Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Hace tres mil años, en una galaxia lejana, muy lejana...

Moderador: elric1981

Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:47

Un escalofrío recorrió su espina dorsal y volvió a despertar alterada, de un brinco se puso de cuclillas y así se percató de que ya no estaba sujeta en aquel aparato. No. Ahora se encontraba en una celda, las paredes eran de roca natural, roca oscura, casi negra. Continuaba sintiendo aquella maldad, que se cernía sobre ella desde todas partes, como si desease devorarla y arrastrarla con ella. La compuerta si estaba manufacturada y muy bien.
Al menos logró enterarse de algo, aunque era obvio que ese tal Maldish lo había permitido por algún extraño motivo.
Era un hombre siniestro, de un metro sesenta más o menos, aunque iba encorvado, así que posiblemente fuese más alto. También caminaba con cierta difícultad, como si fuese un decrepito anciano, no obstante, juraría que era fingido. Su acento, aquella forma de hablar era encantadora, pero escondía cierto tono pérfido que al menos a ella, le hacía estremecerse.
De Arian solo pudo sacar en claro dos cosas, le encantaba noquearla y odiaba a los jedi, quería verla muerta; tarde o temprano ese sería su destino y probablemente a manos de ese cazarrecompensas de casi dos metros.

No tenía modo de saber cuanto tiempo había pasado inconsciente desde el ataque al laboratorio. Podían haber sido horas o días, tal vez hasta semanas si resultaba ser cierto que uno solo de aquellos dardos podían abatir a un gundark. Tampoco sabía donde estaba, hacía calor, incluso en las profundidades de aquella cueva, podía estar en cualquier parte dentro de las fronteras del Imperio Sith.
Se arrodilló en el medio de aquella celda y apoyándo sus manos sobre sus piernas cerró los ojos. Respirando profundamente, intentó dejarse llevar por la Fuerza, sentír aunque fuese un poco de la calida y reconfortante sensación que le obsequiaba la meditación. Pero no hubo tal calidez.

- ¿No puedes sentir tu vivificante lado luminoso, pequeña?

Abrió los ojos sorprendida, no había logrado percatarse de su presencia, ni siquiera en plena meditación. Era aquel hombre. Maldish. Frunció el ceño levemente debido al agotamiento.

- No en este lugar, - respondió poniéndose de pie – pero es algo que tu ya sabías. - indicó acercándose a la compuerta enrejada – Al igual que antes, aun siendo consciente de que os escuchaba, lo permitiste. - sonrió con amabilidad a su captor, lo cual hizo que este emitiese un leve gruñido, molesto – No sé que planeas sith, pero no conseguirás nada de mi. - señaló encogiéndose de hombros – La orden Jedi me cree muerta y la República jamás reconocerá mi existencia, así que si pretendes recibir un rescate...
- Todo lo contrario, mi joven amiga. - interrumpió el lord oscuro quitándose la capucha ante ella, sus ojos eran de color amarillento y su piel grisacea, su pelo estaba perfectamente peinado hacia atrás y era blanco como la nieve – Tu eres mi recompensa. - sonrió con depravación – Serás mi próxima aprendiz, dominarás los secretos del lado Oscuro y lucharás contra tus antiguos hermanos jedi... - señaló con voz afable – O morirás aquí en este lugar. - sentenció cambiando su tono por uno sádico y salvaje que hizo dar un paso atrás a la prisionera.

No hubo tiempo de réplica, así como hubo aparecido, desapareció. Se acercó todo lo que pudo al lateral de la celda para mirar por el pasillo, pero ya no estaba, era como... Un fantasma. Y asustaba tanto como uno.
Tras varios minutos de nerviosismo en los que recorrió en circulos aquel diminuto lugar pudo tranquilizarse; un poco. No pensaba ceder ante aquel hombre, jamás lucharía al lado de los sith contra los jedi; ni siquiera era una padawan cuando la orden le dio por muerta, pero eso no era mas que un título sin importancia, en su corazón, en su espíritu, ella era una jedi. Si debía morir, pues moriría.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:47

Pasaron las horas, los días y nadie bajaba para nada hasta su celda, era complicado mantener la noción del tiempo y cuanto más transcurría este; más difícil le resultaba sentir algún resquicio de luz en aquél mundo cubierto de oscuridad.
El segundo día – o quizá el tercero quien podría saberlo – ya estaba al límite de sus fuerzas, sin agua que beber el calor seco de aquel lugar la estaba matando, poco a poco. No solo tenía sed, también tenía hambre, mucho hambre, aunque era más soportable que la sed.

