con la cabeza – Subestimas a nuestra querida invitada, cazador de recompensas... - señaló hacia la joven que fingió estar inconsciente – Nuestra invitada lleva un largo rato despierta; - informó al hombre avanzando hacia ella con calma – esta... ¿Como la has definido?
- Cria asustada. - indicó con repugnancia Arian.
- Si... - asintió el encapuchado – Esta cria asustada ha usado sus poderes jedi para escuchar nuestra conversación. - acarició la cara de ella limpiando la sangre que brotaba de su nariz y por fin pudo ver que sonreía, solo sus dientes amarillentos y una perilla blanquecina se vislumbraban bajo la capucha – Una muestra de habilidad impresionante para alguien sin apenas entrenamiento. - musitó ladeando la cabeza.
- Me hubiese impresionado, si hubiesemos estado mucho más lejos. - asintió el cazarrecompensas con desagrado un segundo antes de volver a noquearla.

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