Se encontraba recostada en un recodo de la caverna, en lo que sería la esquina más alejada de la compuerta, si aquel lugar no fuese una simple cueva y tuviese formas arquitéctonicas. Ya casi desmayada por la deshidratación hizo aparición un pequeño droide ratón, no sabía por donde habia pasado, ni siquiera se hubo fijado en él hasta que estuvo frente a ella. Sobre el droide había una bandejita con un cuenco, rebosante de agua cristalina y una barrita de comida comprimida.
Recogió ambos y se acercó aquel recipiente a los labios, con ansiedad por calmar su sed. Sin embargo, se refrenó un instante, dudando de si debía beber aquel agua tan a la ligera. Podía ser un truco de aquel sith para volver a drogarla o aun peor, envenenarla por haber aguantado todos aquellos días sin suplicar ayuda.

- Bebe.

La joven se agitó sorprendida y parte del agua cayó al suelo, ella suspiró algo importunada por haber derramado el líquido elemento.

- Es solo agua, - continuó explicando el hombre – si has de morir, lo harás luchando, jovencita. - sonrió con cierto sadismo – No envenenada en una profunda celda.
- Tu palabra no vale nada para mi, sith... - sentenció ella molesta.
- Oh... - el lord oscuro entrecerró los ojos y suspiró complacido – Siento tu enfado, tu rabia por verte impotente en este lugar. - sonrió aun con más amplitud – Me vas a poner las cosas más fáciles de lo que pensaba. - ladeó la cabeza ligeramente, apoyando su sien izquierda en el enrejado – Estoy encantado; - musitó casi en un susurro - decepcionado, pero complacido por avanzar con tanta rapidez en tu entrenamiento.
- ¡Yo jamás sere tu aprendiz! - sentenció ella con firmeza y a su pesar, mucha ira.
- Lo serás. - afirmó Maldish acariciando las rejas con su mano derecha – Cada vez pierdes más tu conexión con la Fuerza ¿verdad? - preguntó sin esperar respuesta – Tu frustración supera a tu voluntad y eso te enoja. - encogió los hombros y caminó un poco más hacia el centro de la compuerta – Y tu cólera te acerca más a mi de lo que tu crees...

La muchacha bebió del cuenco con determinación, sin mostrar un solo atisbo de duda. Y sonrió a su captor.

- Te aseguro que voy a ponertelo muy difícil, sith. - enarcó una ceja algo mareada por haber bebido tan rápido.
- Mejor, así será más divertido. - estableció el hombre dándose la vuelta y alejándose, seguido por el droide ratón.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:48

Estaba prácticamente dormida – aunque no sabía si era de día o de noche – cuando escuchó un ruido quebradizo, abrió los ojos y se encontró con la compuerta de la celda abierta de par en par, se levantó con cautela y se acercó todo lo rápido y sigilosamente que pudo. Observó el pasillo de la caverna que ascendía y no había nadie, al menos nadie que pudiese ver, el panel de control no tenía energía. Aquello era muy raro. Pero que le cayese toda esa cueva encima sino pensaba aprovechar la oportunidad...

La zona contigua a la celda seguía siendo más caverna que edificación, aunque tenía puntos de refuerzo, era amplia y muy alta, había varias celdas más, todas ellas vacias – al menos de seres vivos. No encontró nada en absoluto que le fuese de utilidad así que decidió comenzar a ascender por aquel único tunel oscuro y tenebroso. Caminaba pegada a una de las paredes de roca, medio agachada y casi evitando respirar, no quería hacer ningún ruido en absoluto, si alertaba al sith o a sus hombres, sería su perdición.

Unas decenas de metros más adelante se le presentó la primera incógnita, frente a ella había tres caminos posibles, todos ellos parecían dirigirse hacia arriba y por lo tanto a la superficie pero, ¿todos conducirían a esta? ¿O se encontraría de bruces en un callejón sin salida?

Si algo estaba claro es que no podía quedarse allí eternamente, tendría que elegir un camino y arriesgarse, a su derecha el camino se retorcía creando una ligera curva hacia la izquierda que daban la impresión casi de invadir el camino central más adelante o de recorrer su misma dirección pero a más altura. El pasillo izquierdo, pese a ascender se perdía en la oscuridad inclinándose hacia la izquierda también, no le parecía la mejor opción; así que, todo quedaba entre derecha o centro. Con una leve sensación de que se arrepentiría de la decisión tomada, empezó a caminar por el tunel derecho, manteniendo su paso sigiloso y semi-agachada.

Tuvo que ocultarse en un recoveco de apenas cuarenta centímetros frente a una intersección, para evitar ser descubierta por un droide de mantenimiento que pasó frente a ella, el droide venía de la derecha y siguió por el mismo pasillo perdiéndose tras la pared de roca hacia la izquierda. Salió de su escondite y aceleró el paso para llegar a la esquina y ver donde se dirigía el droide, pero había desaparecido tras una compuerta de duracero.

No era un camino que desease recorrer, no solo porque el camino se inclinase de manera descendente, sino porque la compuerta se había bloqueado tras el paso del droide. Así pues, tomó el camino de la derecha que seguia ascendiendo y tras unos trescientos metros de escabroso tunel con múltiples pequeñas bifurcaciones que conducían a más compuertas, consiguió llegar a la salida de la cueva. No había nadie, ni siquiera un guardia. Excepto aquel droide de mantenimiento no se encontró a nadie más.
Aquello olía fatal desde luego, pero sería estúpida sino tratase de aprovechar la ocasión para salir de ahí.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:49

Una vez en el linde con el exterior quedó boquiabierta ante la visión del lugar. Estaba en una montaña a muchisima altura, abajo se podía ver la abertura de otra gruta, esa reforzada con vigilancia y varias torretas defensivas, quizá si que había tenido suerte y después de todo aquello no era una trampa. Pero, ahora tenía que descubrir como bajar de allí sin matarse en el intento. Había un pequeño saliente de roca por el que podría pasar de lado, además, a media altura estaba anclada una tubería o algo similar, que le permitiría ser usado como agarre. Tomó aire profundamente y lo exhaló antes de pegarse a la roca todo lo que pudo y empezar a caminar por aquel risco. La montaña acababa apenas cien metros por encima de ella y más adelante habia un par de rocas por las que podría empezar a escalar. Solo tenía que llegar allí, arrastraba los pies con cuidado y mantenía la respiración profunda, sin dejar de mirar al frente, en el horizonte podía ver la roca y la arena que componían el planeta y una estructura enorme, con forma piramidal a varios kilometros enfrente. Bajo la piramide se abría un enorme valle con múltiples estatuas enormes, tan enormes que se veían desde allí.

Llegó a las rocas y se aferró a estas ligeramente angustiada y cansada. Aquel "delicioso" manjar que el sith le había ofrecido como buen anfitrión, se había quedado corto en satisfacer su hambre, pero no era el momento de pensar en comida. Comenzó su escalada con cierta difícultad, lenta y pacientemente llegó hasta la cima y la ligera angustia se convirtió en una profunda desesperación. A un lado estaba aquella piramide que seguramente fuese la base de los sith y allí, frente a ella, tras aquella enorme montaña solo había desierto y rocas. Se dejó caer de rodillas y golpeó la roca bajo sus pies con sus puños, frustrada. Ojala no estuviese sola allí. Un auténtico jedi sabría que hacer, pero ella no.
El sonido de un motor a reacción invadió la zona y la joven se levantó de un salto, preparada para pelear, frente a ella apareció el cazarrecompensas Arian, que se mantuvo en el aire impulsado por su mochila reactora unos segundos antes de apagarla y quedar de pie junto a ella.

- Parece que empiezas a entender que no tienes otra opción, niña... - señaló ladeando la cabeza con cierta incredulidad – ¿De verdad pretendes pelear?

La joven jedi observó con detenimiento por primera vez a aquel hombre, como supuso, su primera impresión era correcta. Como mínimo medía un metro noventa, era ancho de espaldas y probablemente más fuerte que un hombre medio, pese a que ya estaba por encima de los cuarenta, sin duda alguna. Su pelo moreno comenzaba a encanecer, las facciones de su cara eran duras y su armadura – aunque limpia y cuidada – tenía varios remaches, seguramente de heridas sufridas en viejas batallas. Sus ojos azules eran fríos y denotaban la experiencia de un viejo soldado que había decidido dejar a un lado los ideales para venderse al mejor postor; sin embargo, ella era consciente de algo más, a través de la Fuerza sentía el odio que aquel hombre profesaba a los jedi; sin duda ese hombre era un mandaloriano. Había leído sobre ellos en el laboratorio de la República y desde luego, no quería luchar contra uno de aquellos soldados de elite. Pero no tenía otra opción.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:50

Lanzó una patada contra el cazarrecompensas que este bloqueó con el brazalete derecho de su armadura; él, con su puño izquierdo golpeó el estomago de la joven que se encorvó aquejándose ligeramente.
Tardando demasiado en reponerse, esta fue incapaz de esquivar otro ataque, esta vez un derechazo que impactó en plena mandíbula, cayó de rodillas al suelo tratando de apresar el brazo del cazador de hombres, sin embargo, este se dejó agarrar y con una media sonrisa apoyó la mano izquierda en el hombro de la chica. Cincuenta mil voltios recorrieron su cuerpo haciendole convulsionarse y recordar de nuevo aquel momento de hacía diez años, en el templo Jedi.
Durante esos dos segundos que duró, volvió a tener casi ocho años y sintió el mismo miedo que entonces.

Se arrastró por la rocosa cima de aquella montaña sin sitio alguno al que ir, a su lado veía las botas de armadura de aquel cruel cazarrecompensas, pero no iba a rendirse. Jamás. Lanzó una patada a la rodilla derecha del hombre que, gruñó enfadado mientras daba varios pasos atrás, tras la patada, la joven usó el impulso para tratar de correr e incorporarse, pero le fue imposible. Mientras ella trataba de volver a ponerse de pie, Arian ya había apresado uno de sus tobillos con un cable sintético que salió disparado de uno de sus brazaletes, haciendo a la fugitiva caer de bruces contra el suelo.

- Ya le dije a Maldish que eras indomable... - sentenció tirando del cable y arrastrando a la joven por la roca – Demasiados problemas para tan pocos beneficios... - suspiró encendiendo su mochila reactora.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:50

El impulso de la mochila, la arrastró aun más sobre la roca, lacerando sus extremidades y su cara, después voló por el aire, apenas seis segundos, para acabar chocando contra el suelo de manera brusca, rompiéndose probablemente alguna costilla. O todas.
Frente a ella estaba la entrada a la cueva, la principal; con varios soldados de asalto imperiales observando la escena y el sith Maldish frente a ella, sonriendo.

- Lo has hecho bien, jovencita. - indicó el sith caminando alrededor de ella que aun estaba tirada en el suelo – Estuve tentado de mandar a algunos soldados, - explicó con su tono de voz embelesador – pero me temí que los matases y eso te animase a seguir resistiéndote.
- Se...guiré... re...sis...tién...dome... - replicó ella con voz entrecortada por el dolor – Pue...des... - tragó saliva con difícultad y tomó aire - ¡Apostar por ello! - gritó incorporándose realmente furiosa.
- No, querida. - sonrió con amplitud, casi de manera inhumana – Siento tu furia en toda su magnitud... - suspiró y acarició la mejilla ensangrentada de la joven – Úsala para reponerte, mi niña. - determinó apartando un mechón de pelo rubio de la cara de esta – Ya has visto que no hay escapatoria, los sith hemos reclamado nuestro antiguo mundo; tu nuevo hogar.
- Este no es mi hogar... - murmuró dando un manotazo al sith para que no la tocase – Y nunca lo será.
Maldish gruñó – Tanta lealtad a los jedi... - agarró la cabeza de la joven con fuerza y le obligó a mirar a sus amarillentos ojos – Ellos te abandonaron, te dejaron morir bajo toneladas de escombro. ¿Quieres volver con ellos? - preguntó moviendo la cabeza para evitar que la joven evadiese su mirada – Los jedi no te entrenaran para que seas una de ellos, - alegó empujando hacia atrás a la chica y soltando su presa con desprecio – ya no, eres demasiado mayor. Te repudiarán y te abandonarán a tu suerte.
- Mientes...
- sentenció la joven aprendiz con una mueca de odio.
- Sabes que es cierto, - replicó el sih – la filosofía jedi obliga a entrenar a sus aprendices desde corta edad, nunca entrenarían a alguien tan mayor.
- Pero yo ya fuí entrenada... - las cejas de la adolescente se hundían en su rostro, estaba furiosa – Empezaría como una padawan.
- Engañate a ti misma si así lo quieres, amiga mia.
- suspiró encogiéndose de hombros y dando la espalda a la joven – Para que veas que mis intenciones son darte un hogar y una razón para vivir... - sonrió con sagacidad aprovechando estaba de espaldas – Puedes andar con total libertad por aquí, pero debes tener cuidado, los sith valoramos la fuerza y nadie te ayudará si otro te ataca. - volvió a girarse hacia su "recompensa" pero ya no sonreía – Te recomiendo no te alejes de la seguridad de esta cueva.` - señaló al cazarrecompensas - Arian velará por ti, si lo desea... - terminó por decir una vez en el interior de un aerodeslizador y desapareciendo abordo de este en el horizonte.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:51

Transcurrieron varios días, como Maldish había prometido, pasó de estar en aquella pequeña celda de la cueva a una bonita habitación, pese a que los techos y paredes continuaban siendo de roca en bruto, estaba amueblada con bastante buen gusto, el suelo había sido trabajado y pulido, una enorme y cómoda cama presidía una de las paredes, con dos pequeñas mesitas a cada lado, sobre ambas había dos pequeñas figuras de jaspe decorativas, todas ellas representando criaturas humanoides de porte aristocrático, con pequeñas diferencias, como pequeños tentáculos a modo de vello facial. Eran bonitas, aunque ella no las usaría para decorar su dormitorio.
También le dieron ropa y por fín tras a saber cuanto tiempo, pudo quitarse los ya harapientos pantalones y camiseta de deporte que llevaba en el laboratorio del que la secuestraron.
La comida era deliciosa, incluso le enviaron un droide médico que la ayudo a recuperarse. Al parecer según el droide, le quedarían cicatrices en las manos y cara por las heridas sufridas al ser arrastrada por el suelo, no era algo que le importase mucho, no se consideraba atractiva y su interés en las relaciones interpersonales era nulo. Intentó salir en un par de ocasiones de la cueva y dar un paseo por los alrededores pero esa idea abandonaba su mente en cuanto veía aquella mole salvaje que era Arian siguiéndole a todas partes... No le decía nada en absoluto, ni le prohibía ir a ningún lado, pero al parecer se había propuesto amargarle la vida – todo lo que durase – y lo iba a cumplir.

Las dos costillas que se había lastimado en su impacto contra el suelo curaron rápido, mucho más rápido de lo normal. Algo que el droide notifico a su amo cuando este vino a visitarles y que pareció complacer al sith en exceso.
Habían pasado dos semanas, casi tres y Maldish estaba deseando averiguar algo más de su invitada. Aunque fuese de manera forzosa.

- Agradezco tu hospitalidad, sith. - indicó la muchacha tras tragar la comida que masticaba – Admito que me encuentro mucho más cómoda en esa cálida y decorada celda que en la anterior. - sonrió pinchando con el tenedor otro pedazo de carne de su plato – Pero no vas a conseguir que traicione a los jedi. - negó con la mano que sujetaba el cubierto – Tendrás que matarme, pues no pienso servirte... - dictaminó llevándose la carne a la boca.
- Admito que eres tozuda, - asintió el sith con una sonrisa maquiavélica – pero como se te ha dicho varias veces durante tu estancia aquí, - guardó silencio un instante y juntó las manos formando con estas un triángulo, acariciando las yemas de sus dedos – no tienes opción. - musitó ladeando la cabeza y abriendo mucho los ojos.
- No me asustas, ya no, - volvió a negar, esta vez con la cabeza – estudié a los sith durante mi recuperación en aquel laboratorio. - comentó como si mantuviese una conversación con un amigo de toda la vida – No sois de fiar, os traicionáis unos a otros y solo ambicionáis el poder. Matáis, robáis e incluso arrasáis planetas para conseguir lo que quereís. - explicó dándose un respiro para beber – He pensado en ello y prefiero morir a convertirme en alguien así. - continuó tras dejar el vaso, mantenía una postura relajada como si estuviese frente a una persona más y no frente al monstruo sin corazón que había descrito hacia unos segundos – Así que ya no me asustas, estoy lista para morir; no tengo miedo.
Maldish había ido ladeando la cabeza y apoyandola sobre la palma de una de sus manos hasta casi dejarla en horizontal mientras escuchaba a la chica – Lo sé. - sonrió reincorporando la cabeza y volviendo a cruzar sus manos frente a él – Por eso he decidido cambiar de táctica contigo, - declaró mientras Arian aparecía por la compuerta que había detrás del sith - ¿recuerdas cuando mencioné que no envenenaría tu agua? - preguntó ampliando su sonrisa mientras a la joven se le caía el tenedor de entre las manos – Pues no mencioné nada de los somniferos. - sentenció levantándose a la vez que la cabeza de la chica golpeaba la mesa, cayendo dormida.

Arian cargó el cuerpo inconsciente de la joven jedi a su espalda y siguió al sith hasta las habitaciones "especiales" de invitados, lo que un mandaloriano describiría como salas de tortura; pero por supuesto un inquisidor sith era... Demasiado altivo como para mencionar algo de una manera tan vulgar.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 10 Jun 2011, 17:53

Dejo caer – sin ningún cuidado – a la muchacha sobre una plancha de duracero que estaba en posición horizontal y se hizo a un lado. Maldish sujetó con correas a la joven a dicha plancha, por las muñecas, los tobillos, la cintura y la cabeza.

- Sigo pensando que debería matarla, lord Maldish. - declaró Arian apoyado en una pared no muy lejos de allí – Tanto esfuerzo... - suspiró negando con la cabeza y cruzándose de brazos.
- Ultimamente usas demasiado tu lengua, cazador de recompensas. - recriminó el sith dedicando una mirada de reojo al mandaloriano y asegurándose de que la chica estaba bien sujeta – Quizá debería prescindir de tus servicios y buscar a otro que se limite a obedecer y matar, que es por lo que pago.
- Captado, señor. - adujo el cazarrecompensas llevando una de sus manos frente a su boca y haciendo el típico gesto de cremallera.

El lord sith se posiciono tras la cabeza de la jedi, primero agitó su cabeza y respiró profundamente, luego agitó sus brazos varias veces, repitiendo la respiración profunda; finalmente puso una mano a cada lado de la cabeza de la chica con las palmas extendidas. Los ojos del sith se pusieron en blanco durante unos segundos en los que tuvo la boca abierta y su cuerpo en gran tensión. Los globos oculares del sith volvieron a su posición natural, pero su cuerpo se mantuvo tenso durante varios minutos. Tanto que Arian empezaba a impacientarse.

- Ya está. - sonrió el sith apartando las manos de la jedi y caminando hacia una pequeña cómoda, donde había una jarra de agua y varios vasos – Sus recuerdos han sido modificados. - señaló sirviéndose el líquido y bebiendo de este – Me ha costado más de lo que esperaba, - indicó al mandaloriano – tiene una voluntad fuerte, será una sith poderosa; si sobrevive a la academia.
- ¿Sus recuerdos? - preguntó Arian – Creía que no recordaba nada.
- Los recuerdos están ahí, - señaló el lord sith llevando su índice izquierdo a su sien – pero su mente los bloqueó debido al shock. - explicó dándose un segundo para beber agua de nuevo – Yo he desbloqueado y modificado los recuerdos que me interesaban, - sonrió dejando el vaso sobre el mueble - ligeramente. - apuntó con malicia – La mejor mentira es la que se basa en una verdad. - declaró empezando a caminar hacia la salida – Desatala y dejala en su dormitorio, - indicó ya en la compuerta abierta – mientras pasa el efecto de las drogas recordará y, cuando despierte estará más receptiva. - manifestó marchándose.

El mandaloriano, obedeció a su patrón una vez este se hubo ido, con varias muestras de disgusto desató a la muchacha y cargó con esta hasta sus habitaciones, la dejó sobre la cama y la observó unos instantes.
Las cicatrices que marcaban su cara inexplicablemente estaban empezando a desaparecer, dentro de pocos días el recordatorio de que jamás debía intentar agredirle se borraría para siempre. Sonrió jocoso, siempre podría volver a causarle otras heridas nuevas y quizá con suerte, más dolorosas.

Podía acabar con eso ahí mismo, inyectarle una dosis letal de aquel mismo somnifero y dejarla morir. Ni siquiera Maldish podría percatarse de su acción. Pero no había honor en matar a una cría indefensa de tal modo; nunca más podría llamarse a sí mismo mandaloriano si realizase tal acto, así que con un gesto de frustración y odio, se mordió el labio inferior y salió de allí.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 11 Jun 2011, 01:33

Un bebé lloraba envuelto en una manta mientras la mujer que cargaba con él, corría por entre las oscuras y despobladas calles del extraradio, era una espesa y fría noche alderaaní. La mujer, agotada se ocultó tras lo que parecía ser un montón de chatarra desperdigada cerca de un pequeño callejón, las pisadas de al menos una decena de personas cada vez se acercaban más a ella que no podía seguir huyendo. Los haces de luz de las holo-linternas iluminaban como rayos la densa oscuridad de los callejones, cercándo a la fugitiva y su bebé.

La prófuga miró a su bebé con sus ojos amarillos y acarició su cabecita con una sonrisa, era una niña de piel blanca como las tres primeras lunas del planeta y unos vivos ojos verde esmeralda. Una lágrima recorrió la mejilla de la mujer, perdiéndose en la comisura de sus labios.
Sus perseguidores ya estaban allí, pronto la encontrarían y si su pequeña estaba junto a ella, moriría también. Se despidió de su niña besando su frente y tras envolverla en su mantita para que no tuviese demasiado frío, la escondió entre aquellas ruinas. La bebé no lloró más, únicamente miraba a su madre con los ojos vidriosos, pero en silencio.

Corrió a esconderse en otro lugar, saltando y trepando con difícultad por las planchas de metal y piedra que formaban toda aquella morralla. Allí esperó varios minutos, permitiéndose el lujo de descansar levemente; como supuso los hombres aparecieron y se acercaban al escondite de su bebé, fue entonces, en el momento que estuvieron cerca de descubrir a su hija, cuando salió de detras de aquellas mamparas que le resguardaban y corrió, para alejar al peligro de su niña.


La joven aprendiz jedi se revolvió en su cama agitando los brazos, dando un manotazo a una de las figurillas de jaspe que decoraban la habitación que, cayó al suelo, rompiéndose.

El bebé lloró y lloró durante toda la noche y parte de la mañana del día siguiente hasta que, fué encontrada por uno de los chatarreros que deambulaban por aquella zona abandonada de la mano de las familias nobles. Afortunada niña, ya que aquel hombre tenía buen corazón y la llevó a un centro médico, cualquier otro posiblemente la hubiese vendido a algún esclavista.

Transcurrieron varias semanas hasta que fue adoptada por una adinerada familia que la cuidó como si fuese una hija más, dedicándole tanto cariño o más que a sus propios hijos, pues tenián dos varones más mayores.
Pero la alegría no duró demasiado, el cabeza de familia parecía preocupado, una noche hubo entrado en el dormitorio para ver si la niña dormía y se encontró todos los muebles levitando alrededor de la cuna. Ofuscado ante aquella visión, se dio la vuelta para avisar a su esposa y varios de los muebles salieron disparados contra él con gran ímpetu, hiriéndolo de gravedad.


"Alpha" pataleó, estaba cubierta en sudor y sus globos oculares se movían con rapidez bajo sus párpados cerrados.

La madre adoptiva lloraba desconsolada frente a un hombre vestido con una túnica marrón claro y una capa con capucha, marrón oscura. Llevaba un sable de luz a la derecha de su cinturón y consolaba a la mujer como buenamente podía.
Uno de los hijos se acercó a la cuna de la bebé y prácticamente al instante salió disparado contra la pared, quedando inconsciente.
La mujer gritó y corrió hacia su hijo, asustada, creyéndolo malherido o aun peor, muerto. El jedi se acercó al joven y apoyó su mano sobre su frente. Sonrió a la mujer y asintió ante la pregunta que esta le hizo.


Se giró agitada hacia el lado contrario de la cama, quedando bocabajo y con su mano derecha sobre la mesita contraria, con todas sus figuritas aun intactas y un vaso de agua sobre su superficie.

La bebé volvía a llorar, envuelta en la misma mantita que usó su verdadera madre para abrigarle cuando tuvo que abandonarla a su suerte en aquel suburbio. Esta vez era aquel hombre quien cargaba con ella, pero no corría, caminaba hasta una nave de la República. A lo lejos la familia adoptiva al completo, con el padre de familia en una silla de ruedas, era testigo de su marcha. El jedi dejó a la niña en una cuna que había en la pequeña enfermería de aquella nave de transporte y despegaron.

Se incorporó con sorpresa, completamente sudada y despeinada, se miró las manos aun cubiertas por pequeñas cicatrices y observó a su alrededor, estaba en aquella celda-dormitorio sith. Se levantó y vio a sus pies la estatuilla rota, en su interior había un dispositivo electrónico, una especie de microfóno muy avanzado. No tan sorprendida como debería estarlo recogió otra de las figurillas y la estrelló contra la mesita, en esta segunda había una mini-cámara. Debía haberlo supuesto desde el principio.
Se llevó una mano a la garganta que le raspaba una barbáridad, con varias muecas en las que se raspó la lengua contra el paladar, caminó hasta el lado contrario de la cama y bebió parte del vaso de agua, rompió las otras dos estatuillas y juntó todos los aparatos espía. Sentada frente a ellos en la mesa que había al lado contrario de la habitación suspiró.

- Maldish, eres un auténtico barve. - gruñó acercándose a los objetos – Has drogado a la chica equivocada engendro sith, - sentenció furiosa – me da igual que seas un poderoso sith; cuando te vea, pienso partirte la cara. - finalizó alzando una bota sujeta con ambas manos y aplastando con el tacón todos los dispositivos.
Adjany

Re: Star Wars: The Old Republic - Prometeo.

Mensajepor Adjany » 13 Jun 2011, 17:52

El lord sith dejó pasar casi dos semanas hasta que volvió a visitar a la que cada vez, estaba más cerca de ser su aprendiz. En esos días el estado de ánimo de la chica fue variable, aunque, en su mayor parte estuvo doblegada a la rabía y la inquietud, conforme avanzaban los días, su enfado y su impaciencia iban en aumento hasta la noche anterior, que ya furiosa ante las negativas de los soldados y los droides de permitirle ver a Maldish, destruyó al droide de protocolo usando la Fuerza.
Ese fue el detonante, la razón por la que Maldish – gratamente satisfecho – decidió visitar a su invitada.

Junto a él se encontraba su ya habitual acompañante, el mandaloriano Tyrk Arian. Si... Por fín había averiguado su nombre, uno de los soldados lo mencionó en una conversación con uno de sus compañeros.
Al parecer perdió a todo su clan de joven en una escaramuza con los jedi, solo él sobrevivió y desde entonces, se dedica a cazar recompensas, aunque nunca aceptaba trabajos si los buscados no eran jedi. Acabó asociado a Maldish porque sus encargos no acostumbraban a solicitar la posibilidad de llevar a los prófugos vivos.

El rostro de la chica se transformó nada más atravesar la compuerta hacia aquel salón, seguian en la cueva, pero había columnatas de roca oscura, en ellas había esculpidas imagenes de guerreros sith luchando contra sus archienemigos, los jedi. Su paso se aceleró mientras recorría el centenar de metros que le separaban de la pareja que la esperaban en el centro de la estancia. Miraba a ambos lados en su avance, sus fosas nasales se ensanchaban cada vez que expulsaba aire y su boca formaba una sonrisa de satisfacción, por fín había llegado el momento que llevaba tantos días deseando.

- Buenos d...

La joven "Alpha" empujó su mano izquierda frente a ella con la palma extendida y los hombres frente a ella salieron disparados por el aire. Aunque les había pillado desprevenidos, ambos individuos utilizaron sus habilidades para evitar caer, el mandaloriano activó su mochila reactora casi al mismo tiempo que el lord sith extendía sus brazos mirando al techo y comenzaba a levitar.
Arian apuntó a la chica con uno de sus brazaletes y varios silbidos recorrieron el salón que estaba en total silencio, tres dardos disparados casi al mismo tiempo se detuvieron ante la palma de la mano de "Alpha" que fruncía el ceño contrariada, extendió el brazo cerrando el puño y los dardos giraron ante la muchacha que lanzó un puñetazo al aire una vez más, dirigido al cazarrecompensas; los dardos volvieron hacia su propietario con gran velocidad, obligando a este a realizar una maniobra evasiva y bloquear el tercero con su muñequera blindada.

Maldish, ya en el suelo, expuso sus manos frente a él con sus dedos extendidos y unos violentos rayos de Fuerza envolvieron a la jedi, que cayó al suelo de rodillas bramando de dolor. El cazador de recompensas aterrizó y se mantuvo alejado, pero en guardia.

- Tu odio te ha permitido alterar la Fuerza de una manera impresionante, pequeña. – alegó el sith dando a la joven unos segundos de descanso – Sin apenas entrenamiento has conseguido sorprendernos a Arian y a mi. - determinó tras electrocutar unos instantes más a la joven – Sin embargo, no eres rival para el poder del lado Oscuro. - gruñó envolviendo a la chica de nuevo en sus rayos.
- ¡Yo te enseñaré si soy o no un rival! - gritó Alpha irguiéndose con los brazos extendidos, cada una de sus manos señalaba en dirección a uno de ellos y estós empezaron a verse estrángulados – Te lo dije, engendro. - sentenció furiosa, su voz era gutural, casi inhumana – ¡Jamás seré tu sierva!

Pese al estrangulamiento, Maldish continuó electrocutando a la joven jedi sin compasión, su control de la Fuerza le permitió drenar parte de la esencia de Alpha, aumentado la potencia de su poder. La carne de la joven empezaba a quemarse, sin embargo esta no cedía en su empeño, aquel odio era tan intenso... Fueron unos segundos después, cuando Arian consiguió desenfundar su arma y disparar en modo aturdidor en tres ocasiones, cuando la muchacha cayó al suelo inconsciente, cubierta de quemaduras y cicatrices, prácticamente destrozada.

- ¡Te lo dije Maldish! - masculló Arian dando una patada rabiosa a la chica - ¡Te dije que esta cria nos daría problemas! - volvió a gritar pateando una segunda vez el cuerpo inconsciente mientras el sith se acercaba.
- ¿Problemas? - preguntó el lord oscuro arrodillándose frente a la muchacha y examinando sus heridas – Esta joven es puro odio. - suspiró sonriendo complacido - No alcanzo a estimar cuanta rabia contenida tenía esta chica para adquirir tanto poder... - musitó levantándose y pulsando un botón de su comunicador – Por fin, he encontrado una aprendiz a la altura de mis espectativas.
- ¿A la altura? - preguntó el mandaloriano - ¡Casi nos mata! - gritó y señaló atrás mientras caminaba hacia el sith – Si la entrenas, lo volverá a intentar en cuanto tenga una oportunidad y entonces, ¡puede que lo logre! - razonó mirando de reojo a la chica, para asegurarse que seguía ahí.
- Durante treinta años he entrenado a dieciséis sith, - relató el inquisidor mientras por una compuerta aparecían varios soldados y un droide médico – todos ellos fueron esclavos en manos del concilio, - explicó sin dejar de caminar hacia la salida – se les entrenó en el camino del lado Oscuro aquí en Korriban, pero ninguno superó el entrenamiento. - determinó, no mostraba tristeza por ello, sino vergüenza – Esta vez, mi chica podrá con todo, - afirmó girándose hacia Arian y señalándole – puede que ni sea una esclava como mis anteriores alumnos, - suspiró mirando a la joven desde lejos, orgulloso – o como lo fui yo... - dictaminó dándose la vuelta y marchándose de allí.

Volver a “Relatos y rol en SWTOR”

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado